Terremotos de gran magnitud exponen la vulnerabilidad de los pueblos
urgente reforzar los sistemas de prevención y gestión de riesgos para evitar catástrofes
25/08/26.- En lo que va del 2026, se han registrado 92 terremotos con magnitudes superiores a 6, cifra que reafirma la condición de la Tierra como un sistema dinámico en permanente reacomodo tectónico impulsado principalmente por la tectónica de placas y la convección del manto, provocando la formación de montañas, la actividad volcánica y los terremotos.
Aumento de la actividad sísmica
Hasta el presente, se han registrado al menos 11 terremotos de magnitud 7.0 o superior en distintos puntos del planeta, de acuerdo con datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) y el Centro Sismológico Euro-Mediterráneo.
En consecuencia, 2026 se encuentra por encima del ritmo registrado durante el mismo periodo de 2024 y 2025, aunque todavía está muy por debajo de años particularmente activos, como 2010, cuando ya se habían registrado 19 terremotos de magnitud 7 o más.
Expertos meteorólogos explican que, aunque este año ha tenido varios eventos sísmicos importantes, no existe evidencia de que la actividad sísmica mundial esté aumentando de manera permanente. Conforme señala el USGS, los terremotos son provocados principalmente por el movimiento de las placas tectónicas, las cuales en algunos puntos pueden quedar trabadas por la fricción. Cuando la presión acumulada supera esa resistencia, ocurre una ruptura y se libera energía en forma de ondas sísmicas.
En este sentido, el servicio geológico estadounidense advierte que es normal que haya años con más o menos terremotos fuertes. Una variación temporal en la actividad sísmica forma parte de los patrones naturales del planeta y, por sí sola, no significa que esté por ocurrir un terremoto de mayor magnitud.
Episodios de menor a mayor magnitud
- Malasia, 22 de febrero. Un terremoto de magnitud 7,1 Mw tuvo epicentro cerca de Kota Belud, en el estado de Sabah. La profundidad alcanzó los 629 kilómetros, lo que resultó clave para que no se reportaran víctimas fatales ni daños graves. Fue el primer gran sismo del año y uno de los más profundos de la lista.
- Venezuela, 24 de junio. El primer sismo de Venezuela este año en Yaracuy, San Felipe, alcanzó los 7,2 Mw y formó parte de la secuencia más destructiva del año. Su profundidad, de 10 kilómetros, y la intensidad máxima de IX lo asociaron directamente al desastre humanitario registrado en la región.
- Perú, 20 de agosto. Un terremoto de magnitud 7.2 Mw sacudió la región andina de Ayacucho, en el sur del país. Según el Instituto Geofísico peruano (IGP), el movimiento tuvo su epicentro a 35 kilómetros al norte de Coracora, a una profundidad de 108 kilómetros, alcanzando una intensidad de III-IV. Las autoridades peruanas descartaron la posibilidad de tsunami.
- Vanuatu, 30 de marzo. El sismo frente a la costa de Sanma, en las cercanías de Luganville, marcó una magnitud de 7,3 Mw y una profundidad de 120,6 kilómetros. La intensidad máxima fue de VII y no causó víctimas mortales, confirmando la influencia de la distancia al núcleo urbano y la profundidad sobre el impacto.
- México, 17 de julio. Un terremoto de 7,3 Mw sacudió la costa de Chiapas, cerca de Puerto Madero. El epicentro estuvo a 22 kilómetros de profundidad y la intensidad máxima fue de VII. El movimiento se sintió en Guatemala y El Salvador, pero no se informaron muertos, solo dos personas heridas. La capacidad de respuesta mexicana evitó mayores consecuencias.
- Indonesia, 1 de abril. Un terremoto de 7,4 Mw golpeó la costa de Molucas del Norte, cerca de Bitung, a 35 kilómetros de profundidad. La intensidad máxima fue de VIII y dejó una víctima mortal, además de daños en viviendas y construcciones.
- Japón, 20 de abril. Un sismo de 7,4 Mw ocurrió frente a la costa de Sanriku, en Miyako, prefectura de Iwate, a 25 kilómetros de profundidad. La intensidad máxima fue de VI, no se reportaron muertos pero sí seis personas heridas y se activaron alertas de tsunami, aunque finalmente no hubo consecuencias mayores.
- Colombia, 10 de agosto. El terremoto de 7,4 Mw sacudió San José del Palmar, Chocó, a 107 kilómetros de profundidad e intensidad máxima de VIII. Hasta el momento, se confirmaron más de 240 víctimas mortales y numerosos daños materiales, lo que lo coloca entre los eventos más graves del año para Sudamérica.
- Tonga, 24 de marzo. El mar abierto de Vava’u y la ciudad de Neiafu fueron el epicentro de un sismo de 7,5 Mw, con una profundidad de 229,5 kilómetros e intensidad máxima de V. No dejó víctimas mortales y muestra cómo incluso magnitudes altas pueden resultar inofensivas si el sismo ocurre lejos de la superficie y de poblaciones.
- Venezuela, 24 de junio. Un terremoto de 7,5 Mw sacudió la costa de La Guaira y Catia La Mar. El sismo ocurrió a solo 10 kilómetros de profundidad, con una intensidad máxima de IX y un saldo de 6.301 víctimas mortales, el más alto del año. Fue parte de una secuencia sísmica que incluyó otro sismo de 7,2 Mw en Yaracuy, San Felipe, apenas 39 segundos antes, con igual profundidad y la misma intensidad máxima. Las víctimas de ambos eventos se suman en el balance de la emergencia venezolana, considerada la más grave de 2026.
- Filipinas, 7 de junio. Un sismo de magnitud 7,8 Mw impactó la costa de Mindanao, en la región de Soccsksargen, a 57 kilómetros de profundidad. Alcanzó una intensidad máxima de IX, dejó 107 víctimas mortales, provocó derrumbes, deslizamientos y un tsunami de alrededor de un metro en algunos sectores. Fue el terremoto más fuerte de 2026.
Urge profundizar sistemas de monitoreo y gestión de riesgos
Como puede observarse, el impacto de los eventos varía de acuerdo a la profundidad del foco y la cercanía con centros poblados, lo cual hace imperativa la generalización de sistemas de alerta temprana, sobre todo en las regiones de mayor vulnerabilidad donde el fortalecimiento de la cultura preventiva, sumado al equipamiento de los cuerpos de primera respuesta, resultaría determinante para evitar que la inevitable actividad geológica del planeta derive en una tragedia para la comunidad.
La magnitud tampoco determina por sí sola la gravedad de una catástrofe. La profundidad, la cercanía a zonas pobladas, la vulnerabilidad de las construcciones, las características del terreno y la capacidad de respuesta pueden hacer que terremotos de fuerza similar tengan consecuencias completamente diferentes.
La recurrencia de estos devastadores sismos en Venezuela, Colombia y Perú, destaca las profundas asimetrías en la capacidad de resistencia entre países, vinculada directamente a la calidad de su infraestructura y preparación institucional. Ha quedado expuesta la vulnerabilidad de las naciones en desarrollo ante los eventos naturales. La capacidad para resistir sacudidas de magnitud superior a 6 está directamente ligada a la calidad de la infraestructura, el cumplimiento de normas de construcción sismoresistentes y la preparación de los organismos de rescate y salud pública.
En el Sur Global la falta de predicción precisa exige priorizar la gestión de riesgos, destinar recursos a la infraestructura sismoresistente, la prevención y la educación comunitaria para evitar que la actividad geológica inevitable derive en desastres sociales mayores, destaca el canal de televisión abierta multiestatal de noticias, Telesur.
Cabe destacar que, en zonas con normativas constructivas deficientes, el riesgo se multiplica exponencialmente, demostrando que la mejor herramienta de defensa sísmica sigue siendo la ingeniería sismorresistente.
Al respecto, expertos y organismos como el USGS coinciden en que, ante la imposibilidad científica de predecir con exactitud cuándo ocurrirá un sismo, la única barrera efectiva contra tragedias es el fortalecimiento de la protección civil; el equipamiento de los organismos de rescate; la aplicación estricta de normas de construcción y los sistemas de alerta temprana.
Límites para la predicción
Un informe técnico del USGS reitera que ninguna institución científica posee la capacidad de predecir la fecha, hora, ubicación y magnitud de un terremoto; de allí que la mayoría de los grandes terremotos ocurren sin señales previas. Ante esta realidad, la investigación geofísica enfoca sus esfuerzos en la mitigación de riesgos y el fortalecimiento de la infraestructura para proteger a las poblaciones.
No obstante, el investigador brasileño, Aroldo Maciel plantea una hipótesis basada en las teorías en torno a la llamada “migración sísmica” o correlación a escala global, según la cual los eventos telúricos no ocurren de manera aislada, sino que responden a un patrón matemático de propagación que permite trazar líneas de probabilidad para estimar futuros movimientos en distintas regiones del planeta tras un período de días.
Dentro de esta teoría, el especialista sostiene que la energía sísmica registrada en un punto geográfico se desplaza por el globo terráqueo, pudiendo dirigir su recorrido hacia zonas distantes o retornar hacia franjas territoriales previamente afectadas. A partir de este método de cálculo estadístico, el investigador emite proyecciones sísmicas tras el registro de un sismo.
Asimismo, Maciel considera que la dinámica terrestre puede verse influida por factores externos, manifestando sus posturas respecto a la intervención humana en la corteza terrestre, el impacto de la extracción masiva de recursos como el petróleo en las capas subterráneas y la posible existencia de armas tecnológicas.
El servicio geológico estadounidense desestima teorías infundadas que relacionan la actividad sísmica con variaciones en el campo geomagnético, erupciones solares o el clima espacial, recordando que los terremotos son impulsados por procesos internos de la corteza terrestre.
Asimismo, aclara que no existe el “clima sísmico”, pues las estadísticas demuestran una distribución equivalente de temblores en condiciones de frío, calor o lluvia.
Con relación a la posibilidad de un megaterremoto de magnitud 10 o superior, los científicos precisaron que la magnitud de un sismo depende directamente de la longitud de la falla. Al no existir en el planeta una ruptura de dimensiones continentales capaz de generar ese nivel de energía, el mayor evento registrado en la historia continúa siendo el terremoto de magnitud 9,5 ocurrido en Chile en 1960.
Conexión entre sismos
Los sismólogos afirman que no existe evidencia científica de que los sismos se agrupen siguiendo ciclos estacionales, ni de que varios grandes terremotos registrados en distintos continentes, o incluso en el mismo, formen parte de una misma cadena de acontecimientos.
"En principio, la respuesta es que no lo hay", afirma Arturo Belmonte, investigador de la Universidad de Concepción (Chile), sobre la posibilidad de identificar un patrón global que conecte terremotos ocurridos en regiones alejadas. Según explica, la inmensa mayoría de los eventos recientes se producen en zonas tectónicamente activas donde los terremotos forman parte del comportamiento normal del sistema geológico.
La sismóloga de la Red Sísmica Nacional española Arancha Izquierdo coincide en el análisis. A su juicio, buena parte de la sensación de que los terremotos se están multiplicando responde a una cuestión de percepción. "Si durante meses no se registra ningún terremoto de magnitud superior a 7, no nos hacemos la misma pregunta", plantea Izquierdo. Sin embargo, cuando varios coinciden en el mismo mes, tendemos a buscar relaciones entre ellos.
La sismóloga estadounidense Suzan Van der Lee, profesora de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad Northwestern, recordaba recientemente, en un comunicado de prensa, que cada año se producen en el planeta alrededor de 15 terremotos de magnitud 7 o superior y unos 150 de magnitud superior a 6. Dentro de esas cifras, aunque no sea frecuente, es perfectamente posible que varios eventos importantes coincidan en una misma semana.
Pero, no hay evidencia de conexión entre sismos distantes. Van der Lee señalaba que los terremotos registrados en un mismo día en Venezuela, Japón y Estados Unidos ocurrieron en límites tectónicos distintos y respondían a procesos geológicos independientes. Aunque todos están relacionados con la dinámica global de las placas tectónicas, no existe una conexión directa entre ellos.
Hasta donde alcanza el conocimiento científico actual, no hay razones que permitan vincular automáticamente terremotos ocurridos en distintas partes del mundo solo porque se hayan producido con pocas horas o pocos días de diferencia, descartando así la existencia de un patrón global capaz de anticipar que un terremoto en un continente vaya a desencadenar otro en otro extremo del planeta.
Lo que sí existe son regiones donde los terremotos son frecuentes, sistemas de fallas capaces de desencadenar secuencias locales y una tendencia humana a buscar relaciones cuando varios acontecimientos excepcionales ocurren al mismo tiempo. Pero, los grandes sismos pueden coincidir en periodos relativamente cercanos sin tener una relación causal entre ellos.
El caso de Venezuela
Donde sí pueden existir conexiones es a escala local. Los dos grandes terremotos registrados en Venezuela con apenas un minuto de diferencia constituyen uno de esos ejemplos. Van der Lee explicaba que ambos podrían considerarse un doblete sísmico: dos terremotos de magnitud similar ocurridos muy cerca en espacio y tiempo, posiblemente dentro del mismo sistema de fallas. El primer terremoto pudo modificar ligeramente las tensiones de la zona y contribuir a desencadenar el segundo.
Incluso en casos separados por más de unos minutos, Belmonte ve motivos para la precaución: "Cuando hay un evento sísmico, en las próximas 24 horas hay que ser cuidadosos", advierte. En casos como el de Indonesia, se pudo observar una réplica hasta dos días después. Según el chileno, cuando una falla libera energía, las tensiones pueden redistribuirse hacia segmentos vecinos ya cargados, favoreciendo nuevas rupturas.
Los expertos insisten en que este tipo de relaciones pueden producirse entre estructuras geológicas próximas, pero no entre terremotos separados por cientos o miles de kilómetros. Además, los terremotos no se distribuyen de manera uniforme por todo el planeta. La mayoría ocurre en zonas donde interactúan las placas tectónicas, incluyendo el Anillo de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica del mundo.
Los científicos continúan monitoreando estos eventos a través de redes sísmicas alrededor del mundo. Sin embargo, los terremotos no pueden predecirse con precisión, por lo que la aparición de varios sismos fuertes en un mismo año no permite determinar cuándo ni dónde ocurrirá el próximo gran terremoto.
Las zonas donde convergen placas tectónicas, como el Anillo de Fuego del Pacífico y el norte de Sudamérica, se mantienen como focos de riesgo. Aproximadamente el 90% de los terremotos de magnitud superior a 6 registrados en 2026 han ocurrido en esta franja de 40.000 km que bordea el océano Pacífico. Por ejemplo, los terremotos de Venezuela (junio) y Colombia (agosto) fueron causados por la interacción compleja entre la placa de Nazca, la Sudamericana y la del Caribe.
Por su parte, el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) enfatiza que los aumentos temporales en la cantidad de temblores corresponden a fluctuaciones geológicas normales. El organismo precisó que la capacidad de detectar un mayor número de eventos responde al despliegue de redes de monitoreo más avanzadas y no a un incremento real en la dinámica del planeta.
LUCILA CONTRERAS / CIUDAD CCS
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