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Estoy almado | La falsa victoria


Por Manuel Palma 

05/10/2026.- Tuvo que perder Meta (dueña de Instagram y Facebook) una histórica demanda legal para admitir que sus algoritmos causan adicción a niños y jóvenes, dañando profundamente la salud mental y emocional de ellos. Obligada a simular protección de la niñez y la juventud, Meta aplicará medidas que siempre debieron implementar: límite de uso de las aplicaciones a dos horas diarias, bloqueo entre la medianoche y 6:00 de la mañana; silenciar notificaciones en horario escolar y aumento de pasos para verificar si la app es usada por un niño menor de cinco años. 

La prensa occidental lo presenta como una victoria. Y a simple vista luce como una panacea. Sin embargo, es un claro ejemplo de colocar los caballos por delante de la carreta, porque partimos de la naturalidad posmoderna de que ellos a corta edad (entre 5 y 15) ya tienen teléfonos “inteligentes”. Se empieza a juzgar lo que ven, no la edad prematura para tener el aparato. Según la ciencia y la ONU, el uso de las redes digitales debería postergarse hasta los 12 o 14 años. De hecho, los expertos recomiendan que en lugar de darles gustosamente el nuevo opio, los chicos deberían utilizar teléfonos celulares sin redes digitales o, al menos, con control parental. 

Pero como el uso de los smartphones en niños y jóvenes ya es irremediablemente aceptado por nosotros los adultos, como la nueva adicción del siglo XXI, entonces se intenta frenar a los jíbaros del opio tecnológico. De ese modo, lo ocurrido con Meta se trata de la primera vez (mediáticamente hablando) que un representante del tecnofeudalismo asume alguna responsabilidad pública por lo nocivo que puede ser para niños y jóvenes la adicción algorítmica. P

Ese intento de hacer control de daños es un punto de inflexión, dado el origen que justifica la impunidad. En EE. UU., las gigantes tecnlógicas son libres de joder inmpunemente con sus aplicaciones. Legalmente se amparan en la cláusula de la Sección 230, que libra de toda responsabilidad a los magnates del tecnofeudalismo por el contenido publicado en el negocio de sus redes, sin importar si daña o no a los niños adictos a las pantallas. Es un beneficio del cual los gigantes tecnológicos no hubiesen sobrevivido hasta hoy.

¿Entonces, se acabó el problema de la adicción algorítmica en los jóvenes? A todas luces, no. Es una falsa victoria; un pañito de agua tibia hasta que baje la fiebre revulsiva de padres y madres quejosos y sin oficios, que menosprecian que sus hijos usen deliberadamente redes y pantallas, negándoles la oportunidad de que desarrollen depresión, ansiedad crónica, baja autoestima, aislamiento social, menor capacidad de retención, déficit de atención y anulación del pensamiento crítico. 

Aunque la industria tecnológica estadounidense solo espera a que baje la marea, los expertos ingenuamente creen que pudiera haber un cambio en el paradigma. Sin embargo, el poder del tecnofeudalismo es inconmensurable. El opio que han creado no lo dejarán así tan fácil y, mucho menos, con el auge de la inteligencia artificial. 

Si de verdad quisieran ayudar y hacer más humana la humanidad, podrían eliminar todas las funciones algorítmicas pensadas para mantener a los jóvenes dentro de las redes. Y no se trata de acabar su multimillonario negocio. Los investigadores señalan que con solo suprimir el diseño del scrolling infinito, las recomendaciones algorítmicas y la reproducción automática, los consumidores pudieran convertirse en usuarios con una experiencia distinta en redes sociales. Para los niños y adolescentes, incluso, sería una ganancia.

Por supuesto, nada de eso ocurrirá. A los grandes oligopolios tecnológicos les interesa mantener a millones de niños y jóvenes conectados la mayor cantidad de tiempo: tratando de que se conecten más de la cuenta para bombardearlos con anuncios y sesgos cognitivos que se entremezclan a sus micromundos digitales. 

Mientras tanto, Meta quiere compartir la culpa. Dice que compañías como TikTok y YouTube deben adoptar los mismos límites estrictos, que ellos deben cumplir por orden de la justicia, contra los algoritmos adictivos en menores. 

Todo esto que cuento ocurre por allá en el norte. En América Latina apenas se sabe de la decisión de México de prohibir el uso de teléfonos celulares y dispositivos con pantalla en primarias y secundarias (públicas y privadas) a partir del 3 de noviembre. En tanto, en Europa ya pusieron sus barbas en remojo y aplican medidas con las cuales intentan resistir la adicción de jóvenes al algoritmo. 

En Venezuela aún navegamos en la oscuridad con respecto al abordaje responsable de este tema. En un horizonte difuso. Todavía no es común que se piense si acaso en las consecuencias perjudiciales que pueden generar el impacto de las redes digitales en la juventud. Todavía estamos en la etapa de verlas como algo “ultramoderno” o de pensar ingenuamente que el problema se soluciona prohibiendo en clases el uso de celulares, cuando en casa el vicio es reproducido por los propios adultos, a la vista de los pequeños que aprenden a valorarlo como algo inofensivo.