Punto y seguimos | Por la humanidad y contra el tecnofascismo mundial
Por Mariel Carrillo García
El primer cuarto del siglo XXI nos encuentra evidenciando el cambio de manos y de forma de las élites que ejercen el poder mundial. El alzamiento de un grupo de multimillonarios empresarios de la tecnología, es una de las principales amenazas a la humanidad en su sentido más amplio. La lógica de esta minoría perversa es la de unos “nerds” fanáticos que han soñado y ejecutado a paso firme la construcción de un mundo donde la tecnología moldea y define el comportamiento humano, con las masas adormecidas, sin pensamiento crítico y felices en su burbuja esclavista, mientras ellos controlan, vigilan y operan sobre los Estados, quienes dejan de ser garantes de derechos comunes para convertirse en cómplices de la entrega de los datos ciudadanos, a los cuales empiezan a vigilar de manera malsana, con su propio dinero de impuestos o recursos, que se pagan a estos empresarios y sus compañías.
El caso emblemático de este tecnofascismo lo encarnan Peter Thiel y su compañía Palantir (si, una interpretación corrompida de un homenaje a Tolkien y su obra el Señor de los Anillos); cuyo manifiesto publicado en abril de este año, defiende la superioridad militar y tecnológica a través del uso de la IA. Thiel y su combo de magnates de Silicon Valley, seguros además del daño ambiental que sus tecnologías requieren, han realizado una búsqueda por los países que poseen o bien los recursos o bien la suerte geográfica de una probabilidad alta de sobrevivir a guerras nucleares y desastres naturales (Argentina, Nueva Zelanda) con el fin de instalar sus búnkeres post apocalípticos. Parece ciencia ficción, pero es nuestra realidad. Un artículo de Julián Varsavsky en el diario argentino Página 12 explica bastante bien estos delirios de la tecnoderecha y describe la construcción de “soluciones arquitéctonicas” demenciales en territorio argentino, con inversiones millonarias que garantizan la supervivencia de sus dueños en escenarios de este tipo. La gran pregunta es ¿cree usted que si no tuvieran seguridad de que estos desastres son factibles y además cercanos en el tiempo, se molestarían en invertir en ello?
El desastre climático es una realidad, y quienes mandan en el mundo no están dispuestos a detener su participación en la destrucción de la naturaleza, de hecho la alaban y justifican, mientras construyen espacios de salvación para los elegidos, y apuntan a la colonización del espacio. No es un delirio de ficción, estamos viviendo al borde de una guerra nuclear propiciada por esta misma gente, que desea (y trabaja por) que desparezcan los estados y con ellos la poca simulación de igualdad o reglas claras de convivencia para la humanidad, y si en el camino se elimina a unos cuantos millones de personas, es un costo que están dispuestos a pagar.
¿Qué podemos hacer “las masas” ante esta realidad que nos negamos a aceptar? ¿Cómo se lucha contra lo que se nos vende como progreso y felicidad? La defensa de la humanidad debe pensarse y ejecutarse. En Argentina, un grupo de activistas denominados Yihad contra las Corporaciones de la Distracción (YCCD), disfrazados de Gandalf (el mago del Señor de los Anillos) protestó frente al edificio que Thiel compró en Buenos Aires, con una pancarta que ironizaba sobre el fanatismo del magnate por la obra de Tolkien “You shall not pass (no pasarás), la concha de tu madre” y logró darle la vuelta al mundo con su mensaje emancipatorio de la tecnología como elemento de dominación. Es apenas una chispa, pero los manifiestos de este grupo distan de ser vacuos o carentes de argumentación. La parodia fue una forma de llamar la atención, pero el mensaje es claro: alerta, que nos están jodiendo. Como diría el Indio Solari, es hora de despertarse, queridos.
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