Letra veguera | Un tal Oliver Kornetzke y el emperador
Kor
Por Federico Ruiz Tirado
14/10/2026.- Caminaba por una calle de La Candelaria sin rumbo fijo, entre sus recovecos históricos y emblemáticos de una Venezuela híbrida pero muy marcada por la presencia del emigrante español, con ese andar desganado de quien procura no llamar la atención del destino, atento a las réplicas de los terremotos y asfixiado por el humo denso y amargo de los autobuses que recorren una ciudad de identidad desdibujada por su caos natural y sus zonas de compresión, al decir de Fruto Vivas.
Mientras lo hacía, gravitaba en mi pensamiento una idea vieja como el mundo, a saber, que la historia de las naciones la van escribiendo siempre los mismos señores de traje impecable y dentadura tan perfecta que parece falsa.
Bar de mala muerte
Entré a un bar donde hablaban de temas políticos y decían algunos encorbatados, con pintas de intelectuales, entre trago y trago, que había un gringo, un tal Oliver Kornetzke, que se dedicó al trabajo de poner en letras de molde lo que todos ya sabían sobre el gran circo de la política, refiriéndose en particular a ese magnate rubio de corbata estridente que jugaba a ser rey frente a las cámaras de televisión, y se autoproclamó Dios, llamado Donald Trump.
Especie de cadáver
Sostiene el estudioso Oliver, o lo que quiera que fuese, que el individuo en cuestión no era más que una "especie de cadáver embutido en un saco que le venía grande", fórmula ciertamente afortunada para saltar al mostrador a la hora del crepúsculo, de esas que hacen cabecear de aprobación a sus feligreses.
En esa zona del centro de Caracas hay bares, plazas y locales con olor a la antigua clase media. Adecos, copeyanos, gente de la antigua izquierda, con estilo de jubilados, que, mientras reclaman unas copas de ginebra, se les traba la lengua hablando bolserías de "la época" después del 3 de enero.
Me dije: "Están mezclando cañas", pero a mí, que observaba el discurrir de la vida, no me iban a joder con especulaciones académicas ni con tratados de sociología de salón, porque la materia de la que está hecha la realidad resulta infinitamente más sencilla y mucho más antigua que el primer tango grabado en la historia.
La pura verdad de lo que ocurre con el magnate de EE. UU. y con los senadores que se pliegan y se doblan como juncos al primer soplo de aire y con toda esa comparsa que pretende adueñarse del planeta, es que padecen un terror atávico hacia los desposeídos.
Algo de miedo
No se trata, entiéndase bien, del miedo vulgar a ver disminuidas sus cuentas bancarias, sino de ese odio rancio, metódico, pacientemente rumiado que las clases acomodadas reservan para todo aquel que huela a combustible barato, a fiambre de baja calidad o al sudor denso del taller mecánico. A esa gente no le perturba en absoluto que el pueblo pase privaciones o hambre; lo que verdaderamente les exaspera es su sola existencia, que transiten por las mismas aceras, que se atrevan a sostenerles la mirada sin inclinar la cerviz, de ahí que la sevicia y el encono no sean, como pretenden hacernos creer los analistas que pontifican en la radio, un simple error de cálculo o un exceso involuntario de las administraciones de paso. En absoluto, la crueldad es en verdad un instrumento de precisión, una herramienta meticulosamente afilada para convencer al de abajo de su total insignificancia, como son los casos de Milei o de Ayuso.
Te van privando del acceso a la medicina, te encarecen el billete del transporte, te colocan al vigilante en la esquina para fiscalizar tus pasos y, por si fuera poco, te explican desde una pantalla luminosa que la culpa de tus males es únicamente tuya por no haber tenido el buen tino de nacer en cuna de oro, como María Corina o Lorenzo Mendoza; mientras tanto, los otros, aquellos que antaño vestían el ropaje de conservadores ilustrados y diplomáticos de modales finos, personificados en figuras de voz aflautada como Marco Rubio, acaban haciendo fila pacientemente para acariciar el ego del matón de turno, con tal de asegurarse un rincón de sombra a la vera del mando, porque, al cabo de la jornada, las frases tajantes y las palabras afiladas sirven a lo sumo para mantener a flote el ánimo frente al embate de la marea, pero la verdadera contienda se libra abajo, en la dureza del asfalto, allí donde los olvidados continúan sosteniendo el peso de los días, porque los poderosos podrán adueñarse de los periódicos, de los tribunales y de las armas, pero jamás lograrán descifrar esa terca, incomprensible dignidad de quienes, no teniendo absolutamente nada que perder, se obstinan sencillamente en no desaparecer de la faz de la Tierra.
¿Quién es Oliver Kornetzke?
Donald Trump es el eje principal de su trabajo y la razón por la que sus escritos han sumado en el entorno digital progresista. No aborda la figura de Trump desde un análisis institucional o puramente periodístico, sino a través de ensayos mordaces, cargados de una retórica visceral y altamente descriptiva.
Claves
Uno de sus fragmentos más viralizados y compartidos por movimientos como el Trump Resistance Movement lo define textualmente como "el cadáver purulento de la podredumbre estadounidense embutido en un traje que no le queda bien", sintetizando en él factores como el racismo, la codicia y la corrupción sistémica.
Crueldad
En sus ensayos argumenta que el comportamiento, el caos y las políticas del trumpismo no son producto de la improvisación o la mera incompetencia, sino de una estrategia deliberada para desestabilizar las instituciones democráticas, erosionar la confianza pública y polarizar a la sociedad.
Kornetzke también dedica espacio a criticar la alineación del conservadurismo tradicional en EE. UU., retratando a figuras del propio partido (como Marco Rubio u otros líderes) como aliados sumisos que han sacrificado su integridad para rendir pleitesía al liderazgo de Trump.
Sus escritos funcionan a menudo como "manifiestos de indignación" diseñados para movilizar emocionalmente a los votantes de izquierda y centrar el debate en el impacto ético y social de un eventual retorno o consolidación del trumpismo.
Por esta razón, la obra de Kornetzke se consume principalmente como un referente de opinión de trinchera y contranarrativa política, donde el objetivo es desmantelar la imagen pública de Trump mediante el uso incisivo de la palabra.
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