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Letra invitada | Los valores de Alí Primera

Por Jimmy López Morillo

jimmylopezmorillo@gmail.com

29/10/2026.- Cuando, cruzando la adolescencia, entendí que mis caminos estarían marcados por las luchas revolucionarias, tenía dos referentes principales: Fidel Castro y Ernesto Che Guevara. Sin embargo, en el país había otra persona que, aun cuando sus canciones eran censuradas en la mayoría de las emisoras radiales y le negaban apariciones en canales de televisión, había podido colarse en nuestros hogares con temas que nos removían el alma y la conciencia: Alí Primera.

Tan pronto tenía la oportunidad de escucharlas, esas canciones me marcaban. Por eso, comencé a reunir poco a poco el dinero para comprar su disco, Lo primero de Alí Primera. Envuelto en papel periódico, lo llevaba todos los domingos a casa de una tía en Los Teques, cuando iba de visita con mi madre. Allí lo ponía a sonar cuantas veces pudiera, aunque no con mucho volumen, pues, para la época (a finales de los setenta), ese acto de "subversión" nos podía acarrear problemas con los cuerpos represivos de la dictadura puntofijista.

Sus letras me alentaban, insuflándome, sobre todo, esperanza. Por eso, cuando un domingo de mayo de 1980, le dije a mi madre: "Mira, ahí va Alí Primera, el de los discos que yo compro", al verlo caminar junto a una de sus hijas por la plaza Miranda, lo abordé a petición de mi viejita. "Alí, disculpa, mi mamá te quiere saludar", y él, como si fuéramos conocidos de toda la vida, se acercó a ella, le pidió la bendición y la felicitó porque, casualmente, era el Día de la Madre.

Desde entonces, comenzamos a cultivar una amistad en la que el entonces estudiante de Periodismo (lamentablemente, no pudo verme graduado) no dejaba de hacerle preguntas, estuviera o no entrevistándolo. Comencé a palpar la gran calidad humana de una persona que ponía en práctica lo que decía en sus canciones. Jamás olvidaré su solidaridad con otros pueblos que luchaban por su liberación, a los cuales aportaba buena parte de las ganancias de sus discos, que se vendían muy bien, pese a la censura. Igual lo hacía con otros cantores y hasta conmigo, ayudándome sin yo pedírselo cuando veía que me encontraba en apuros.

Entre tantas cosas que me dijo, hay una que no me canso de repetir frente a tantos bocazas y corruptos disfrazados de "rojos, rojitos": "No me autodefino como revolucionario; prefiero que mi conducta me defina como tal". Este sábado Alí cumplirá 85 años de fecunda vida, más allá de su cambio de paisaje, y quienes de alguna forma fuimos tocados por su calidad humana y revolucionaria no dejaremos de resaltar esos valores que lo mantienen junto a nosotros.