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Letra fría | La República se batió por Garmendia y el Anacobero


 Por Humberto Márquez 

Me da la impresión que la única vez, que La República del Este mostró un carácter literario, -salvo algunos acticos culturales esporádicos que organizaba Mary Ferrero-, fue cuando se batió por Garmendia y el Anacobero, e hicieron acto en desagravio al gran escritor de La Mala Vida.

El sexto capítulo de “La patria bohemia que nació derrotada. Semblanza de grupo de la República del Este”, de Lissy de Abreu Gallego y Aline Dos Reis Albuja presentada como tesis de grado en la escuela de Comunicación Social de Universidad Católica; se titula “Me doy tan poca esperanza para otro porvenir”, que no entendí mucho, pero el verdadero tema es todo el revuelo que levantó el polémico cuento de Salvador que, releyéndolo hoy, me cuesta entender el escándalo que armaron los puritanos por unos sencillos cuentos de putas. Y no podía ser de otra manera, porque Daniel Santos, eso es lo que era, un putañero insigne. Y hasta los militares protestaron porque el personaje Cucurucho, era un militar borracho y putañero también. Tanto que le gustaba vivir en burdeles, (García Márquez decía que los burdeles son perfectos para escribir porque de día las putas duermen), aquí en Caracas Daniel se hospedaba en el burdel de La Gata en Catia.

Por cierto, releyendo el cuento me enteré que La Gata se llamaba María Luisa Saavedra. “Era una mujer que tú la veías salir de Ketty Myriam y creías que era una tipa de la jai. Cuando Louis Jouvet llegó a Caracas, Papillón le dio un banquete en La Pastora con las mujeres más bellas de Caracas. La cocaína la servían en platicos de dulce y La Gata era la mujer más elegante; nadie supo quién era, toda la alta sociedad se comió el trazo”.

Pero yendo a nuestro tema, la trama se inicia con Salvador y Luis Alberto Crespo, en el Chicken Bar tomándose un trago y evaluando la conveniencia o no, de publicar el cuento en el Papel Literario de El Nacional, que Crespito dirigía. El propio Garmendia estaba consciente que el cuento le podría traer problemas, ¡Y como que si los trajo! aunque el filólogo Ángel Rosenblat autor del libro Buenas y malas palabras señalara que ninguna palabra está mal dicha, el Bloque de Prensa Venezolano no lo creyó así y presentó una denuncia contra Garmendia ante el Juzgado Segundo de Primera Instancia en lo Penal, “por el delito de ultraje al pudor público, lesionador de los principios morales de la sociedad venezolana.

Jorge Olavarría e Isaac Pardo también cerraron filas con Garmendia, pero creo que la intervención de mi profesor Rosenblat fue la mas contundente por ser una eminencia de la filología. Sin dejar de reconocer que las declaraciones de Isaac Pardo en el juicio, dieron al traste con la intención del Bloque de Prensa Venezolano de meter preso a Daniel y a Olavarría, que también llevaría lo suyo, por republicar el polémico cuento, en su revista Resumen.

Un par de años mas tarde, en El Sádico Ilustrado, como sacándose el clavo escribió: ““No sé si algún filólogo simpático se habrá detenido a calcular, en cifras, la cantidad de vocablos, provenientes del lenguaje común o pretencioso, que se han desintegrado, podrido o muerto, simplemente, a lo largo del tiempo, mientras las malas palabras, manteniéndose frescas y rosadas, siguen su camino, muertas de la risa”

Sus amigos, casi todos artistas, poetas, narradores, pintores y demás disciplinas, como decía La Negra Maggi, de no haber existido La Republica del Este, igual habrían hecho el acto en desagravio en la Galería Durban del Loro Segnini, y habrían intervenido los mismos personajes. Sin embargo, no todo era a favor o en contra del escritor laureado, hubo una tercera columna de la ultraizquierda como Álvaro Carrera, que escribió “La Republica del Este. Nido de ratas”, por no protestar el cierre de publicaciones izquierdistas como Al Margen y Que hacer, por estar defendiendo sus groserías, declarándolos enemigos del pueblo y de la revolución.

Sin embargo, cuentan las tesistas, la censura no era nada nuevo para Garmendia, Diaz de Ceniza se publicó por entregas en CAL que dirigía Guillermo Meneses, a quien amenazaron con retirarle el financiamiento, pero el no se amilanó y la siguió publicando, derrotando a la censura. Sin embargo, no pasó lo mismo con Los Pies de barro, que fue censurada en España por la dictadura franquista. Incluso en la obra póstuma tías y putas, hubo objeciones por el título procaz según cuenta la escritora y crítica literaria, Silda Cordoliani, quien fue nombrada curadora de los trabajos de Garmendia por María Elena Maggi, hermana de La Negra Garmendia, ambas compañeras de curso nuestras, en la Escuela de Letras UCV.

Como corolario de este capítulo de la tesis, las muchachas son categóricas en que ciertamente la República del Este, no fue un grupo literario, a pesar incluso de haber tenido una revista. Lo mismo pensaba nuestro también profesor Oscar Sambrano Urdaneta, que no era un grupo formal, sino una peña de amigos que se reunían para hablar tomando tragos. Y también incluyen unas afectuosas palabras del poeta Pepe Barroeta sobre el Chino Valera Mora.