Parroquia adentro | La esquina de Socarrás

Tan popular fue la botica, que los caraqueños daban direcciones tomándola como referencia

21/07/2023.- Quienes han transitado por el elevado de la avenida Fuerzas Armadas de Caracas seguramente han visto el flamante edificio de ladrillos que en principio ocuparía la empresa Seguros Orinoco, el cual recibió el Premio Nacional de Arquitectura en el año 1971. Esta edificación en la actualidad es sede de la Corporación Venezolana de Alimentos (CVAL).

El nombre exacto de la ubicación de la mencionada construcción es la esquina de Socarrás, en honor al ilustre médico de origen cubano Francisco Xavier de Socarrás, pero ¿quién fue este personaje?

Cuentan las memorias del historiador Héctor Parra Márquez que el doctor Francisco Xavier de Socarrás arribó a nuestro país en 1757. En ese entonces, el estado de la medicina era precario; enfermedades como la viruela, la sífilis, la fiebre amarilla, las bubas y otros flagelos eran comunes. Había una estructura hospitalaria insuficiente y severos problemas de higiene. En definitiva, la gente optaba por acudir a curanderos, mismos que contaban con la protección oficial, ya que los propios personeros del gobierno eran parte de su distinguida clientela.

Para el año 1761, el doctor Socarrás ejercía exitosamente la medicina y al mismo tiempo regentaba una botica ubicada en la hoy avenida Este 2. Se le conoció como un hombre amable y bondadoso, en especial con la gente pobre. También gozaba de gran prestigio profesional por sus acertados diagnósticos y por las curativas recetas. Esta reputación le valió al cubano ser jurado en las evaluaciones para los futuros médicos a egresar de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, hoy Universidad Central de Venezuela.

Tan popular fue la botica que los caraqueños de la época se atrevían a dar direcciones tomando como referencia el prestigioso local, por lo que se solía escuchar: "Compadre, eso queda a una cuadra de la botica de Socarrás".

La historia de Caracas nunca olvidará la epidemia de viruela del año 1764, misma que cobraría la vida, según estimaciones, de no menos de diez mil citadinos. En las calles permanecían los cadáveres de las numerosas víctimas, los negocios estaban cerrados y la producción de alimentos suspendida; todo esto por la ausencia de mano de obra que pudiera retomar la dinámica de la capital.

Grandes fueron los esfuerzos de las clases sociales de la época y muy en especial del cuerpo de médicos encabezados por el doctor Socarrás. No hubo mejor descripción que la hecha por el cronista Parra, quien describió la gesta del ilustre médico como

excelente: sin importarle los rayos del sol abrasador, por veredas, canjilones y despeñaderos, a pie o a lomo de pausada mula, llevaba sin descanso los recursos de su botica, de su bolso y de su ciencia; a los variolosos de los apartados arrabales, especialmente del sector de la extraviada Catia, lugar desértico donde apenas se consiguen perdices…

Pero tanta entrega no fue suficiente. A la hora de que el ilustre médico presentara sus honorarios por concepto de nueve visitas en sesenta y tres días de trabajo, los encargados del pago pusieron el grito en el cielo, siendo así que para resolver la controversia tuvo que intervenir el doctor Lorenzo Campins y Ballester, quien se dedicó a cancelar estrictamente lo gastado por el galeno. En la relación se enumeraba: una camisa, calzones, medias y un par de zapatos; también fueron calculadas las recetas, una por una, y como si fuera poco, se realizó un estimado subvaluado de los honorarios por las nueve visitas, incluyendo el caballo utilizado.

Otro cálculo polémico fue lo dejado de percibir por potenciales pacientes que pudiera haber tenido el doctor en todo el tiempo que estuvo atendiendo la emergencia nacional. En definitiva, el total a pagar arrojó la suma de apenas ciento setenta y siete pesos con real y medio, que Socarrás tuvo que aceptar bajo protesta.

El doctor Francisco Xavier de Socarrás contrajo nupcias con doña Ana Matías del Rosario Venza. Como no pudieron tener hijos, adoptaron a una niña cuyo nombre fue el de María de Socarrás, futura esposa del prócer de la independencia don Francisco Javier Yanes, a quien le dedicaremos la próxima crónica, ya que en su honor se adoptó el nombre de la cercana esquina de puente Yanes.

Gabriel Torrealba Sanoja

parroquiadentro@gmail.com


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