Letra fría | De prensa, radio y TV

31/08/2023.- A todas estas, yo escribía en los periódicos desde 1978 gracias a Ramón Hernández, que dirigía el Suplemento Cultural de Últimas Noticias. Mi primer artículo fue un trabajo sobre "El uso del vos en Maracaibo", con Delfina Catalá, para Ángel Rosenblat en Letras de la UCV, que fueron mis primeros 75 bolívares, ganados a letra limpia (recuerdo que, años más tarde, le llevé la fotocopia del cheque a La Pilla en París y lo mandó a montar, je, je). Luego me publicaron un trabajo de dos páginas de entrevistas con el fabulador guajiro Ramón Paz Ipuana, fray Cesáreo de Armellada y el escritor José Balza descuartizando a Rómulo Gallegos, que hizo llorar a un intelectual adeco en un congreso de adoración al "mondongo melancólico que sonríe como las hienas", como le decía el Chino Valera Mora en el poema Nombres propios de su poemario Amanecí de bala. Manuel Alfredo Rodríguez —me acaban de soplar— inauguraba el evento y yo repartí clandestinamente el trabajo en fotocopias que me había sacado, de pana, Monterola, el jefe de reproducciones de la Facultad de Humanidades. ¡Bellos días aquellos de la Escuela de Letras de la UCV!, en realidad toda la universidad, desde Tierra de Nadie, pasando por el patio de honor de la utopía, hasta el aula 201, al final de nuestro querido pasillo, donde se libraron memorables batallas literarias y políticas.

A partir de entonces seguí escribiendo en varios periódicos como El Nacional, El Universal, Panorama y Crítica de Maracaibo, El Impulso de Barquisimeto y luego la época dorada en El Diario de Caracas, lo de República Dominicana y otros cuantos más. Incluyo Reporte Diario de la Economía, donde tuve cuatro páginas centrales llamadas La noche, de las que quedaron un montón de cuentos buenísimos, pero eso fue ya a finales de los ochenta y será para próximas entregas…  Vale decir, entonces, que medio vivía matando tigres en periódicos. También en Radio Suave, con mi pana Ángel Méndez y Serenella Rosas, hija del poeta, en el programa Swing latino, y hasta en televisión, primero en Radio Caracas, con Luis Zelkowicz, en un proyecto para una película o serie de TV sobre la vida de Willie Colón —que no llegó a ningún lado—, y en el 85, con César Miguel Rondón, en Las amazonas —que tampoco llegó a nada porque muy pronto desistí, ya que ganaba mucho más dinero vendiendo publicidad en una revista agropecuaria.

No recuerdo mucho qué pasó en Radio Caracas. Lo que sí me llega es que el productor Alejandro García e Isabel Recio creyeron en el proyecto de la película de Willie y me llevaron a Nueva York. Estuve escribiendo quince días en el apartamento de Isa, pero, como decía, no recuerdo qué pasó, aunque ahora que lo pienso es posible que se debiera a la prematura muerte de Alejandro. Hasta ahí llegó mi carrera de guionista de cine, por aquel entonces.

Por esos días ganó las elecciones Jaime Lusinchi, de AD, un médico bonachón, famoso por ser enamorado y buena copa. Nombró ministro del Ambiente al doctor Orlando Castejón, eminente científico de la microscopía electrónica, oriundo de Mapararí, estado Falcón y amigo de mi madre Ana Lucía. Por gestión de mi prima Marlene Mujica, terminé siendo asesor cultural del ministro. Inventé un periodiquito y un gran foro con el sabio Francisco Tamayo, Pedro León Zapata, Carlos Cruz Diez y Jesús Soto. El flamante ministro se bañó de gloria con semejantes gigantes de la cultura y el ambiente.

Humberto Márquez


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