Historia viva | Entre las experiencias de guerra y las expectativas
Por Aldemaro Barrios Romero
06/10/2026.- No hay dudas al afirmar que estos tiempos son de expectativas; el peligro ya no está en si Estados Unidos volverá a atacar a Venezuela, a Cuba o a cualquier pueblo que decida transitar sus propios designios en la búsqueda de la felicidad en cualquier constitución democrática del mundo, la misma de la que habló Juan Jacobo Rousseau en El contrato social y que Bolívar intentó convertirlo en praxis desde el discurso fundacional en 1819. Creo que la real amenaza o riesgo potencial sigue siendo la pérdida de claridad estratégica y el razonamiento histórico sobre la emocionalidad tóxica de las mareas digitales.
Los indicios muestran que, entre la experiencia de veintisiete años de Revolución bolivariana, en el caso de Venezuela, y de sesenta y siete años de resistencia heroica de la Revolución cubana, hay un cúmulo de experiencias que hacen invencibles a los pueblos de América. No lo digo por un cumplido de aliento heroicista, sino por la realidad de los hechos.
El patriarca de la historia conceptual, Reinhart Koselleck, señala que el pasado y el futuro no llegan a coincidir nunca, como tampoco se puede deducir totalmente una expectativa a partir de la experiencia. Una vez reunida, una experiencia es tan completa como pasados son sus motivos, mientras que la experiencia futura, la que se va a hacer, anticipada como expectativa, se descompone en una infinidad de trayectos temporales diferentes.
Sin embargo, lo que podemos agregar a esto es que los pueblos que han acumulado experiencias políticas y sociales tan favorables como las del pueblo venezolano y el cubano tienen mayores expectativas de superar orgánicamente situaciones críticas y así lo mostraron en tragedias naturales universales como la pandemia, los terremotos o ciclones caribeños.
A ello se agrega la resistencia épica a las medidas coercitivas y agresiones extravagantes del norte. Como curiosidad extraña, recientemente vino a Caracas un grupo numeroso de empresarios petroleros estadounidenses para confirmar sus negocios y para golpear las pelotas de golf, un juego exclusivo de potentados, donde, por cierto, no faltaron palos de whisky, pero sí de golf. Para más información, recomiendo el artículo del periodista venezolano Clodovaldo Hernández, Otro episodio surrealista de Venezuela: la súbita escasez de palos de golf en el portal digital Rotos y Descosidos.
Pensar en las expectativas de nuestros pueblos en asuntos de seguridad social, la felicidad posible, la paz y la estabilidad política no es cuestión de la emocionalidad, la publicidad y los medios privados norteamericanos para engañar con la lógica del mercantilismo y de su naturaleza capitalista. El asunto es sostener lo estratégico de nuestra existencia, cada quien en su trinchera, para que aporten y compartan ideas nuevas, resignificando la realidad y proyectándola sobre la base de nuestra experiencia, que es americana.
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