Historia viva | El primer colonialista: Cristóbal Colón

17/05/2023.- Cristóbal Colón falleció el 20 de mayo de 1506. Se fue a la tumba creyendo que había descubierto una nueva ruta a Cipango (Japón), doce años después de haber llegado a la isla que bautizaron como El Salvador, en el área marítima de la Bahamas. A más de quinientos años todavía hay enigmas por revelar sobre la osadía de aquel grupo de primeros colonialistas salidos de lo más oscuro del medioevo europeo.

Gustavo Pereira, poeta y prosista de la historia anticolonial, desde su lar marino nos revela reinterpretaciones de la llegada de Colón a Guanahani que merecen ser comentadas en este breve relato de aproximación a los primeros colonialistas que vinieron a estas tierras. Historias del paraíso, publicado por Monte Ávila (2022), nos brinda la oportunidad de revisar esos episodios que Gustavo revela con inusitado interés para el lector.

Aquello que Colón y sus compañeros ven o creen ver deviene de secretos anhelos alimentados en la mente europea por una edad histórica que ha propiciado, con sus cerrojos, los vuelos de la imaginación. El feudalismo agoniza. La esfericidad de la Tierra, junto a otras "herejías", se discute. Y aunque reputados jerarcas de la Iglesia argumentan contra tan descabellada suposición con la tesis de que, de ser cierta, los habitantes de las regiones antípodas se hallarían imposibilitados de ver a Cristo a su regreso a este mundo (cosa que "Dios, en su docta e infinita misericordia", bajo ningún respecto podría consentir), entre gente ilustrada se admite como factible arribar a las ricas regiones del Oriente navegando hacia el poniente (Pereira, p. 30).

España se estremecía al finalizar los ochocientos años de dominación mora y buscaba afanosamente recursos para soportar la Corona de la Reina Isabel La Católica, que desde las armas y el lenguaje intentó unificar el reinado. Fue un momento estelar para ellos y no menos trágico para los habitantes del otro lado del Atlántico. La creencia medieval de que la Tierra era plana prevalecía entre los "entendidos de la verdad", aquellos religiosos y estudiosos que consideraban que era imposible que existieran seres humanos guindados con la cabeza para abajo:

Pero ¿habrá alguien tan insensato como para creer que haya en las antípodas hombres con los pies opuestos a los nuestros, gente que ande con los talones hacia arriba y la cabeza colgando para abajo, que exista una parte del mundo en que las cosas todas se hallan trastocadas, donde los árboles crezcan con las ramas hacia abajo, y donde llueva, granice y nieve hacia arriba?

Así cita Pereira a Lactancio, y a otros tratadistas de Salamanca, para entender la mentalidad estrecha del mismo Colón y sus acompañantes, que era la creencia de la mayoría de los europeos.

Lo que se dice que nos "descubrió" fue la ignorancia y la avaricia por buscar nuevos espacios para el naciente mercado de telas y manufacturas, al suponer que habían llegado a la India. A la larga lo consiguieron, al llevarse toneladas de oro y plata de estas tierras, a costa del sufrimiento, dolor y muerte de millones de seres humanos sometidos a la intemperancia y mentalidad colonialista europea, que prevalece entre algunos de sus mandatarios hoy.

Pereira, en su relato, deshila la geopolítica europea del momento y las maniobras de los reyes católicos para contar con la máxima cúpula eclesiástica para sus planes expansionistas. Por eso, el más rico de los cardenales, el español Rodrigo de Borja (a quien después italianizarían el apellido en Borgia), sobrino de Calixto III, ha comprado a alto precio la dignidad pontificia y sube al papado con el nombre de Alejandro VI, como señala Pereira.

Es el momento oportuno para tener la autorización papal de construir las naves y zarpar desde el Puerto de Palos en agosto de 1492. A ello se agrega los avances tecnológicos que aportaron los árabes, mejorando el uso del astrolabio para leer las Pléyades, los astros y medir la altitud y la latitud. Se dice que Colón no lo usó, pero con él iban algunos diestros marineros árabes. Del movimiento de las corrientes que los portugueses conocían, Colón pudo determinar seguramente las rutas obligadas por la bajada de las aguas frías del Norte al Sur, igual que los vientos que circulan en la misma dirección que apuntaron sus naves cuando levantaron sus velas y zarparon desde las costas de Huelva en Andalucía, España.

La llegada a las costas remotas desconocidas de los primeros europeos pudo abrir miles de oportunidades a la humanidad para ampliar el horizonte de bienestar, solo que la estrechez de la mentalidad colonialista sometió a esta parte del mundo al rostro del oprobio.

Finalmente, para cerrar esta aproximación a las Historias del paraíso, no relata el poeta Gustavo Pereira:

No tardan en descubrir, como señala Bartolomé de Las Casas, que era en verdad extraño que quienes provenían del cielo mostraran tal codicia por el oro. El propio padre Las Casas, que pasó más de sesenta años —de los noventa y dos que vivió— denunciando las iniquidades de los conquistadores, cuenta cómo los indios, al comprender la naturaleza del verdadero dios de los cristianos, echaron al mar todo el oro que pudieron (p. 40).

 

Aldemaro Barrios Romero

venezuelared@gmail.com

 

Referencia:

Pereira, G. (2022). Las historias del paraíso. Caracas: Monte Ávila Editores.


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