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Hasta el más ateo de los ateos sabe que hay más preguntas que respuestas

El ser humano siempre ha sentido la necesidad de creer en algo que no puede ver o explicar. Algo que llene los vacíos. Pasaban y pasan demasiadas cosas aún fuera del alcance de nuestra comprensión no solo científica, sino también espiritual como para que abandonemos el sentir que hay algo más. Hasta el más ateo de los ateos sabe que hay más preguntas que respuestas en esta existencia, solo que no atribuirá misterios ni causas a Dios alguno, sino a la incapacidad de nuestra mente para comprender la multiplicidad de fenómenos que configuran nuestra existencia física, mental y espiritual, y si bien ésta es posición de miles, lo cierto es que millones de personas dudan, y otras millones siguen  profesando devoción confesa u oculta a fuerzas invisibles e incomprobables.

Gran parte de esta Fe ha sido "encauzada" por las religiones, que establecen las normas y rituales con los que el ser humano puede o debe comunicarse con lo divino. El desacuerdo entre normativas ha causado más guerras de las que podemos contar, gracias al humanísimo instinto de liderazgo, o más bien al antíquisimo vicio del poder. Esa suerte de necesidad de que un cierto Dios o conjunto de dioses se alce por sobre todo lo demás, y especialmente de que alguna iglesia o culto acapare la mayoría de las personas y sus consiguientes fuerzas materiales y no materiales, ha generado que  muchos de quienes "creen en algo", se cuestionen si realmente para alcanzar el contacto con lo divino o lo más avanzado, hay que ceñirse a las alcabalas y lineamientos hechos por seres iguales a nosotros, muchas veces en épocas en donde ni siquiera se consideraba que, por ejemplo, las mujeres tuvieran alma.
Es así que apartando (quizá) a los gnósticos, los ateos y los fieles devotos de alguna religión específica, existe una asombrosa cantidad de gente que no haya qué hacer ni dónde poner ese "instinto" o "curiosidad" o "duda" con el que se tiende a cubrir los espacios que no llenan ni la ciencia ni la religión. Para atender ese gran "nicho de mercado" - porque en el capitalismo todo es susceptible de generar renta - no han faltado quienes pretenden vender nuevas religiones que no luzcan como religiones, dioses que no parezcan dioses, pseudociencias y lo que es peor, quienes te venden a ti mismo como panacea ante todos los vacíos y dudas de la existencia. El ser individual como propio Dios y creador de su gracia o desgracia.
 
Esta "corriente" que lleva a las personas a autoflagelarse por no poder vibrar en la misma frecuencia del Universo, a centrar la búsqueda de los grandes logros de manera individual y nunca colectiva, y sobre todo, a sentir culpa personal por fracasar en conseguir lo que se ha dictaminado socialmente como el "éxito" en vez de generar conciencia de que existe un sistema que explota y condena al pobre, al diferente, al débil y que hace imposible que las mayorías consigan ese tipo de "éxito" jamás; es una corriente que juega con la verdadera espiritualidad y la deforma, haciendo creer a las personas que existe un  Universo que es como San Juan, que todo lo tiene y todo lo da, pero que tu no sabes como pedirle y por ello te vende el librito, los vídeos y los post de instagram con los tips para lograrlo. Tú puedes ser tu propia iglesia y te vendemos el curso para armarla.

Visto así, no puede sino recordarse a Marx diciéndonos que el único Dios de hoy, es el dinero, y siendo así, lo más importante para la humanidad es dejar de creer en él.
 
Mariel Carrillo García
 
 

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