De la ficción a la realidad: el 11-S coartada para el terror de Estado
25 años de mentiras, víctimas, negocios multimillonarios y expansión global de dominación
10/09/26.- El 11 de septiembre de 2001 no solo marcó el colapso de las Torres Gemelas, sino el inicio de una era de guerras preventivas, vigilancia masiva y contratos blindados para el complejo militar-industrial. Mientras el mundo lloraba a casi 3 mil muertos, en Washington se cocinaba la justificación perfecta para una nueva doctrina imperial: la "lucha contra el terrorismo".
La narrativa oficial atribuye los ataques a Al-Qaeda, liderada por Osama bin Laden. Sin embargo, investigaciones periodísticas y testimonios de exfuncionarios han expuesto conexiones financieras y políticas que contradicen la simplicidad del relato. Ese día, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados y estrellados contra el World Trade Center y el Pentágono. George W. Bush, entonces presidente, estaba en una escuela de Florida. Según reseña The New York Times, mantuvo la calma mientras el país se sumía en el pánico.
La reunión del Carlyle Group: ¿coincidencia o negocio?
Mientras el humo cubría Manhattan, en el hotel Ritz-Carlton de Washington D.C., el Carlyle Group celebraba su conferencia anual de inversores. Entre los asistentes estaban George H.W. Bush, padre del presidente y asesor senior de Carlyle, y Shafiq bin Laden, hermano de Osama y accionista del fondo Carlyle Partners II. Carlyle, firma especializada en defensa y aeroespacial, vería disparar sus ganancias tras el inicio de la "guerra contra el terrorismo". Este hecho fue reseñado por washingtonpost.
Según The New York Times, la familia bin Laden invirtió 2 mil millones de dólares en fondos de Carlyle en 1994. Tras el 11-S y ante el escándalo público, ambas partes liquidaron la inversión "de mutuo acuerdo". La pregunta queda flotando: ¿cómo un "enemigo de Estados Unidos (EEUU), era socio financiero de la élite que gobernaría la respuesta al atentado?
La telaraña mediática y la nueva víctima
La Casa Blanca tenía un nuevo objetivo: la opinión pública. Una campaña mediática global que instaló la idea de que Al-Qaeda había atacado "a EEUU", ¿cómo bin Laden pasó de socio a enemigo en tan poco tiempo? La respuesta no está en los titulares, sino en los contratos de defensa, las reservas de crudo y la geopolítica del poder. Bin Laden, el terrorista número uno, se esconde en Irak, y allí, justo allí, hay armas de destrucción masiva.
De aliado a enemigo: la construcción de un villano
Osama bin Laden no siempre fue el "terrorista número uno". Un reportaje de Prensa Obrera señaló que en los 80, Bin Laden fue un antiguo agente de la CIA, responsable de los grupos islámicos que intervinieron en Afganistán contra las tropas rusas. Además, era agente financiero de uno de los clanes de la gran burguesía saudita y de los príncipes del petróleo; es decir, un aliado táctico de Washington en Afganistán contra la URSS.
Su ruptura con EEUU se consumó tras el despliegue de tropas estadounidenses en Arabia Saudita en 1990, durante la Guerra del Golfo. Pero la narrativa mediática lo transformó en el archienemigo perfecto: un exsocio convertido en chivo expiatorio global.
El petróleo como verdadero objetivo
En un trabajo especial de Cubadebate, se recuerda que el líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, posteriormente ejecutado bajo la Administración Obama mediante una acción de fuerzas especiales norteamericanas, se atribuyó la responsabilidad de los ataques terroristas, dejando claro el pase de cuentas y abonando el terreno para la siembra y la cosecha del odio contra el mundo musulmán, para el recelo contra inmigrantes y extranjeros en el sentido más amplio, alimentando antecedentes y tradiciones.
El 19 de marzo de 2003, George W. Bush decidió invadir Irak, un país que nunca amenazó a EEUU ni tuvo armas de destrucción masiva. Una nota del medio británico theconversation, reseña que bajo Saddam Hussein, el petróleo iraquí estaba nacionalizado. Tras la ocupación, se reconfiguró el marco legal para permitir que transnacionales occidentales, muchas vinculadas a donantes republicanos, accedieran a contratos de explotación multimillonarios.
El general John Abizaid, comandante del USCENTCOM durante la guerra, lo admitió sin ambages en 2007: "Por supuesto que (la guerra de Irak) tiene que ver con el petróleo. No podemos negarlo". Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal, escribió en sus memorias: "Es políticamente incómodo reconocer lo que todos saben: la guerra de Irak es en gran parte por el petróleo". Lo sentenció el 6 de febrero de 2003 en el programa Newsnight de la BBC.
El petróleo forma parte de una estrategia general para mantener y ejercer el poder global, y es un elemento central del sistema mundial financiero centrado en Wahington. Además, el oro negro de Oriente Medio ha desempeñado un papel fundamental en el ascenso y la consolidación de la supremacía de EEUU y sus aliados más cercanos; sin duda, el eje geopolítico de la época.
A 25 años del 11-S, las preguntas siguen sin respuesta. ¿Fue el atentado una tragedia explotada para fines geopolíticos? ¿Quiénes se beneficiaron realmente? Mientras las víctimas siguen esperando justicia, los accionistas del complejo militar-industrial celebran dividendos récord. La guerra contra el terrorismo no terminó: se privatizó.
CARMEN ADRIANA DAZA / CIUDAD CCS
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