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Rostro de mujer | Entre la ciencia y la resiliencia

Por Nirma García Berbeo 

En el transitar de la vida, existen historias donde el conocimiento científico y la sensibilidad humana se entrelazan para dar forma a un propósito superior. La de Ana González Contreras es una de ellas. Licenciada en Gestión de Salud Pública y especialista en Epidemiología, nuestra invitada de Rostro de mujer nos abre las puertas de su memoria para reflexionar sobre la vocación, la superación personal frente a las pérdidas inevitables y la certeza de que la fe es el verdadero motor para ponerse de pie tras cada adversidad.

Para entender la templanza de Ana González, es necesario volver a su infancia. Creció en un entorno familiar donde la presencia de sus padres, el afecto constante y la seguridad trazaron sus primeros pasos junto a sus tres hermanos. Sin embargo, el devenir de los años trajo consigo las pruebas más complejas.

“Si pudiera borrar algo de mi vida, serían las pérdidas físicas”, comparte con emotividad. Aunque la partida de los abuelos suele ser el curso natural del tiempo, la tragedia tocó a su puerta de manera prematura con el fallecimiento de su hermana menor en un trágico accidente de tránsito. Una herida profunda que, como bien reflexiona, deja una marca que ni la mejor cirugía del mundo logra borrar.

A esta irreparable pérdida se sumó, años después, la de su abuela materna y, más recientemente, la de su padre José Luis: un hombre entregado al trabajo, al hogar y al ejemplo de disciplina constante, cuya partida tras un inesperado evento de salud dejó una huella imborrable. No obstante, son precisamente esos “inviernos difíciles” los que terminaron de moldear su carácter. González reconoce que, incluso en las horas más oscuras, el Creador pone en el camino “ángeles” en forma de personas que brindan el apoyo necesario para evitar tocar fondo.

Aunque inició su sendero académico en el área administrativa, una innegable vocación hacia el sector salud la condujo a titularse en Gestión de Salud Pública y, posteriormente, a especializarse en Epidemiología hace ya una década.

Para González, la epidemiología no es solo una disciplina técnica o científica para el control de enfermedades; es una entrega que exige renuncia y compromiso. Es una labor viva que no entiende de feriados, navidades ni descansos cuando la salud colectiva está en juego. Desde el monitoreo constante hasta la respuesta ante emergencias sanitarias como la pandemia del COVID-19, su ejercicio profesional encarna la dedicación pura hacia el bienestar comunitario.

“Es una especialidad muy bonita y de muchas satisfacciones, especialmente cuando logras controlar un brote o cuando ves a una comunidad empoderada aprendiendo a proteger su propia salud”, destaca con orgullo sobre su labor en el sistema público.


Con el recorrido que otorgan las vivencias y los tropiezos inevitables del camino, Ana González se define hoy como una mujer optimista, innovadora y en constante aprendizaje. No teme a los nuevos retos ni a los giros profesionales; al contrario, busca evolucionar continuamente.

Su experiencia de vida la ha llevado a cultivar una prudencia consciente en sus relaciones y proyectos futuros, entendiéndola como un mecanismo de protección personal y madurez. Sensible ante la vulnerabilidad de los niños y de los adultos mayores —quienes mueven sus fibras más profundas—, enfatiza la importancia de alejarse del pesimismo, mantener la discreción en las metas personales y rodearse de personas que sumen al crecimiento individual.

Entre las personas que más admira está su madre, Marlenys Contreras. Al describirla, afirma que es una mujer que ha superado realidades muy complejas desde su infancia: “Siempre ha salido adelante de la mano de Dios. Es una guerrera, solidaria y muy conversadora, famosa por su rica gastronomía guayanesa. Sin duda, una mujer de gran resiliencia”.

Al ser consultada por lo que significa mirar hacia el horizonte, González expresa que aspira a la estabilidad y a una madurez plena, tanto en paz espiritual como económica. Pero más allá de las metas individuales, su mayor anhelo es dejar una huella de perseverancia y fe para las nuevas generaciones de mujeres y profesionales que avanzan siguiendo sus pasos.

Finalmente, su mensaje es transparente y categórico: las frustraciones del presente suelen ser la preparación para algo mejor en el mañana. Avanzar con ímpetu, hacer el bien de manera desinteresada, mantener la actualización profesional y caminar con serenidad de la mano de Dios son, para Ana González Contreras, las verdaderas claves para transformar cualquier adversidad en una oportunidad de servicio y de vida.

Cicatrices que sanan sirviendo a los demás 

Foto: Luis González 

Nirman García Berbeo

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