Damas de acero naval | Rumbo a la mar de la historia
Por Betty Judith Ramírez Chaparro
19/08/2026.- La primera singladura femenina en la Escuela Naval de Venezuela. Fecha de embarque: 19 de agosto de 1979.
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Alcanzado el primer escalón de nuestra travesía al superar los rigurosos exámenes de admisión, 54 aguerridas damas trazamos el rumbo definitivo para convertirnos en artífices de la historia naval venezolana, justamente hace 47 años. Con la firme determinación de surcar mares desconocidos para la mujer venezolana, iniciamos nuestras primeras singladuras para forjar la carrera naval en la cuna de los hombres y mujeres de mar. ¡Aquel trayecto, pleno de desafíos e incertidumbres, se convirtió desde ese instante en nuestro verdadero norte de navegación!
El 19 de agosto de 1979, un día domingo, cruzamos el portalón principal de nuestra alma mater flanqueadas por el orgullo y la nostalgia de nuestros familiares. Con el toque del rol de maniobra nos concentramos junto a los varones en el teatro para recibir la bienvenida del director de la Escuela Naval, contralmirante Jesús Alberto Taborda Romero, acompañado por la plana mayor, comandantes de compañía y pelotones, y demás oficiales y suboficiales de planta. Durante la ceremonia, el director proclamó que aquel día se asentaba en la bitácora del instituto un hito histórico de trascendencia continental: la incorporación de las primeras cadetes femeninas.
Finalizada la salutación, abandonamos ese recinto en formación hacia la cubierta principal junto a nuestros comandantes de escuadra. Bajo el mando del TN Francis Loría Méndez, el batallón de casi doscientos aspirantes quedó estructurado estratégicamente en tres compañías, con sus respectivos comandantes: Alpha "A" (TF Rafael Casadiego Toro) y Bravo "B" (TF Carlos Reyes Rodríguez), conformadas por 145 masculinos; y Charlie "C", integrada por 54 pioneras, comandada por la TN (A) Zoraida Elena Rodríguez Marcano y apoyada por el AN Justo Flores. Esta última fue desplegada en cinco escuadras comandadas por los guardiamarinas Luis Ricciuti Palombaro, Guillermo Hernández Dorestes, Ángel Rodríguez Fuentes, Julián Salazar López y Giomar Cartagena Nieves.
Formadas en impecable orden por escuadras, nos desplazamos hacia la cubierta principal, donde el ancestral mito marino se manifestó imponente. El dios Neptuno —soberano de las profundidades marinas— cuestionó la audacia de los "terrestres" al osar profanar sus océanos y decretó la decapitación de los 199 aspirantes, la cual fue detenida gracias a una hermosa nereida, encarnada por la reina de la Escuela Naval, quien suplicó clemencia e intercedió especialmente por las damas. Seducido por la nereida, el dios concedió el indulto de la pena capital y condicionó nuestro acceso a su reino a la superación de un insospechado bautizo naval. Neptuno y sus tritones mostraron su intransigencia al ver por primera vez mujeres, considerando un sacrilegio la alteración de los 168 años de tradición masculina, que acababa de ser ininterrumpida, desde la fundación de la Escuela Naval el 21 de abril de 1811.
El severo tributo exigió un desgaste físico extenuante e incontables reverencias. Fuimos obligadas a beber el célebre "jugo naval", que detonó náuseas instantáneas en la formación. Acto seguido, con tijeras implacables, trasquilaron nuestras cabelleras. Aquella escena impactó hondamente a los presentes. Tras gritos, la ingesta de brebajes y el corte de cabello, dejamos atrás a nuestras familias. Abandonamos la cubierta principal trotando con rapidez hasta la piscina, donde fuimos recibidas con un violento chorro de refrescamiento proyectado desde una manguera contra incendios. Nos esperaba la última y más angustiosa prueba: inmersiones forzadas en la piscina, ejecutadas por los cadetes superiores. Al emerger del agua, el reloj marcaba las 12:00 horas y el astro rey alcanzaba su cénit en la bóveda celeste.
Agotadas, impregnadas de cloro, sudor y el sabor amargo del brebaje, comprendimos de inmediato que aquella prueba de fuego había forjado indeleblemente nuestro carácter: habíamos cruzado el umbral del templo naval para convertirnos, con orgullo y sacrificio, en las pioneras indiscutibles de la Armada Venezolana.
¡Hoy, al arribar a un aniversario más de aquella fecha, vayan nuestras felicitaciones a las 54 pioneras navales que ingresaron a la alma mater de la Armada, con especial reconocimiento a las doce aguerridas guardiamarinas que el 5 de julio de 1983 alcanzamos la meta y marcamos un hito imborrable en la historia naval venezolana! Ser parte de esa histórica cohorte de pioneras, vencer cada marea, mantenernos firmes en la derrota y egresar como las primeras oficiales femeninas de Comando de la Armada de Venezuela es un orgullo que perdura en el tiempo. ¡Honor a nuestro temple, perseverancia y legado! Que el buen viento y la buena mar nos sigan acompañando siempre. ¡Bravo Zulú!



En la primera ilustración, se aprecia a las cadetes aspirantes Ysmelda Briceño, Rosa La Rosa y Luisa García Reyes. En la segunda, están las cadetes aspirantes de la Compañía Charlie en perfecta formación
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