Caracas: una hechicera inolvidable | ¡Leales siempre, traidores nunca!
Por José Antonio Ramírez
Las Acacias, ubicada en el sureste de Caracas, debe su nombre a los árboles que se plantaron a propósito de la construcción de esa urbanización en la década del 50 por Marcos Pérez Jiménez, quien dirigía la nación entonces como un cuartel, con mano de hierro, perseguía políticos y desaparecía detractores disidentes.
Durante su Gobierno de facto ejecutó la planificación y edificación de un nuevo país contratando profesionales, técnicos y obreros calificados; dejando huella en todo el territorio nacional con obras monumentales que avanzaban al ritmo de una Venezuela considerada por muchos próspera.
En ese escenario la urbanización Las Acacias, vecina del Paseo Los Ilustres, atravesada por las avenidas Victoria, Nueva Granada y Roosevelt se convirtió en cuna de la historia de la lucha estudiantil presente en la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Es justamente allí en sus aulas y pasillos de la universidad, donde generaciones de mujeres y hombres con ideas de izquierda, debates, argumentos fundamentados y conciencia de clase, libraron batallas contra los Gobiernos de turno en la mal llamada democracia de la IV República.
Fueron los presidentes elegidos representados por Acción Democrática y COPEI, quienes actuaban con total impunidad hacia los pobres que representaban el 83% del país. Sin embargo la estructura del Estado, siempre protegía los intereses de la oligarquía, burguesía, empresarios y militares.
Es en uno de esos apartamentos, con cuatro generaciones, que han visto pasar abuelas, madres, tías, sobrinas y primas donde reside José Luis. Un joven inquieto por la lectura, ávido del debate y las ideas de combate, quien decide incursionar en las ideas anarquistas.
Apenas 19 años acompañan el imberbe, las lecturas ácratas bombardean su cabeza, mientras observa la ruina de la sociedad, mezclada con la indiferencia de los poderosos. Chicas y chicos de su edad, quieren olvidar en redes sociales lo que no se atreven a vivir, la tecnología los entretiene con basura por internet y sus falsas expectativas los deprimen.
Así es la vida
José Luis se despierta un lunes con el despertador a las 6:30 am, va directo al baño, se lava los dientes y enjuaga la boca con ese sabor a menta que tanto detesta. Mientras su nona ya lo espera con el café corto, tipo expreso, pues es italiana y le enseñó a tomarlo desde chico, para despertarse con ánimo y enfrentar la vida.
Él se va directo a la cocina, pide la bendición y con desgano toma su desayuno de la mesa: un sándwich con jamón y queso. Dos frutas le acompañan, una mandarina y una manzana. Agua en cantidad, cuadernos, su móvil y una copia del periódico El Libertario en su mochila.
Tiene muy claro quién es su enemigo, lo define como “un ser etéreo, ausente, miserable, corrupto, burócrata y principal motor del lavado de activos en Venezuela” Lo considera como un ser que “se ríe de todos al pasearse escoltado por 8 tipos en sus camionetas del año, con un apetito voraz, no le importa el cargo a ocupar, lo importante es que haya real. Político de carrera al fin, solo persigue su propio interés”, piensa para sí mismo.
Rumbo a la escuela de Comunicación Social en la UCV, rumea en su mente cuál decisión tomar. Ser uno más del montón no está dentro de los planes. Los Therians, farmear aura, hacer el tonto por TikTok, o dejarse llevar por un influencer en Instagram no le va. Resuelve entonces seguir el ejemplo de los colectivos anarquistas (Crea y Combate) de otrora tiempos en Caracas.
En el receso entre clases revisa sus redes sociales y se mofa con desdén por el titular del momento: El empresario Alex Saab, se declaró culpable de los cargos por lavado de activos en su contra, hechos ocurridos durante su gestión como Embajador Plenipotenciario de Venezuela.
La verdad es una quimera
Alex Saab, empresario colombiano y ex ministro de Industrias y Producción Nacional, cambió el pasado martes su declaración inicial de inocencia y se declaró culpable de un cargo de lavado de dinero que se le imputa ante una corte federal de Miami.
El caso se originó por contratos en la importación de alimentos dirigidos a abastecer los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Un programa de distribución creado por el presidente Nicolás Maduro en 2016, para combatir la escasez de productos en Venezuela.
Alex Saab, reconoció ante la Corte en Miami, que la cifra del desfalco asciende a 195 millones de dólares, monto que aceptó entregar a las autoridades de Estados Unidos. Esa cifra responde a una acusación del fiscal que describe una presunta trama de sobornos ligada a los contratos de alimentos.
La Fiscalía sostiene que la operación dirigida por Saab recurrió a empresas y a documentación que permitieron mover recursos a través del sistema financiero de Estados Unidos.
Pero se debe resaltar que el Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, recurrió a ese sistema para evadir el cerco inhumano producto del bloqueo económico y las sanciones unilaterales adoptadas por EE.UU en contra del país.
“El delito admitido contempla una pena máxima de 20 años de prisión. La Fiscalía se comprometió a recomendar una condena en el tramo bajo del rango aplicable y se reservó la posibilidad de pedir una rebaja adicional si la cooperación de Saab resulta útil para sus investigaciones”, refiere Telesur.
Saab al parecer podría estar negociando con la fiscalía de Miami su reducción de pena al admitir los hechos, entregar pruebas contundentes para la investigación, nombres de los responsables involucrados y una posible incorporación al sistema de protección de testigos al cumplir su sentencia.
El sol no se puede tapar con un dedo
Las acusaciones esbozadas por el imperio norteamericano al acusar al presidente legítimo Nicolás Maduro y parte de su generalato de formar parte del denominado “Cartel de los soles”, señalados de promover el narcotráfico internacional quedaron en solo falacias.
Recientemente el presidente Donald Trump, decidió retirar a Venezuela de la lista de países que incumplen con la lucha contra el narcotráfico. El mandatario resaltó que Caracas ha demostrado "el cumplimiento de sus compromisos de control de drogas".
Asimismo, en un documento enviado al Congreso de EE.UU, el mandatario expresó que espera seguir observando "avances continuos y medibles por parte del Gobierno" encargado de Venezuela, centrados en frenar este flagelo.
Desde hace 20 años, la nación sudamericana formó parte de este listado donde figuran Estados como Bolivia, Honduras, Jamaica y México, por citar algunos.
En el texto, Trump señaló que, en un corto plazo, Colombia también podría estar fuera del recuento. "Si, como se espera, [Bogotá] avanza en la erradicación agresiva de cultivos de coca y en el desmantelamiento de sus redes narcoterroristas durante el próximo año; consideraré levantar la calificación de 'fracaso demostrable' que pesa sobre el país", reseña Sputnik.
De regreso a Tierra de Nadie
El álgido cambio de noticias en Venezuela y el mundo, no deja de sorprender. José Luis no escapa a esa realidad abrumadora. Por esta razón resuelve investigar a fondo la trama de corrupción que sacude los cimientos de la Revolución, durante la gestión de Nicolás Maduro.
Al parecer ex ministros como José Vielma Mora, han sido vinculados con la trama de Alex Saab, quien asegura haberle dado 17 millones de dólares. Es decir, políticos, empresarios, ministros, contactos internacionales con cuentas en Estados Unidos estarían involucrados en sobornos.
En fin, José Luis agotado por la falta de honestidad en el manejo de la cosa pública, el abuso de poder, lavado de activos y tramas de corrupción resuelve abocarse a la divulgación de las ideas ácratas y despertar así la conciencia social del pueblo venezolano.
Considera que la autogestión y organización de las comunidades es lo que va a permitir luchar en colectivo por una nación donde la equidad social, igualdad de condiciones, oportunidades y justicia para todos sin distinción dictamine la senda de un verdadero renacer.
Antes de regresar a casa, resuelve pasar por una pizza frente al parque de diversiones Bimbolandia y es allí donde recuerda la lucha anarquista por una sociedad más justa, equilibrada, autogestionada y dirigida por sus propios ciudadanos durante la corta República alcanzada en París, en el Mayo Francés de 1.968. “Seamos realistas, hagamos lo imposible”.
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