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Micromentarios | De paseo por el diccionario

Por Armando José Sequera

25/08/2026.- Los diccionarios son, como sabemos, libros donde se reúnen, en orden alfabético o ideológico, las palabras de un idioma o una ciencia.

No es cierto que contengan todos los vocablos. Como las lenguas son dinámicas, no recogen de inmediato los nuevos términos que se van creando o adoptando de otros idiomas. De hecho, sus autores esperan que estas palabras se consoliden o debiliten antes de incorporarlas. Sí se encuentran las que son más comunes para los hablantes de ese idioma.

El uso de los diccionarios es indispensable para redactar con corrección. Por lo general, da pereza asomarse a ellos, pero esta es una sensación que hay que vencer, a menos que queramos pertenecer a la masa neoanalfabeta que, aunque sabe hacerlo, rara vez lee o escribe.

En español, el diccionario más conocido es el que prepara y edita la Real Academia Española de la Lengua, por cuyo interior invitamos a realizar un corto paseo, con paradas al azar, para descubrir palabras desconocidas. Nos detendremos en las letras a, b, c, d, f, g, l, n, o, p, s y z.

Agibílibus. Parece una cualidad física, pero es la habilidad, el ingenio o la picardía para desenvolverse en la vida y resolver problemas cotidianos.

Balumba. Aunque suena al apodo de un individuo afroamericano, es el bulto que conforman muchas cosas juntas.

Cogujón. Quienes dormimos en camas, por mucha higiene que tengamos, lo hacemos siempre rodeados de cogujones. Así se llama cualquiera de las cuatro puntas o bordes que tienen los colchones y las almohadas.

Doncellueca. Suena a insulto y lo es: alude a una doncella de edad avanzada.

Fúrfura. No es un color, sino el nombre que se da a cada una de las laminillas epidérmicas que, en forma de escamas, se desprenden de nuestra piel y forman galaxias en los rayos de luz.

Gelasino. Es algo que todos enseñamos al reír. Este sustantivo designa a los dientes delanteros que se descubren en nuestra boca cuando reímos.

Limerencia. Estado mental involuntario de atracción obsesiva hacia otra persona, en el que se anhela correspondencia.

Nefelibata. Persona que anda por las nubes, soñadora y distraída, que no se entera de la realidad.

Ortoepía. Aunque luce como el nombre de una enfermedad, lo es de la pronunciación correcta. Gracias a que en español todas las letras tienen un valor neto, no ocurre lo que en otros idiomas, en los que un mínimo cambio en la pronunciación puede conducir a otro significado. El ejercicio más recomendable para dominar la ortoepía es la lectura en voz alta.

Pediluvio. Esta palabra, hoy poco usada, se refiere a un tipo de terapia milenaria: el baño de pies con fines medicinales.

Serojas. Su significado es similar al de serojos. Las serojas y los serojos son las hojas secas de las plantas perennes de los países fríos, que caen de los árboles en otoño.

Zahorí. Persona a quien se atribuye la facultad de ver lo que está oculto.