Image

Comentarios noticiables | Los cincuenta años del crimen de Barbados...

que perdura en las mentes cubanas

Por J. J. Álvarez

10/10/2026.- Hace cincuenta años Cuba padeció un crimen alevoso y repugnante que conmovió a su nación y que aún se mantiene presente en la memoria colectiva de su pueblo. El miércoles 6 de octubre de 1976, la aeronave CUT-1201, modelo DC-8, vuelo 455, de la empresa Cubana de Aviación, partió del aeropuerto internacional de Barbados, adonde había llegado de Trinidad y Tobago. El avión cubano se dirigía a Kingston, Jamaica, desde donde se iba a trasladar hacia La Habana, destino final del periplo iniciado en Georgetown, Guyana. En la aeronave viajaban 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima que ganó para Cuba todas las medallas de oro del Campeonato de Esgrima de Centroamérica y el Caribe, realizado en Venezuela. Junto a ellos iban 15 componentes de otro avión cubano que se encontraban rotando en Barbados; 18 trabajadores de la Flota Camaronera del Caribe; y 16 estudiantes becados (11 guyaneses que iban a estudiar Medicina y 5 norcoreanos). Todos perdieron la vida por culpa de un sabotaje que hizo estallar la aeronave en pleno vuelo a tres millas de las costas de Barbados. Se trató de un crimen que conmovió a toda la nación y que hoy sigue en la memoria colectiva del pueblo cubano.

Luis Clemente Faustino Posada Carriles (quien operaba con los seudónimos Basilio y Bambi) y Orlando Bosch Ávila, terroristas de origen cubano, miembros de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos de América (EE. UU.), tenían buenos contactos con agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI). Ellos fueron los que concibieron, planearon y dirigieron el acto genocida que se materializó cerca de las costas de Barbados. Eran unos personajillos con notorios antecedentes que incluían graves delitos cometidos en el territorio estadounidense y desde allí practicaban su infame oficio sin que nada ni nadie los molestara. Persuadidos de que disfrutaban de total impunidad, en la larga cuenta de crímenes y vandalismo cometidos en este continente —donde añadieron 73 personas cruelmente asesinadas, entre ellas 57 de origen cubano—, su objetivo no era otro que sembrar el terror y tomar la más ruin y cobarde revancha contra el pueblo de Cuba. Todo esto en contubernio con dos venezolanos, fotógrafos del diario El Mundo de Caracas: Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo, vinculados en alguna forma a la CIA. El primero, que había utilizado dos identificaciones falsas ("José Velázquez" y "José García"), colocó las dos bombas de alto poder explosivo en el baño del avión de Cubana de Aviación con la colaboración de Freddy Lugo. Freddy Lugo confirmó esta información, estando recluido en el retén de La Planta, a la periodista Alicia Herrera.1

Hernán Ricardo Lozano, de 34 años, y Freddy Lugo, de 25 años, fueron detenidos en Puerto España y deportados esposados a Venezuela, custodiados por la policía venezolana a bordo de la Línea Aeropostal, que aterrizó en Maturín, para ser procesados en Venezuela. También podían haber sido enjuiciados en Barbados o en Trinidad y Tobago, por tener derecho a juzgar a los implicados. Con la inminente tarea de aplicar la legislación penal correspondiente, se decidió estructurar el caso de Lozano y Lugo y agregarlo al expediente del juez Décimo Primero Penal, Alberto Pérez Marcano, en lo que competía a los otros detenidos, Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, dentro del mismo episodio terrorista.

El juez Pérez Marcano decide la absolución de Bosch, argumentando la inexistencia de elementos probatorios, cuando este había quedado convicto y confeso, y condena a veinte años de prisión a Hernán Ricardo Lozano y a Freddy Lugo. Sobre Posada Carriles, quien aprobó la colocación de los artefactos explosivos en la aeronave cubana y causó la muerte de 73 personas, no hubo tal juicio debido a que pudo fugarse de la cárcel de San Juan de los Morros, donde estaba recluido.

La delegación cubana opinaba que los tres países con derecho a reclamar la jurisdicción en el caso del atentado al avión de Cubana de Aviación eran Cuba, Barbados y Venezuela. Cuba porque el avión formaba parte del territorio cubano, según sus leyes; porque la mayoría de las víctimas eran cubanas; y porque la voladura del avión era una agresión directa contra Cuba por parte de la CIA y del Gobierno imperialista de Estados Unidos. Barbados porque fue el país donde se realizó el sabotaje. Y Venezuela porque fue el país donde se estructuró el abominable crimen. Cuba no tuvo reparo alguno de que fuera Venezuela la jurisdicción penal en que se debía ventilar el caso. Aun así, hay algo que no puede ignorarse: el fallo condenatorio fue confuso.

Durante el vuelo 455 de Cubana de Aviación de Barbados a Jamaica, a los nueve minutos de haber partido, una radiocomunicación urgente rompió el silencio de la torre de control: "¡Seawell!, ¡Seawell!, CUT-455, ¡Seawell! Tenemos una explosión a bordo (…) estamos descendiendo inmediatamente. Tenemos fuego a bordo (…) CUT-455. Estamos solicitando aterrizaje inmediato, ¡inmediato!". La torre contestó: "CUT-455, autorizado para aterrizar (…) Recibido". Se oye de nuevo la voz angustiada desde el avión siniestrado: "¡Cierren la puerta! (…) ¡Tenemos una emergencia total! ¡Pégate al agua, Felo! ¡Pégate al agua!". Se hizo un silencio angustioso. Solo se oyó una voz desde un avión venezolano que volaba cerca: "Este es DQ-650 (…) ¿Los podemos ayudar en algo?". Testigos presenciales declararon poco después que vieron caer el avión de Cubana en el mar, de nariz, mientras salía humo de la cola.

Al cumplirse medio siglo de aquella tragedia que enlutó a numerosos hogares, este atentado monstruoso y cobarde sigue siendo una ofensa a la justicia y a la dignidad de los pueblos cubano y venezolano. Asimismo, deja al descubierto el carácter hipógrita, farisaico y demagogo de un sistema judicial complaciente con la CIA —enemiga de Cuba y de toda América Latina y el Caribe— y reafirma en la memoria colectiva el compromiso de que una barbarie semejante no se repita nunca más.

Fuentes:

1Herrera, A. (2005). Nosotros pusimos la bomba... ¿y qué? (4.a ed.). Vadell Hermanos Editores.