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Aquí les cuento | La cárcel del pueblo (y 5)

Por  Aquiles Silva

En Brasil se tambalean los sueños

de los pobres de la tierra.

Sin pan, sin libertad y sin tierra.


Se había superado la distancia de los trescientos setenta y cinco metros y siete centímetros, que contenía el decreto gubernamental que, una vez traspasados, sin utilización de violencia alguna, concedía la libertad plena a todo aquel presidiario que lograra evadirse del penal. Ya mediaba el mes de diciembre. Los presos lo sabían. La producción de casabe estaba en su punto más alto, para atender la demanda de la época, en virtud de que, en todo el país se comía hallaca, y en muchos estados se acompaña con casabe. Las especialidades de la producción estaban a la altura de la demanda. Se producía, casabe galleta, del duro tradicional, casabe con ajo, naiboa y jarijari; y cualquier antojo que se le ocurriera a los consumidores. Y sobre todo a los transportistas e intermediarios, que hicieron un gran negocio con la distribución, del producto de la cárcel del pueblo, donde Nery había sido confinado a perpetuidad por el delito de hacer fabulas, para solaz de los diferentes auditorios que le escuchaban.

- ¡Aquí nadie tiene que desesperarse! - ¡Tenemos que cosechar toda esta yuca! -advirtió Nery a todos los compañeros, entre los cuales, algunos se pronunciaban por salir en cualquier lugar, ya conscientes de que habían llegado tan lejos que la libertad era su derecho.

Nery les hizo entrar en razón, explicándole que, por la tradición indígena, ningún campesino sembraba en la tierra una planta de yuca para, una vez iniciada la cosecha, dejar que se perdiera la mayor parte del producto. Todo había que aprovecharlo. ¡Además, sepan ustedes- decía- que en el mundo hay pueblos que no tienen, ni siquiera un pedacito de yuca que llevarse a la boca! ¡La tierra nos da, pero la tierra también castiga a aquellos que hacen uso irresponsable de ella! ¡Y el desperdicio de los frutos es una gran falta de respeto por la madre de todos nosotros! - afirmaba.

Ante la cercanía de la navidad, el gobernador de la ciudad, le ordenó a su secuaz alcaide, que les exigiera mayor producción a los presos; para cubrir la explosiva demanda del producto, por la temporada navideña. Esta situación favorecía el proyecto liberador de Nery. De ahí que los internos redoblaron el horario de trabajo, programando turnos nocturnos para la producción.

Los dos turnos nocturnos aceleraron el minado de la yuca. Igual que el alcance de la meta, ubicada al final del tubérculo que, dados los cálculos realizados estaba cerca.

- ¡No se preocupen muchachos que hoy es veinte de diciembre y en cuatro días estaremos en el punto de salida! -afirmó Nery Vega-

El minado de la pulpa de yuca había avanzado tan consistentemente que estaban debajo de la iglesia evangélica “Cristo el fundamento” que está ubicada frente a la panadería, en la esquina sur oriental de la plaza.

La plaza Bolívar del pueblo, ya desde los primeros del mes estaba siendo intervenida, con faroles, lámparas, bambalinas, globos y toda suerte de adornos navideños. En el altozano de la iglesia, los artesanos y vecinas habían organizado un nacimiento viviente. Para lograrlo, consiguieron actores del pueblo y ensayaron con un burrito, e invitaron a la joven Elizanía que, según la partera Eduviges Tiapa, daría a luz el veinticuatro de diciembre. Y seria muy atractivo para el pueblo y los espectadores, que pariera en el pesebre que habían improvisado, con un gran realismo, en la plaza para escenificar el nacimiento viviente.

Mientras un equipo de creativos artesanos, liderados por Pedrito Silva, hacían de la plaza una verdadera joya de luces, arreglos y colores, debajo de esta, como bachacos, los presos seguían su incansable construcción hacia la libertad.

Desde ese punto, trazando una diagonal con rumbo cuarenta y cinco grados noroeste, está el punto de llegada, donde finalizaba el rabito de la yuca, con un grosor de cuarenta centímetros.

Todo estaba calculado por el líder de la operación. El día veinticuatro de diciembre, en horas de la noche, sería el momento soñado.

El puntero en la excavación, era Rogelio “Mato Salao” Reyes, que era el más flaco.

El rabo de la yuca empezó a subir hasta llegar a una plancha de concreto, que al romperla conducía a un depósito, donde estaba una bomba hidráulica que impulsaba el agua hacia la fuente, adornada con la figura de cuatro indias; realizada por los artesanos Julio Catano y Juan Querecuto.

El depósito tenia capacidad para albergar a cuatro personas. Con una puerta metálica de dos metros cuadrados, a la altura de la acera adoquinada; de la fachada norte de la plaza Bolívar. 

La plaza navideña estaba tan concurrida, que a las diez de la noche no cabía un alma. La iglesia abarrotada de gente. Al interior las autoridades: gobernador, alcaide, los representantes municipales; los concejales y el burgomaestre, todos vestían trajes ostentosos. Y el cura en la iglesia derrochaba sus mejores galas para la ocasión. 

En una tarima estaba el coro de aguinaldos cantando villancicos y aguinaldos.

“La virgen María llegó a playa grande

Pidiendo posada casa e los Hernández”

A las once de la noche empezó el afloramiento de los hijos de la yuca.

Desde la iglesia se cantaba:

“Niño lindo ante ti me rindo

Niño lindo eres tú mi dios”

Se abrió la puerta de la fuente y empezaron a salir los hombres libres que llenaron de casabe todo el mercado del país. Faltando cinco minutos para las doce de la noche salió el ultimo de los evadidos. ¿Quién iba a ser? ¡Nery Vega, claro!

En el nacimiento viviente Elizanía, tal lo previó la partera Eduviges Tiapa. Parió.

Los muchos concurrentes de la plaza aplaudieron estruendosamente. Un grupo frente al nacimiento y la mayoría entorno a la fuente.

Desde el coro se escuchaba: 

“Con mi burrito sabanero voy camino de Belén”

Entorno a la fuente los curiosos repetían la primera frase del coro:

“Si lo ven, si lo ven”



Valle guanape 6 de octubre 2026.