Cuba: la conciencia revolucionaria frente a sus desafíos
Fernando Buen Abad asegura que el pueblo cubano continúa firme ante el poder hegemónico
2/10/26.- Fernando Buen Abad Domínguez es un filósofo, comunicólogo y cineasta mexicano, Doctor en Filosofía y Máster en Filosofía Política, miembro del Consejo Consultivo de TeleSUR y de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Su pensamiento se articula en torno a una tesis central: la lucha cubana no se define por la geografía ni por la coyuntura, sino por un acto de conciencia que trasciende las barreras impuestas por el poder hegemónico.
A juicio del filosofo, Cuba se sostiene en dos procesos que se alimentan mutuamente: la conciencia de defender sus conquistas y la capacidad de revisar críticamente el rumbo del país. Esa relación entre continuidad y cambio cobra especial importancia ante las dificultades económicas y las demandas de las nuevas generaciones.
La conciencia de la revolución supone entender la soberanía y los derechos sociales como conquistas que requieren una defensa permanente. Desde esta perspectiva, las sanciones estadounidenses no representan solo una disputa diplomática o comercial: también afectan las condiciones en las que Cuba intenta desarrollar su proyecto político y económico.
Revolución de la conciencia apunta a una transformación
Las expectativas de las personas sobre su lugar en la sociedad, para el autor, el acceso a la educación, la salud y la tierra después de 1959, así como la Campaña de Alfabetización, no solo modificó condiciones materiales.También amplió la posibilidad de que sectores antes excluidos participaran en la vida pública.
Esa idea de participación se proyecta, hacia la cooperación internacional. El trabajo de profesionales cubanos de la salud en otros países aparece como expresión de una solidaridad que trasciende las fronteras.Pero la defensa de ese legado no elimina las contradicciones internas ni sustituye la necesidad de debatirlas.
El desafío de renovarse
Las generaciones que no vivieron el triunfo de 1959 plantean preguntas sobre la economía, la igualdad de género y los espacios de participación. El autor considera que esas demandas no deben interpretarse necesariamente como un rechazo a la Revolución, sino como parte de una conciencia crítica capaz de impulsar cambios.
Ahí reside la tensión central del artículo: defender la soberanía sin convertir la defensa en una consigna inmune a la crítica; promover transformaciones sin perder de vista las presiones externas ni las condiciones materiales del país. Para el autor, la fortaleza del proceso cubano depende de mantener abiertas ambas posibilidades.
La solidaridad con Cuba, concluye, no consiste en idealizarla ni en negar sus dificultades. Implica reconocer el derecho de su pueblo a decidir su futuro y, al mismo tiempo, tomar en serio los debates de quienes buscan renovarlo.
CARMEN ADRIANA DAZA / CIUDAD CCS
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