Monopunk: figura inclasificable y eterna de la Caracas oscura
En los 90 e inicios del siglo XXI su apodo era conocido en cada calle y esquina
31/08/26.- Explicar la vida de Gabriel Rodríguez (1976-2013), conocido en las calles de Caracas como Monopunk, resulta una tarea compleja, debido a las numerosas leyendas y mitos que se crearon a su alrededor,
Personaje eterno en los conciertos de rock y punk de la capital, durante las décadas de 1990 y 2000, cada esquina de la ciudad guarda recuerdos a través de personas que pisaron el umbral de su adolescencia y en algún momento de sus vidas se toparon con él, que se hallaba rebuscándose para fumar o empinarse una botella de caña u otra bebida alcohólica.
Desde Guatire hasta la Plaza de los Museos, La Candelaria, Sabana Grande, Altamira, entre otras zonas, creció la historia de un hombre incomprendido que vivió a su manera y sin proponérselo, definió a una Caracas oscura, carente de reglas pero dotada de humor, trágicomedias que solo pueden ilustrar los que tuvieron un encuentro particular con él
A 12 años de su asesinato por un arma blanca (se presume que tenía 37 años) en Bellas Artes, la memoria de Monopunk revive y no escapa de comentarios positivos y negativos, que no restan interés en ciertos veinteañeros que se fascinan al escuchar anécdotas de su vida.
Existe un relato titulado Conociendo a Monopunk, publicado en un blog un año antes de su muerte, donde se destacan la difusión masiva de rumores o chismes que afirmaban que había fallecido, lo cual se desmentían una y otra vez, al menos eso lo cuenta el autor de la historia, citando a otro personaje apodado Forro de urna.
"Oí de Forro de Urna, un punketo más auténtico, protagonista de verdaderos cuentos de la cripta por los lados de El Paraíso y Montalbán, que se cayó a botellazos con unos Herman Munsters, se descuidó y lo mataron. Una casta llegaba a su final. 'Marico, apuñalearon a Monopunk', escuché al cabo de un tiempo. ¿Monopunk no estaba muerto? 'Parece que no. Lo volvieron a matar. Por unas piedras'. Yo no lo sabía, pero Monopunk (a diferencia de Forro de Urna, que sí se quedó muerto) es uno de esos carajos que no se mueren. Tipo Fidel Castro. A lo mejor eran cuentos propiciados por él mismo, a lo mejor exageraciones de gente ladillada. El tipo se volvió parte de la mitología urbana; todos habían oido de él, pero las historias eran sincréticas, a veces contradictorias", destacó.
Monopunk y su geografía urbana
La presencia de Monopunk abarcó diversos puntos neurálgicos del centro y este de la capital, ligado estrechamente a los espacios de reunión de jóvenes vinculados al rock y al movimiento punk, tal como un testigo de la época ubica sus recorridos frecuentes y su indumentaria característica.
"Lo ví docenas de veces por El Ateneo, Los Museos, Chacaito, Sabana Grande, Parque Carabobo y La Candelaria. Lo más épico era usar una chaqueta de cuero en el trópico al mediodía. Legendario".
Otro testimonio contextualiza su figura dentro de las dinámicas de grupos urbanos en Sabana Grande:
"La expresión venezolana de la ANARQUÍA CALLEJERA Y PUTREFACTA al mejor estilo de Londres pero con un toque de gaming Huele pega. Vacilé mucho tanto con Monopunk y Rata Seca en el Boulevard de Sabana Grande Yo era del crew Sabana grande, en la época de la guerra Sábana grande-CCCT. No recuerdo si Mono punk amenzaba a gente con una inyección letal pero seguro era una tripa loca para asustar a la gente, ya que dentro de la locura de estos panas de la calle nocturna caraqueña, su cultura musical y su demencia, se destacaron por qué todo el que fue calle en los 90 alguna vez los conoció o compartió algunas palabras con ellos . Por eso son leyendas urbanas y hasta iconos de una cultura".
En los conciertos locales, Monopunk y otros personajes de la calle solían interactuar con las agrupaciones musicales a cambio de acceso a los eventos.
"Con tal de entrar gratis a los toques, Monopunk y Rockolate (a veces también Rataseca) nos ayudaban a cargar equipos.
El sustento diario de Monopunk se basaba en la mendicidad, la venta de cd's y cassettes de bandas de rock y punk, lo que originó relatos pintorescos como el de otro usuario:
"Recuerdo un día por el 2006 que me crucé con él en la plaza la
¿Amado y odiado?
La conducta de Monopunk generó rechazo en los establecimientos comerciales de las zonas por donde circulaba, como un incidente relatado en otro comentario sobre su figura, que ocurrió en una licorería y muestra la negativa de los comerciantes a prestarle servicio o permitir que se consumiera para él:
"Un día en una licorería en Bellas Artes, me pidió que le brindara una cerveza, y el dueño de la licorería al ver que era para él, no me la quiso vender", señaló.
Asimismo, quienes compartieron espacios con él destacan la dualidad entre su comportamiento errático, las tácticas de supervivencia y momentos puntuales de convivencia:
"Me enseño a reciclar comida donde los peruanos de Bellas Artes pero si descuidabas tu teléfono... perdiste. A veces estaba calmado y otras era el mas chaborro de todo el Ateneo ...le dije en vida lo que pensaba de él ...a mucha gente no le agrada pero bien o mal ...el Monopunk seguirá siendo recordado en las calles de Caracas".
Por otro lado, una experiencia en Las Tres Gracias refleja una dinámica distinta tras un gesto de asistencia alimentaria.
"Escuché los rumores del Monopunk antes de conocerlo y ciertamente era intimidante. Yo acostumbraba a siempre tener monedas a la mano para darle por si me lo encontraba en Bellas Artes. Pero una vez, en las Tres Gracias, le regalé varios almuerzos que habían sobrado de un catering de una chamba. El monopunk se quedó hablando conmigo un rato y luego vi cómo iba a compartir la comida con sus compas, todos contentos. Después de eso, siempre me reconocía cuando me lo volvía a encontrar y ya no me pedía monedas. Eso me sorprendió, la verdad. Tremendo personaje de Caracas".
Son infinitas las historias creadas sobre Gabriel Rodríguez "Monopunk", un apodo que en la actualidad resuena entre artesanos, músicos y personas de oficios variopintos.
Para algunos resultará innecesario honrar su memoria, para otros evocar recuerdos de su imagen es similar a la de Pacheco bajando con flores desde el Ávila, Isidoro con su coche, el chichero del reloj en la UCV y un largo etcétera.
Cada uno de ellos definió una época de Caracas y Monopunk lo hizo a su manera, sin pedir permiso, sin someterse a normas, modas y sigue escapando de "verdades" para vivir entre mitos y leyendas.
EMMANUEL CHAPARRO RODRÍGUEZ / CIUDAD CCS
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