Memorias de un escuálido en decadencia | Cansados
Por Roberto Malaver
16/10/2026.- —¡Nos rendimos! Compañero Trump, casi lo está logrando. Estamos a punto de rendirnos. Es decir, se acabó, lo nuestro está muerto. Se acabó, le juro que es cierto. Cada día usted nos sorprende con una medida que nos deja con la boca abierta. Acaba de quitarle las sanciones al presidente de la Asamblea Nacional, o sea, a Jorge Rodríguez, y antes, en septiembre, le quitó las sanciones a la dictadora, es decir, a Delcy Rodríguez; lo que falta es que meta presos al compañero Juan Guaidó y al exembajador Carlos Vecchio, para ponernos a llorar. A lo mejor no, porque muchos de nosotros estaremos de acuerdo con esa medida, porque Guaidó se fue de aquí millonario, y ahora, el compañero Mike Pompeo acaba de declarar que le dieron un millón de dólares en ayuda para que asumiera la presidencia del país. Le juro que soñamos con ver la nevera de Fabiola; cuando se fue de aquí, esa nevera daba lástima, porque estaba vacía; ahora debe estar jarta, llena hasta los tequeteques, como dicen allá, en Tacarigua despacio.
No hay derecho a que nosotros, después de pasar por todo lo que hemos pasado, venga usted ahora a jodernos de esa manera, estimado Trump. Y parece que usted goza una bola con maltratarnos. Ya la compañera María Súmate está que le pide que le devuelva su coroto, o sea, su medallón del Premio Nobel de la Paz. Y es que se nota que usted nos quiere humillar. Allí está, por ejemplo, el amigo Marco Rubio; sale casi besando a la “meretriz” de la política, como le dijo el compañero Esteban Gerbasi, es decir, a la compañera Dinorah Figuera. Si uno analiza esa foto (parece mentira, pero hay analistas de fotos), entiende claramente que esa vaina es contra nosotros. Además, declara que todo está marchando bien, y no se han dado cuenta de que nuestra compañera María Súmate sigue buscando un pasaje para volver con la frente marchita a su país. Está logrando que el pueblo venezolano se canse de usted, como nos estamos cansando nosotros. Esta decepción contra usted crece todos los días. Y seguro que ahora usted está más arrecho que nadie, porque tampoco este año le dieron el premio Nobel de la Paz; se lo dieron a “Navy” Pillay, una mujer activista, sudafricana, que está defendiendo la paz y el derecho internacional, dos cosas que usted no puede ver ni en pintura, y que, seguramente, no va a ir a la Casa Blanca a llevarle la medalla a usted, como fue nuestra líder. Por favor, compañero Trump, entienda de una vez que hemos sido nosotros los que nos hemos dedicado a jalarle todas las bolas del mundo, como dicen aquí, y se lo digo sin vergüenza, porque nosotros no tenemos esa vaina.
Deje entrar de una vez a la compañera María Súmate a su país, o mejor dicho, a lo que queda de país, que es lo que más quiere esa mujer. Con la compañera aquí, a usted se le hace más fácil adueñarse de lo que le dé la gana, pero con ese trato que nos está dando, estamos dispuestos a luchar contra el imperialismo que usted representa. Vamos a meternos a comunistas si nos sigue jodiendo de esa manera. Somos nosotros sus verdaderos representantes en este país de canastas y tés.
El papá de Margot llegó de la calle y dijo: "Otra vez salen a votar las comunas, es decir, los chavistas, este domingo 18. Y el compañero Trump permite esa vaina y no permite que venga María Machado a lo que queda de país. Esa vaina no la entiende nadie. Ya verán este domingo a ese montón de chavistas eligiendo sus propuestas para ver si les dan los 10 mil dólares que les pagan para arreglar sus vainas, que pudieran arreglarse con todos los dólares que nos ha robado Trump; con perdón, se me salió el comunista, es que ya estamos cansados de tanto maltrato”. Y se fue al cuarto y le metió ese coñazo tan duro a la puerta que la vecina salió gritando: "Vete, no te quiero ver más en mi camino, muérgano”.
—No te sientas vencido, aun siendo vencido —me declama Margot.
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