Al derecho y al revés | Homenaje a una gringa muy especial
Por Domingo Alberto Rangel
02/09/2026.- Su música honesta, gringa y campesina por lo general no la transmiten en las radios venezolanas. Aun así, los algoritmos que manejan parte de nuestras vidas tienen llenas las redes con noticias positivas sobre la vida de Dolly Parton.
El desconocimiento de esa cantante, filántropa y compositora en nuestro país es grande, a pesar de que a los Estados Unidos se enviaron decenas de miles de estudiantes venezolanos mediante un plan de becas en los años setenta.
Solo a manera de anécdota, comento que un conocido intelectual, con quien mantengo trato y amistad, al preguntarme sobre el tema que estaba desarrollando para la columna de Ciudad Caracas de esta semana, se sorprendió al escuchar mi respuesta. Para él, escribir sobre Dolly Parton era perder tiempo, pues "solo era una cantante de busto inmenso que brincaba en las tarimas".
Mejor se hubiese quedado callado porque enseguida le di una lección básica sobre lo que esta mujer recién fallecida era para la sociedad de su país, más allá de los peinados inmensos acordes con sus uñas bien pintadas y trajes de lentejuelas que no calzaban con el acento de campesina "apalachian", caracterizado por una voz chillona que jamás Dolly permitió que fuese tema de burla ni que le contrataran profesores para cambiarla.
La Dolly Parton que tiene las redes más que llenas con videos donde los grandes de la cultura gringa se deshacen en elogios es uno de los pocos bienes exportables que hoy día tienen los Estados Unidos.
Eso es algo natural, dada la crisis que atraviesa el gran país del norte, actualmente perdedor en guerras sin sentido y con un presidente que cada día le da la razón a quienes desde las teorías de conspiración afirman que Donald Trump está enfermo de la azotea.
EE. UU. no tiene casi nada para exportar, razón por la cual Dolly, dotada de una personalidad excepcional y excelente cantante y compositora de música campesina, es un bien potable en casi todo el mundo.
Dolly nació muy pobre en un condado abandonado de Tennessee. Su madre tuvo que luchar para sacar adelante doce hijos, sin la ayuda del padre, dado a la bebida y analfabeta, porque en el norte también hay irresponsables...
¡Ojo! La pobreza no fue motivo para hacer de la niñez de esos doce muchachos un calvario. Y tampoco para que Dolly echara al cajón del olvido su origen.
Por otra parte, a pesar de tener un físico voluptuoso, Dolly Parton jamás se dejó influenciar por quienes buscan aplausos fáciles en los lugares comunes.
Luchó por las mujeres sin dejar de ser mujer: siempre andaba acicalada, con trajes hechos a su gusto —que no era el de las feministas— y con las uñas largas, que para tocar la guitarra se tenía que quitar.
La familia de Dolly amaba la música que alegra desde fiestas hasta velorios, incluso con las letras más tristes.
Dolly aprendió a sonar la guitarra, el banyo y otros instrumentos, pero siempre quiso ser cantante.
De niña, antes de cumplir los seis años, se las arregló para convertir una lata, a la cual le adosó un palito del árbol de tabaco, en un simulacro de micrófono, que soñaba usar en el programa de TV más visto en esos años.
A ese espacio llegó contando trece años. Le tocó presentarla al gran cantante y cantautor Johnnie Cash, quien, molesto por el papel que le dieron, la presentó como "una niña de Tennessee".
Vaya equivocación, maestro, porque a Dolly el público esa noche la hizo repetir tres veces su canción. Allí nació una estrella.
Los primeros años como cantante, de todas maneras, fueron difíciles en todo, incluso porque Dolly se casó con quien amaba y no con un cantante de rock, como querían las casas disqueras.
Aun así, apartando el canto y su carisma, Dolly, ya siendo millonaria y recordando su vida, organizó como mánager junto a su esposo fundaciones para apoyar la niñez pobre.
Pensando en su padre analfabeta, Dolly organizó bibliotecas públicas y otros programas. Solo en Kentucky, 138 mil niños reciben semanalmente un libro que llega directamente a los buzones de correo con el nombre del pequeño, acción que se financia con dinero de Dolly, más una parte de los condados y otra del Estado. Ese programa lo adelantó Dolly en otros estados pobres.
Esta acción intentaron cancelarla los republicanos en el primer gobierno de Trump. Craso error.
Las cartas de protesta comenzaron a llegar por cientos de miles. Eran electores que reclamaban el recorte. Eran gringos furiosos que amenazaban con dejar de votar republicano.
Resultado: los programas iniciados por Dolly siguen en pie. Ella hasta los momentos es "intocable".
Así, dejo constancia de la acción de una gringa distinguida por su canto y bondad, tan distinta al presidente de ese país y a los políticos de aquí, que no ponen un bolívar de su bolsillo para paliar la pobreza concreta de algún ser humano.
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