Memorias de un escuálido en decadencia │ Corrupción

23/03/23.- —¡¿Cuánto hay pa eso?! Nos salvamos. Los chavistas empezaron a meter presa a la gente que estaba empatada en una de querer parecerse a nosotros, y, por lo visto, estuvieron a punto de superarnos. Solo que en el chavismo son pocos, y todo el mundo sabe que en la oposición somos casi todos, y además tenemos la experiencia de los cuarenta años de la IV República, donde se robaba que daba gusto y sin necesidad de estar amenazando a nadie. Y mucho menos de salir a meter preso a alguien. Solo aquel chinito de Recadi quedó para la historia. Los gobiernos de la IV nos dejaron en plena libertad y, además, en plena libertad para robar. En cambio, estos compañeros chavistas están cayendo por novatos, y por andar por allí echándoselas de ricos, cuando todo el mundo sabía de dónde venían y para dónde iban. Gente que lloraba que daba pena, ahora estaba riéndose del proletariado. Y es que, como dijo en algún momento de lucidez el compañero Carlos Andrés Pérez: “Hay dos cosas que no se pueden ocultar: la tos y la riqueza”. ¿Y para qué vas a robar si después no puedes darte el gusto de mostrar lo que tienes? No tiene sentido robar para seguir siendo pobre. Y ahora nosotros dándonos de honestos y diciendo pendejadas por todas partes cuando todo el que es sabe que tenemos un rabo de paja de aquí a la China y que no lo salta Ismael —Talanquera— García en sus mejores tiempos. Pretendemos pescar en río revuelto, y da pena leer los tuis del interino. Hay que tenerlas bien cuadradas para decir lo que está diciendo un hombre que se robó hasta el queso que había en la mesa.

Y mientras tanto, nosotros a la espera, espera un poco, un poquito más, y nada que nos ponemos de acuerdo para ver por fin con quién vamos a la lucha presidencial. Es un momento ideal para posicionar, como dicen los publicistas, a un candidato que comience a decir cosas que llamen la atención, pero aquí entre nos, la verdad es que con los que tenemos, sinceramente, estamos pelando bola de la buena. Nadie está allí hasta ahora que pueda decir que tiene lo que debe tener un candidato. No hay nadie aquí que convenza a nadie, porque así como ahora los chavistas están arrechos con los chavistas que robaron, también la gente de todas las oposiciones que hay en este país están arrechos con nosotros, porque, ¡carajo!, no hay derecho a hacer lo que hacemos nosotros. Y este pueblo no olvida, a pesar de que la gente nos dice: “Échenle bolas, que ahí está Manuel Rosales, que ha robado bastante y es gobernador del Zulia y a lo mejor es el candidato presidencial”. Uno sabe que la vaina no es así. Es verdad que Rosales ha robado que jode —eso no se puede negar—, hasta relojes —o “reloces”, como diría él— ha repartido entre sus compañeros de cantos y labores. Pero ha sido demasiado lo de nosotros, no solo Monómeros y Citgo, sino que, además, impusimos un presidente interino que es una vaina que se paga en cualquier momento. Ahí está Trump, a punto de caer preso por andar puteando hace tiempo, y, sin embargo, el interino, después que le llenó la nevera a Fabi, sigue allí, constante y sonante.

El papá de Margot vio al dictador por televisión hablando de la corrupción, y mientras el dictador hablaba, el hombre decía:

—¿Vieron que nosotros nada más no somos ladrones? También ustedes roban, claro, con la diferencia de que ustedes meten presos a sus corruptos, en cambio nosotros en la IV les dejábamos que robaran y siguieran en libertad, pero también roban, que es lo importante, lo que pasa es que hacen justicia, pero eso a nosotros no nos interesa.

Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro a la puerta que la vecina salió gritando:

—¿Te llamó la policía anticorrupción, muérgano?

—Soy el ladrón de tu amor —me canta Margot.

 

Roberto Malaver

 

 

 


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