Image

Psicosoma | La rosa y el príncipe

 

                                                                                                                        Ya entendí, dijo la rosa. No lo entiendas, vívelo, dijo el Principito                                                                             

                                                                         Antoine de Saint-Exupéry

 

 Por Rosa Anca

08/09/2026.- A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿qué tono tiene su voz?, ¿qué juegos prefiere?, ¿le gusta coleccionar mariposas?; pero, en cambio, preguntan: ¿qué edad tiene?, ¿cuántos hermanos?, ¿cuánto pesa?, ¿cuánto gana su padre? Solamente con estos detalles creen conocerle.

Si alguien ama a una flor de la que solo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que la mire para ser dichoso.

Sumergirse en medio de estrellas, un domingo seis de septiembre, al bullicio infantil, a cálidos aplausos de niñas, niños, con sus familiares, a momentos únicos del telón soñante, al fuelle de estar viva y en vivo con la puesta en escena, entro en trance mimético e interactiva magia con los personajes de El Principito, del teatro Espressivo.

Es mi único domingo inolvidable, cumpleaños de una Rosa sin espinas y solo siento, sé que soy la Rosa abuelita, del Príncipe Oliver, al cual veo y reveo batir las palmas; la madre reina María y el rey papá Sax, en complicidad amorosa, ocultaron la más esplendorosa sorpresa: viaje estelar festivo, "poesía visual", con la música tierna de tono nostálgico e imaginación nos inventamos sueños, amores, soledad, alegría y desaparecer sintiendo el cuerpo volar.

Al lograr la comunicación entre adultos y niños, es maravilloso, así como poder despertar la sensibilidad y comprensión amorosa.

La semiosciedad con las multicolores estrellas nos adentra en el respiro común y mágico del teatro, habitado por los seres y personajes del libro El Principito, que cobran vida y así viajamos por mundos extraños compartiendo humanidad en medio de luces y sombras, con una luz cenital al centro, con juegos de luces que acompañan a los personajes. Extraordinaria adaptación de la obra; es una coproducción realizada por el propio Teatro Espressivo y el colectivo Parque La Libertad, que maneja técnicas y talento de su escuela de danza, teatro y circo, bajo la dirección y adaptación de Melvin Jiménez y Manuel Martín. Estilo que recuerda al Cirque du Soleil al combinar teatro, circo contemporáneo y acrobacia aérea. Música original por Isabel Guzmán, con seis artistas que interpretan varios personajes, y Diego Rojas hace el papel de El Principito.

El cumplir años en medio de niñas princesas y niños príncipes en un aforo de más de 200 personas me lleva a la inevitable levedad de ser única, común y colectiva al milagro de estar viva, sintiendo el estruendo infantil, y me reconozco tan imperfecta como humana, redimible en los pasos y respirar, al hacer conciencia y asumir el amor, un amor responsable del vivir. 

Esta clásica obra universal nos pone al vilo de jamás perder la sensibilidad de emocionarnos y ponernos en el lugar del otro u otra.  Somos la especie humana, casi en peligro de extinción por el mal uso de las tecnologías que jamás suplirán el contacto, el abrazo, la caricia y los gestos al mirarnos... Somos maravilla de maravillas.

Al escribir, recuerdo las lecturas del libro desplegable El Principito, diseñado por el escritor Nómar Oporte (copias extraoficio de cada página protegidas con forros de vinil), con los objetos principales, como el avión especial creado por el artista Chúo Galindo, la rosa de madera, con el infaltable video El Principito.  Dimos talleres, charlas, promoción del libro y lectura por más de treinta años en Monagas. Trabajamos las vidas biográficas del autor y su esposa, la artista Consuelo Suncin Sandoval, en sus contextos históricos, y cómo el autor Antoine de Saint-Exupéry,  tuvo una vida bohemia y tormentosa de abusos hacia su esposa de El Salvador, que fue su musa, la rosa. Entre tantas separaciones, conoce ese país de Centroamérica y quedó impactado con los volcanes que aparecen en el asteroide B612 —un pequeño planeta ficticio con tres volcanes con su único habitante—.

La viuda dejó un libro de Memorias de la rosa, que fue publicado en el año 2000, y narra la vida de la pareja e incomprensión de la familia de su esposo como detalles únicos de un convivir entre artistas, casi incompatibles y que a la vez se necesitaban.

Luego de ese paréntesis, ratifico que no hay regalo en la Tierra más incuantificable como las voces infantiles; a mí me elevan sus arrullos con esas risas cantarinas e inocentes, las cuales invoco a las diosas y dioses les otorguen la suprema felicidad en su existencia y, mientras podamos influir de muchas maneras, tratemos siempre de cuidarles el "alma, corazón y vida".

Siempre trato de compartir espacios, visitar escuelas, preescolares, con estímulos artísticos y lecturas... Quizás sea la nostalgia de "escuchar a mi manada de tres niñas y dos niños"; crecí en una familia de cinco, con dos niñas y tres varones, en medio de peleas, rivalidades y juegos de lucha, boxeo, trompo. Durante la pandemia era todo un sufrimiento ir a "verles" con ese peculiar sonido árido, perdido, sin voces. Por eso, aplaudo la alegría y hoy la vivo en directo y amo la niñez, como decía el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco: "Cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo".

La fuente inagotable de la curiosidad de El Principito nos hace volver a la niñez. Sentirla en medio de volcanes nos potencia a tener esas preguntas a flor de labios, mientras el amor cultiva el cuidado en los corazones y nos invita a pensar en el bien común. Somos continuidad en el desierto y en el aire, siempre al amparo de la rosa. Ella, como símbolo de amor, belleza y dulzura, se muestra provocativa y caprichosa; de forma adrede, consigue llamar la atención de su Principito y explota sus cuatro espinas para lograr un amor correspondido. Este lazo nace del tiempo y la dedicación que solo una ardua tarea, guiada por la paciencia, gesta por voluntad propia. Un ejemplo de ello es criar a un hijo o hija; después de todo, la "santa paciencia" es madre de todas las virtudes y ayuda en la crianza de la familia.

"Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos".