Aquí les cuento | La cárcel del pueblo (3)
Por Aquiles Silva
El emperador, arrogante, exterminador
supremacista, sádico y asesino;
Habló al mundo.
Nauseabunda y miserable condición.
No olvidemos.
25/09/2026.- Era “público, notorio y comunicacional” el hecho cierto de la transformación que se había sucedido en la cárcel del pueblo. Debido a que ese establecimiento se transformó, de la noche a la mañana, en una institución productiva, capaz de generar el alimento necesario para el sostenimiento de los internos, además de producir para toda la población y en un rubro específico: el casabe, que surtía con suficiencia a todos los mercados importantes del país. Y todo por la genialidad de un recluso que había sido condenado a perpetuidad por mentir, por ser embustero, por cobero, por cachero, por fabulador, por maravilloso. Al punto de que, en ese pueblo, su nombre quedó en el imaginario colectivo. Cuando alguien decía alguna mentira o utilizaba cualquier expresión hiperbólica, el interlocutor le decía: —¡Neeeryyy!
En el reclusorio existió, en esos tres años, una doble autoridad: La institucional, en la persona del alcaide Marcel Cabezas (a quien los presos llamaban Mal ser), y la autoridad moral, representada por Nery Vega, el primer y único condenado a cadena perpetua del recinto penitenciario.
Y todo por la fama que adquirió, más allá de las murallas, el insigne campesino fabulador encarcelado. Algunos intelectuales notables del pueblo, entre los que figuraban los poetas Leo Vargas, Neguel Machado, Beltrán Ballesteros y Luis Parucho, trataron de promover una movilización y solicitud de libertad del condenado, por sus méritos sobrados como hombre de trabajo y fabulador, necesario para el alma del pueblo. Y no lo lograron, por el único interés que tenía el gobernador Sam Pulguín Otario de mantenerlo produciendo dentro de la cárcel. ¿No ven que él era el depositario o, mejor dicho, el beneficiario directo de la ganancia por la venta de lo que producían los presos?
Era mucho el aguacate que se producía en los patios del penal, así como plátanos, cambures, además de las hortalizas y leguminosas; naranjas, patillas y melones a la pérdida. No alcanzaban a comerse todo el producto. Y las escuelas reforzaron la dieta de los estudiantes, maestros y personal administrativo, porque era muy grande y sostenida la producción en aquel milagroso recinto penitenciario.
El alcaide anunció la llegada del camión con las herramientas y equipos, solicitados por Nery, para mejorar las condiciones de trabajo y elevar la productividad del proyecto. Entre las herramientas solicitadas se contaban: picos, palas, escardillas, carretillas, machetes, guantes, botas de goma y otros elementos manuales, necesarios para la agricultura. Todos estos materiales permanecían al resguardo de los trabajadores, quienes dispondrían de ellos de acuerdo a las necesidades.
Nery se había convertido en el atractivo de aquella ciudad y su fama se había regado por todo el país. Y los clamores de su liberación se mantenían por los medios publicitarios de todo el mundo, pero el mencionado gobernante no se desprendería muy fácilmente de su fuente de riqueza.
Una de las exigencias que recibiera el gobernador Sam Pulguín Otario consistía en que nombrase a Nery Vega como ministro de Agricultura. Él era el mejor candidato para ese cargo, ya que su práctica, de tan solo tres años, había logrado una verdadera revolución productiva que sería ejemplo para otros pueblos y países del continente.
El gobernador dejó escurrir la especie de que, dadas las virtudes exhibidas por Nery Vega en la actividad productiva, él podría reducirle la pena de cadena perpetua a doscientos nueve años con nueve meses, nueve horas y nueve minutos. “Como estímulo al desempeño de nuestro singular trabajador”…
La plantación de yuca para la industria casabera estaba en un terreno que cubría cien hectáreas. Y el cultivo se realizaba siguiendo la costumbre ancestral de nuestros abuelos indios, de cosechar una planta y, con las mismas ramas de la yuca cosechada, plantar varios trozos del tallo, no menos de tres, para mantener la plantación en permanente producción.
Cada semana se sumaban voluntarios al proyecto agrícola, liderado por Nery Vega, y él, además de orientar las técnicas culturales ancestrales del trabajo de la yuca, con sus artes narrativas y lenguaje campesino arengaba y estimulaba a los hombres a realizar con entusiasmo los trabajos que redundaban en su propio beneficio.
Nery fijaba posición ante el problema, viejo por demás, de la tenencia de la tierra. Decía:
—¡Shniiff! —¡Shniiff! ¡Nosotros estamos preparando a un hombre que va a regresar la tierra a los campesinos y a los indígenas! ¡Cuando lleguemos al gobierno, lo primero que vamos a hacer es “el desapropeo” (1)!
—¿Y qué es eso, Nery? —El hombre sonaba de nuevo por dos veces la nariz y explicaba.
—¡Shniiff! —¡Shniiff! ¡El desapropeo consiste en que todos los terratenientes y tierracogientes, quienes, valiéndose de mañas y complicidades, tengan grandes extensiones de terreno ocioso, nosotros desde el gobierno lo vamos a tomar y regresárselos a sus propios dueños, que somos los indios y los campesinos de este país!
—¡Bueno, pero ahora vamos a seguir el trabajo, porque barco parao no gana flete!
¡Vamos a revisar cómo van los injertos de La Bonifacia, con la Amarilla que nos llegó del Amazonas!
Adyacente al lugar donde estaba la rayandería, Nery había mantenido una especie de vivero-laboratorio de diferentes tipos de plantas de yuca para realizar cruces y mejorar la adaptabilidad y producción de la empresa.
Valle Guanape, 20 de septiembre de 2026
(1) Expropiación
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