Letra invitada | El turista de la descolonialidad
Crónica de un naufragio epistémico
Por Carmen Teresa Barrios Velázquez*
22/08/2026.- En los pasillos de la academia global, existe una figura tan prolífica como volátil: el intelectual que ha hecho de la "decolonialidad" una marca registrada, un brand de exportación que se consume con café orgánico en las facultades del norte global. Ramón Grosfoguel, autoproclamado oráculo de las luchas del sur, se ha convertido, en los últimos tiempos, en el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando la teoría se desconecta de la praxis y se transforma en un ejercicio de narcisismo retórico.
Durante años, Grosfoguel se dedicó a diseccionar el sistema-mundo, a desmantelar la colonialidad del poder y a erigirse como el guardián de las esencias subalternas. Sin embargo, su reciente metamorfosis hacia un crítico feroz del proceso revolucionario bolivariano revela una paradoja fascinante: el hombre que enseñó a desconfiar de las "epistemologías del norte" ha terminado aplicando, con una precisión casi quirúrgica, los mismos marcos de deslegitimación que utiliza el imperio contra los pueblos que resisten.
Es, cuando menos, irónico observar a un académico que, desde la comodidad de su escritorio, invita a las comunas —esas mismas que han resistido el asedio, el bloqueo y la injerencia— a la insurrección contra su propio Ejecutivo. Resulta pedagógicamente cómico: el teórico que jamás ha tenido que lidiar con la gestión de un consejo comunal, ni ha sufrido el impacto real de una medida coercitiva unilateral, se siente con la autoridad moral de decirle al pueblo venezolano cómo debe organizar su resistencia. Es el clásico "atraco epistémico": se roba la terminología de la lucha de clases, se le da un barniz académico sofisticado y se vende como una verdad revelada, ignorando olímpicamente que, en Venezuela, la lucha no es una nota al pie de página en una revista indexada, sino un ejercicio de supervivencia cotidiana.
La postura de Grosfoguel hoy recuerda a aquellos exploradores del siglo XIX que llegaban a tierras desconocidas, tomaban notas sobre el comportamiento de los "nativos" y regresaban a Europa para publicar tratados sobre cómo debían vivir esos pueblos. La diferencia es que, en este siglo, el explorador no usa casco de safari, sino un léxico posmoderno cargado de términos como "giro decolonial" o "interseccionalidad", mientras intenta dictar cátedra a una nación que, con sus aciertos y errores, ha decidido, en ejercicio de su soberanía, no seguir el manual de instrucciones que él, desde su púlpito externo, pretende imponer.
Para los investigadores de la Universidad de las Artes (Unearte) y los futuros doctores de la República, la decisión de retirar la cita a Grosfoguel no es un acto de censura; es un acto de higiene académica. Es la constatación de que un pensamiento que no sirve para defender la autodeterminación de los pueblos, sino que se alinea con la narrativa de quienes buscan fragmentar la arquitectura social del chavismo, ha dejado de ser una herramienta de liberación para convertirse en un ruido estéril.
En conclusión, el caso Grosfoguel es una lección magistral para la academia venezolana: nos enseña que el intelectual que se abroga la voz de los pueblos sin haber compartido su barro, su hambre y su victoria, termina siendo, inevitablemente, un turista de la historia. Y, como todo turista, su opinión suele ser tan pintoresca como irrelevante para quienes, día a día, construyen la patria con las manos, y no con citas bibliográficas.
* Mujer soberana. Referente nacional cultural. Pintora y muralista. Doctoranta del Programa Nacional de Formación Avanzada de la Universidad Nacional de las Artes Experimentales de Venezuela.
Etiquetas
Compartir













