Libros libres | Julio Garmendia, nuestro gran narrador fantástico
Por Gabriel Jiménez Emán
31/08/2026.- Fue necesario que transcurriera el tiempo para que las propuestas que tenían como base la fantasía o la imaginación comenzaran a participar de la conciencia narrativa contemporánea en Venezuela, a fin de conducirla a terrenos propicios a lo lúdico y lo humorístico.
La llamada literatura nacional había estado apegada mucho tiempo al drama de la tierra; un drama social, esencialmente, que había recogido varios postulados del indigenismo para interpretarlos y replantearlos, y cuya maxima expresión se encuentra en Ia novelística de Rómulo Gallegos. Con Gallegos se cumple el ciclo naturalismo-realismo-ideología nacional (en muchos casos intervenido por la ideología populista) que hubo de esperar una renovacion en las obras de José Rafael Pocaterra y Bernardo Núñez para asistir a la superacion de la dicotomia campo-ciudad y dejar libre el terreno a una narrativa de transicion, cuyos postulados se ofrecen en las décadas subsecuentes de los años setenta y ochenta.
Junto a estos escritores (y de otros, cuya conciencia marginada esta a Ia espera de nuevas interpretaciones) se encuentra la figura atípica de Julio Garmendia.
En esta breve nota intentaremos una interpretacion que lo aleje de cualquier código foráneo (lo fantastico, por ejemplo, pudiera relacionarse erróneamente con los rezagos de cualquier vanguardia europea) y nos permita acercamnos al universo de este escritor parco, nacido en una región seca (el estado Lara), que intentó descubrir en esa parquedad un tratamiento literario nuevo para los temas proverbiales de la muerte, la soledad y el amor.
En primer lugar, la austeridad narrativa de Garmendia es casi devastadora. De espaldas a cualquier programa europeizante o latinoamericanista, pretende acercarse a ciertas proposiciones fundamentales: hablar con voz propia en incidir en la interioridad del ser. A tal punto, que Garmendia siente que sus cuentos se hallan en una situacion de exilio nacional, que estos son publicados en Francia, con prólogo de Jesús Semprum. Semprum, por demás, representa a la crítica menos académica y más heterodoxa.
Semprum escribe en Nueva York, en 1925, la nota introductiva de la obra La tienda de muñecos, publicada en Paris en 1927. En esta anota:
Sin zarandajas ni floreos retóricos, su prosa es sobria y clara y su verdadero mérito consiste en exponer sus ideas veladas por un manto diáfano, a traves del cual vemos chispear la malicia. Ello testimonia que Garmendia concibe con claridad y precisión lo que quiere expresar o sugerir, sin la vaguedad o confusión tan comunes hoy en nuestras letras ... La fantasía de Garmendia denota poseer un íntimo orden lógico que le imprime a su producción cierta unidad intrínseca, la consistencia de una obra engendrada en la perseverante cavilación, no fortuitamente concebida en intermitentes devaneos de fiebre literaria".
Tal opinión pertenece a alguien con otra visión de nuestra literatura, que atenta en cierto modo contra las cartillas de los grupos La Alborada y Válvula.
Garmendia, de temperamento ensimismado, vive un tiempo en Europa, y a su regreso a Venezuela, vive en pensiones y hoteles. Precisamente uno de estos hoteles sirve de referente o escenario para su segundo volumen de cuentos, La tuna de oro, publicado 24 años despues del primero, en 1951. Para que un interregno tan grande se haya producido en la línea de una obra, es necesario pensar en el autor como un lento investigador de Ia psique, que deseaba descender a varios niveles anímicos y existenciales para luego darles forma mediante los poderes de la sugerencia poética y de la naturaleza cambiante de lo fantástico. Y cuando el concepto de lo fantástico asoma en los libros de Garmendia, acude también un cúmulo de alegatos que buscan reafirmarlo en la conciencia lectora de la actualidad.
Quedan pendientes el examen de algunos de sus cuentos desde una voluntad de libre interpretación, pero que a su vez no puede descartar el contexto crítico donde la obra de Garmendia se ha producido.
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