Rostro de mujer | La fe inquebrantable, la sonrisa que edifica y...
el arte de servir con el alma
Por Nirman García Berbeo
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07/11/2026.- Hay historias que no se cuentan simplemente enumerando acontecimientos, sino respirando el latido de quienes las protagonizan. La vida de Shakira de Molina es un testimonio en alta definición de lo que ocurre cuando una persona decide caminar, de la mano de la fe, desde sus primeros pasos. Educadora de profesión, pastora por vocación y una mujer cuya alegría y seguridad personal desbordan cualquier espacio, su recorrido es de resiliencia, amor familiar y entrega absoluta a un propósito superior.
La historia de Shakira comienza en la ternura de los primeros años. Apenas a los dos, su abuela, la recordada Jesusita Báez, la llevó de la mano a la Iglesia cristiana. Fue en ese umbral de la infancia donde conoció y se enamoró de un ser que no se ve con los ojos físicos, pero cuya presencia se imprime indeleblemente en el espíritu. Aquella semilla plantada en la niñez no se quedó estática; trascendió las paredes del templo y llegó al seno de su propio hogar. En una familia donde sus padres al principio no compartían la fe, fueron las oraciones constantes de su abuela y las suyas propias las que abrieron el camino para transformar la atmósfera de su casa.
Imposible olvidar los años de escuela dominical o los nombres que marcaron un antes y un después en su formación. Entre ellos brilla el de su tutora, Gladys Gómez, quien, con disciplina, amor genuino por Dios y rigor en la instrucción de la palabra, se convirtió en el ancla que mantuvo a Shakira firme, impidiendo que en ningún momento se apartara del camino.
La adolescencia siguió esa misma sintonía luminosa. Lejos de las distracciones vacías, su juventud transcurrió entre templos, congresos juveniles y un profundo deseo de conocer su país. Viajó por múltiples rincones de Venezuela, donde compartió con otros jóvenes y aprendió de las escrituras. De esos periplos infantiles y juveniles guarda postales imborrables, como aquella noche en la que cruzó por primera vez el imponente puente sobre el Lago de Maracaibo. Recorrerlo en la oscuridad y contemplar la inmensidad de la obra creadora dejó en ella una certeza que la acompaña hasta hoy: cada detalle de la naturaleza es una carta de amor escrita por el Creador para la humanidad.
En el marco del encuentro con el equipo de Rostro de mujer, expresó su admiración hacia su padre Elpidio Toro, de quien conserva un legado de amor incondicional. Independientemente de las circunstancias o de las etapas de su vida, su progenitor siempre estuvo presente. Incluso en los momentos de tropiezo, cuando los errores propios de la adolescencia o de la adultez hacían sombra, él jamás le dio la espalda.
Lejos de la crítica destructiva, su respuesta era un abrazo cálido y una frase que encendía la esperanza: "Vamos a continuar adelante". Esa experiencia de un amor humano que no condena, sino que levanta es el espejo en el que ella misma se mira para acompañar a otros.
La vida de los líderes espirituales no está exenta de pruebas, y Shakira no oculta el capítulo más difícil que le ha tocado vivir: la separación temporal de su esposo. Fue año de distanciamiento que fracturó la estructura de su hogar en aquel entonces.
Sin embargo, aquella prueba se convirtió en un terreno de milagros. El Señor no solo lo trajo de vuelta, sino que lo hizo acompañado de una restauración profunda: renovó el amor, encendió una comunicación más honesta, trajo madurez y un crecimiento que hoy sostiene su familia con mayor solidez. Lejos de querer borrar este episodio de su pasado, Shakira lo abraza con gratitud, convencida de que cada fragmento roto tenía un propósito divino.
Madre de una sola hija, Ana, de trece años, describe su relación con una devoción infinita. Ana no es solo su hija; es su compañera de ruta, su cómplice y su reflejo espiritual. Con los mismos dones y una sintonía fina que les permite percibir el mundo de la misma manera, madre e hija mantienen una comunicación constante y profunda.
Para las madres que hoy transitan el desafiante territorio de criar hijas adolescentes, Shakira regala un consejo nacido de la experiencia y de la sabiduría de los proverbios de Salomón: "Escúchenlas, conozcan cómo se sienten, qué hay en su interior. Y, sobre todo, oren incansablemente por ellas. Los hijos son un tesoro sagrado que Dios ha puesto en nuestras manos".
A su lado, un árbol genealógico de afectos la sostiene: su madre Maritza Quintana, a quien define como su amiga, hermana y refugio, además, con la esperanza viva de volver a abrazarla pronto, más allá de la distancia que hoy las separa.
Para concluir, aprovechó la ocasión para dejar un mensaje a nuestros lectores: "Aunque atravieses una tormenta, no estás sola. Dios te sostiene la mano y te dice: 'Sé valiente, yo estoy contigo'. Cree en él, porque en sus manos todo vuelve a florecer".
Foto leyenda: Shakira de Molina
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