Historia viva | En memoria de Elvira Armas

Militante de la justicia y la verdad

 
Si hay alguna historia viva y permanente a la que debemos memoria  es  la de Elvira Armas, que recientemente se nos fue para seguir buscando en el cosmos a su eterno compañero  Víctor Soto Rojas, desaparecido forzosamente  en julio de 1964. Es uno de los dramas familiares venezolanos que heredamos del Puntofijismo como una cicatriz abierta entre las miles de heridas dejadas por el terrorismo de Estado.
 
Elvirita, nerviosa y voluntariosa, no descansó de buscar a Víctor Ramón entre los ojos de sus amigos, en tanto que el Estado nunca le dio respuestas hasta que en 2013 la Comisión por la Justicia y la Verdad encontró unos documentos que dieron los primeros indicios de la trágica realidad vivida por quien fuera Comisario Político del Frente Guerrillero Ezequiel Zamora en El Bachiller, Víctor Ramón Soto Rojas.
 
El día  30 de agosto fue declarado por la ONU como Día Internacional de las Víctimas de  la  Desaparición Forzada, y justamente  los primeros días del mes de agosto fuera secuestrado y eventualmente asesinado Víctor Soto Rojas, Trino Barrios y el campesino barloventeño Heriberto Cartagena, según los indicios recabados por la CJV.
 
A Elvira Armas le tocó el doble dolor de encontrar junto a la madre de Soto Rojas, Doña Rosa y su familia, los restos de Trino Barrios en 1966, quien fuera detenido juntos Soto Rojas a finales de julio en 1964, y luego seguir sin cansancio la búsqueda de su compañero sentimental sin ninguna respuesta por parte del Estado, hasta que en 2013 se revelaron indicios de ese crimen.
 
Miles de diligencias fueron realizadas por esas familias desde 1964 hasta que casi cincuenta años después, desembocaron en la imputación por parte del Ministerio Público en 2013 del general de División Simón Tagliaferro de Lima y de Edgar Rainiero Pérez Figueroa, como consecuencia de  las investigaciones realizadas por la Comisión por la Justicia y la Verdad y la Fiscalía General.
Los familiares de Víctor Soto Rojas, Trino Barrios y Heriberto Cartagena, como muchos asesinatos sumarios del Puntofijismo, devinieron en víctimas indirectas de la violencia desenfrenada, del uso desproporcional de la fuerza pública y luego de la fallida administración de la justicia durante ese periodo que corrió entre 1958 y 1998.
 
Precisamente, la resolución de la ONU sobre este asunto de la razón para mantener la memoria de crímenes que no pueden volverse a repetir en tanto son considerados de lesa humanidad, igualmente el delito de desaparición forzada ha sido calificado por la jurisprudencia internacional como un delito autónomo, con carácter permanente, de carácter pluriofensivo.
 
A más de sesenta años de ese fatal hecho que le tocó vivir a Elvira Armas y su familia, a la sociedad venezolana le toca levantar esa memoria trágica para construir sobre los abrojos de espinas y sobre las cenizas de malos recuerdos, conciencia social para edificar valores positivos fuertes, a fin de que esos hechos no se vuelvan a repetir más nunca.
 
La desaparición forzada es un producto contemporáneo de las guerras del capitalismo y de la implantación de políticas de terrorismo de Estado para infundir miedo, ya superados en la Venezuela de estos tiempos , a pesar del maniqueísmo interesado de sectores políticos de derecha disfrazados de “justicieros” que intentan regresar a ese pasado atroz.
 
Las víctimas de la desaparición forzada son en términos directos las que soportan la carga de  violencia inferida, pero igual de terribles son las consecuencias en los familiares o  víctimas indirectas,  quienes durante años sufren la tragedia del duelo permanente y los traumas al no encontrar a sus seres queridos.
 
Ello se agrava cuando los órganos de justicia, conjurados con los administradores de la violencia de Estado, ocultan, dilatan, tergiversan y secuestran la verdad de los hechos, como ocurría frecuentemente entre 1958 y 1998.
 
De esa historia contemporánea hay mucho todavía que revelar, puesto que se trató y trata, de políticas transnacionales que favorecen el terrorismo internacional, todavía practicado por factores imperiales de poder como el caso del Gobierno de  EE. UU.
 
La memoria de Elvira Armas, fiel a su pensamiento noble de militante de la justicia y la verdad, es un aliciente para quienes hoy siguen cultivando la militancia a los derechos humanos como razón de vida, siempre la vimos dispuesta a colaborar y a aportar su grano de arena útil y consecuente a las causas de los derechos humanos.
 
Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com

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