Image

María Lionza soberana de la identidad espiritual venezolana

Cada 12 de octubre se realizan ceremonias en torno a su figura en la Montaña de Sorte

Los rituales incluyen rezos, sahumerios, uso de hierbas medicinales, ofrendas de licor, flores, tabaco y peticiones de sanación.

13/10/26.- En el corazón del estado Yaracuy, las laderas del Monumento Natural Cerro María Lionza conocido ancestralmente como la montaña de Sorte y Quibayo se convirtieron en el epicentro de la espiritualidad y la memoria histórica del país con la realización del 5º Encuentro Nacional, Pluricultural, Multiétnico y Ancestral por la Paz y el Renacer.

La jornada contó con la participación de delegaciones de pueblos originarios, comunidades afrodescendientes y cultores de todo el territorio nacional, quienes se congregaron para conectar con las raíces profundas de la identidad venezolana. 

​El hito central de la celebración fue la ejecución del ancestral Baile en Candela, una manifestación ritual declarada Patrimonio Cultural de Venezuela en 2024. A ritmo de tambor y bajo el misticismo de los brasas encendidas, marialionzeros y devotos desafiaron el fuego como antesala al 12 de octubre, Día de la Resistencia Indígena, en un acto que simboliza la fuerza espiritual, el trance purificador y el triunfo de la fe comunitaria. 

​El encuentro rindió un sentido homenaje a la figura de María Lionza, mítica deidad y soberana protectora de la naturaleza, las aguas y las cosechas en el imaginario popular venezolano. De acuerdo con la tradición oral, fue una princesa indígena de ojos verdes nacida en la etnia jirajara, consagrada como guardiana de la fauna y del ecosistema larense-yaracuyano.

En la cosmogónica espiritual de la nación, encabeza la tríada de las “Tres Potencias” junto al Cacique Guaicaipuro y el Negro Felipe, encarnando el sincretismo perfecto donde convergen la raíz indígena, la herencia africana y la devoción católica. 

Las autoridades del Gabinete Cultural y los voceros comunitarios destacaron que la conservación de estos espacios sagrados garantiza la salvaguarda de la diversidad de cultos, el respeto a la madre tierra y la difusión intergeneracional de los saberes autóctonos. Con el Baile en Candela como llamarada de resistencia, el pueblo yaracuyano reafirmó el compromiso de mantener vivo un legado de paz, dignidad y espiritualidad que trasciende las fronteras del tiempo.

Símbolo vivo de la espiritualidad venezolana

Las peticiones deben hacerse siempre pidiendo por el bien mayor, la salud, la evolución espiritual o material, evitando dañar o coaccionar a otras personas.

​​En la geografía mística e histórica de Venezuela, la figura de María Lionza emerge como la deidad popular más emblemática y respetada del país, el origen de su culto data del siglo XX. Concebida en la tradición oral como una hermosa mujer o princesa de origen indígena jirajara nacida en las tierras de Yaracuy, su historia relata que fue rescatada y acogida por una anaconda gigante en las profundidades de la laguna, convirtiéndose con el tiempo en la dueña protectora de la fauna, la flora, las cuencas hidrográficas y los bosques de la región.

A pesar de que se considera de origen indígena, también se representa como una mujer blanca con una corona de oro en la cabeza.

​A lo largo de los siglos, el legado de María Lionza trascendió el mito local para transformarse en la columna vertebral de una profunda fe comunitaria y espiritual. Se le atribuyen milagros de sanación, resguardo de los desprotegidos, equilibrio con la madre Tierra y la intercesión por la paz de las familias. Su morada sagrada, el Monumento Natural Cerro María Lionza (que abarca los sectores de Sorte, Quibayo y El Loro) se convirtió en un centro de peregrinación al que acuden miles de devotos, curanderos y creyentes para rendirle culto, canalizar peticiones y agradecer sus favores a través de baños de purificación, velaciones y ceremonias ancestrales. 

​El hito más significativo de su devoción es la conformación del altar de las “Tres Potencias”, donde la Reina María Lionza preside el centro de la tríada espiritual flanqueada por el Cacique Guaicaipuro (representante de la resistencia indígena) y el Negro Felipe (símbolo de las luchas afrodescendientes). Esta estructura simbólica consolidó el sincretismo perfecto del pueblo venezolano, fusionando las raíces autóctonas, la herencia africana y la devoción católica en una manifestación de fe auténticamente mestiza.

“Baile Candela”

Participantes en trance caminan sobre brasas de fuego encendidas como acto de purificación espiritual.

En la actualidad, las prácticas asociadas a su figura entre las que destaca el emblemático Baile en Candela, que consiste en varios ritos que realizan creyentes y seguidores en honor a la reina espiritual María Lionza, personaje mítico que forma parte de leyendas ancestrales indígenas de la zona  representan un baluarte inmaterial de identidad, arraigo y memoria ancestral.

Los creyentes de este culto van a la montaña, y llenan todos los lugares disponibles para armar sus portales y realizar sus ritos. Subiendo a un lado del río que baja de la montaña, se puede ver a los feligreses que se sumergen en los pozos y se bañan bajo las caídas de agua, para hacer purificaciones y despojos. En los portales, la gente observa admirada cuando un creyente es poseído por uno de los espíritus que son invocados para hacer alguna purificación. Estos espíritus hablan a través de quien es poseído y traen mensajes para los presentes.

María Lionza no solo es recordada como la guardiana silvestre de Yaracuy, sino como una fuerza viva que cobija el espíritu de resistencia, la diversidad cultural y el respeto por la naturaleza en la conciencia colectiva de la nación.

ORIANNA GONZÁLEZ / CIUDAD CCS