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Rostro de mujer | Más allá del diagnóstico...

La fe y la entereza que vencen al cáncer de mama

 Por Nirman García Berbeo

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24/10/2026.- En este mes rosa, nuestra columna Rostro de mujer viste sus letras de empatía, memoria y esperanza. Queremos rendir un profundo y merecido homenaje a aquellas guerreras que han salido victoriosas del flagelo del cáncer de mama, recordando con admiración los encuentros que hemos sostenido con mujeres cuya valentía trasciende cualquier estadística.

La realidad que rodea a esta enfermedad es contundente. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el cáncer de mama es el más común y la principal causa de muerte por tumores malignos en las mujeres de América Latina y el Caribe. Cada año, en la región se diagnostican más de 210.000 nuevos casos y se registran aproximadamente 52.000 fallecimientos. Sin embargo, detrás de las cifras hay historias de carne, hueso, fe y resistencia; historias como la de Beatriz Pineda.

Su camino no fue sencillo. En 2019, detectó una protuberancia en su mama derecha. Impulsada por la insistencia de su prima, acudió a una consulta médica donde una ecografía mamaria y una posterior biopsia confirmaron el diagnóstico que cambiaría su vida.

El golpe llegó en uno de los momentos más oscuros de su entorno familiar: acababa de afrontar el duelo por la pérdida de su hermano y, poco tiempo después, la de su madre. Además, cuidaba con dedicación de su padre anciano, a quien había traído a vivir consigo. Lejos de dejarse vencer o paralizarse por el miedo, Beatriz tomó la decisión de proteger a los suyos. Al día siguiente del diagnóstico, con una entereza inamovible, se repitió a sí misma que su familia la necesitaba y que no era momento de rendirse.

Para no angustiar a su progenitor, le restó dramatismo al proceso contándole que solo le extraerían “una pepita de aceituna”. Ingresó a quirófano con la firme convicción de que la enfermedad era solo una misión más por cumplir en la Tierra. La cirugía fue todo un éxito: le retiraron el tumor y dos ganglios axilares que, afortunadamente, resultaron negativos.

“Yo tomé esa enfermedad con entereza. Se tiene que enfrentar, no tenerle miedo, estar convencida de que lo que tú haces en esta vida es para cumplir una misión". Me dije: "Esto no me va a llevar (...) Saldré de esto, mis hijos me necesitan", y me repetí: "No me iré por una enfermedad, sino cuando cumpla mi propósito en la Tierra”, recuerda Beatriz.

Seis semanas después de la intervención, inició sus sesiones de radioterapia, sin necesidad de someterse a quimioterapia. Hoy en día, es una paciente agradecida del Hospital Oncológico Padre Machado, institución a la que atribuye haberle salvado la vida. Beatriz continúa en control estricto dos veces al año y mantiene su tratamiento preventivo, demostrando que un diagnóstico a tiempo es sinónimo de oportunidad.

“Sigo haciendo mi vida; claro, me cuido en mi alimentación, no bebo, no me trasnocho... me gusta trabajar y sentirme útil”, afirma con orgullo.

Su mensaje para todas las mujeres que hoy atraviesan esta dura prueba es un llamado a la acción, a la autoexploración oportuna y, sobre todo, a la fe:

 “No vean la enfermedad como una barrera inalcanzable; nosotras somos del tamaño del compromiso que se nos presenta, y todo lo podemos de la mano con Dios. Si se tiene fe, se va a lograr. El tiempo de Dios es perfecto y alcanza para todo. Sí se puede, porque los límites se los pone uno, y el límite es el cielo”.

Beatriz Pineda es, sin duda, el rostro de la esperanza. Su historia nos recuerda que, aun en los momentos más oscuros, la determinación, el amor por la familia y la detección temprana son las herramientas más poderosas para ganar la batalla.

Foto leyenda: Una guerrera que inspira a seguir luchando