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Rostro de mujer | Mari Yegues

La resiliencia hecha mujer, pilar y fuerza de su propia historia

Por Nirma García Berbeo

Hay mujeres cuyas vidas se leen como un mapa de resistencia y afecto profundo. Féminas que aprenden temprano a sostener el peso de los suyos sin soltar la sonrisa, que transforman el dolor en motor y que, frente a la adversidad, deciden levantarse con la convicción intacta de que ningún ser humano es digno de lástima. Así es Mary Yeguez, una fuerza de la naturaleza cuya voz vibra con la autenticidad de quien le ha mirado de frente a la vida y le ha ganado cada batalla.

Nacida en el seno de un hogar numeroso —criada entre tres hermanos varones y convertida en la única mujer y “la consentida”—, la niñez de Mary estuvo marcada por el cariñoso asedio de una familia que la veía como la bebé de la casa. Pero esa sobreprotección, nacida del amor y de los celos protectores de una madre y un hermano que temían por ella en la calle, dibujó también sus primeros retos.

Con apenas 17 años tomó una decisión que hoy evoca con la sabiduría de los años: casarse. No la movió una gran historia de amor, sino el anhelo de complacer a su madre y la búsqueda de su propia independencia. A los 20, se convirtió en madre con el nacimiento de Yeimy. Después llegaron sus tres varones: Yorman, Yoskar y Yoiner, para terminar de trazar su mapa familiar.

Los años siguientes no fueron fáciles. Se fue a vivir alquilada desafiando las normas maternas, enfrentando el momento más duro de su vida cuando el padre de sus hijos quedó sin empleo y las cuentas del hogar, el colegio y la comida se volvieron una cuesta empinada. Tras el divorcio y con los años, la vida le dio una nueva oportunidad con una pareja que hoy define como su gran compañía y apoyo, la dupla perfecta para una mujer que nunca quiso quedarse sola.

Al ser consultada por el equipo de Rostro de mujer sobre cómo se define, se describió a sí misma como una mujer dinámica, extrovertida y activa. Sin embargo, su verdadero motor y el reflejo más puro de su fuerza lo encuentra en la mirada de sus cuatro hijos: Yeimy, su primogénita- a quien ama con el alma y admira profundamente- así como en sus otros tres hijos, quienes completan su mundo, siendo cada uno de ellos un pilar fundamental en su vida y el latido constante de su corazón. 

Cuando el agotamiento físico o emocional amenaza con fracturarle el paso, ella tiene clara la fórmula para seguir adelante: “Tú no puedes caer. Tú eres la columna”. 

Esa misma columna vertebral la ha sostenido durante más de dos décadas de labor incansable, tiempo en el que se ha ganado el afecto sincero de sus compañeros. Quienes la conocen coinciden en describirla como una mujer alegre, con una profunda vocación de servicio, y siempre dispuesta a salir adelante.

Con una honestidad que desarma, Mary confiesa que ha aprendido a no confiar ciegamente, porque “todo el mundo no es igual”, pero mantiene inquebrantable su fe en el trabajo y en la capacidad de reconstrucción.

Ante las complejidades del entorno actual, su visión sobre el rol de la mujer y el valor del esfuerzo propio es clara y categórica. Lejos de posturas pasivas, su mensaje es un llamado directo a reconocer la capacidad individual y la autonomía a través de esta firme reflexión:

“Las mujeres tenemos el poder de avanzar y construir nuestro propio camino. Nada llega sin esfuerzo ni cae del cielo; hay muchísimo por hacer y un gran potencial por descubrir en cada una de nosotras. Me entristece ver a mujeres en una situación de vulnerabilidad o dependencia cuando tienen la capacidad de salir adelante por sí mismas mediante el trabajo. Ninguna mujer, ni ningún ser humano, nació para generar lástima, sino para ser valorado por su dignidad y su propia fuerza”.

Aunque estas navidades evoquen la inevitable nostalgia y las profundas heridas del doble sismo del 24 de junio, Mary Yeguez mantiene la mirada firme en el mañana. Con la valentía de quienes transforman el dolor en fortaleza, nos recuerda una verdad fundamental: mientras contemos con salud, lucidez y vida, siempre existirá la oportunidad de levantar lo caído, abrir nuevos caminos y seguir adelante.

El arte de levantarse siempre 

Nirman García Berbeo 

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