Vitrina de nimiedades | Apuntes al fragor del estremecimiento
Por Rosa E.Pellegrino
25/07/2026.- Volvemos a vivir un mes que parece un semestre. El tiempo se vuelve pesado ante la sorpresa y el impacto. Esta vez, la conmoción colectiva y particular lleva semanas descolocándonos de distintas formas. Inclusive aquellos que solo recibieron la noticia del doble terremoto y se salvaron del sentir este horror telúrico del 24 de junio cargan el peso de estos días, cuando la solidaridad ha demostrado su infinita capacidad, incluso sobre creadores de opinión que no dudan en imponer elementos distractores en medio de una emergencia nacional.
Es posible que aún no hayamos comenzado a procesar realmente la magnitud de los desafíos que atravesamos como país. No está clara la fecha de superación de un shock de estas dimensiones, menos aún si todavía llevamos las heridas del 3 de enero a flor de piel. En todo caso, algunas cosas podemos asentar, si no como enseñanzas, al menos como asuntos pendientes para procesar desde nuestros espacios más cercanos, esos que no necesariamente son atractivos para los algoritmos de las redes sociales.
Por ahora, dejamos nuestros pequeños apuntes para este momento, expuestos como mecanismos de desahogo, como una forma de organizar las ideas para sentir un poco más de control en medio del desorden:
1.- La guerra mediática jamás para, ni siquiera en la catástrofe, y las plataformas digitales cada vez dejan más claro que no pretenden crear anticuerpos ante este mal.
2.- En la humanidad misma se encuentra el muro de contención ante la manipulación y la promoción alevosa de la ignorancia. Cuando un ingeniero explica por qué es posible encontrar láminas de anime en una construcción no solo nos advierte de la ligereza de ciertos grupos, también nos revela que hay un mundo donde la verdad está ahí. Nadie la oculta, pero decidimos ignorarla.
3.- Es increíble que una tragedia haya ayudado a revelar la dimensión del ser venezolano. El testimonio de equipos internacionales agradecidos por la solidaridad, la hospitalidad y el afecto recibido en nuestro país mella de algún modo esa narrativa de gentilicio sin mérito ni futuro que lamentablemente se labró contra nosotros.
4.- Crear cultura antisísmica, una necesidad vital que corre el riesgo de quedar como una muletilla, pasa también por creer en las capacidades de nuestros propios cuerpos de rescate y salvamento. Hacer sostenible el crecimiento de este capital humano y de conocimiento supone, además, una mirada distinta de esas labores. La formación de voluntarios y de profesionales requiere inversión, formación y respaldo. Las buenas intenciones solo serán eso sin preparación.
5.- Ayudar es mucho más que buena voluntad. Es también reconocer nuestros límites y la pertinencia de nuestras acciones. Pero, por encima de todo, es la mejor vía para reencontrarnos con los otros en la certeza de defender el derecho a la vida.
Quedan muchas otras ideas sueltas por ahí: la discusión del periodismo en estos contextos, la crueldad continuada que representa el bloqueo contra Venezuela y las paradojas de sectores que, luego de manosear expresiones como “crisis humanitaria” para usarlas como armas políticas, se hundieron en las contradicciones de su inacción. Al fragor del estremecimiento es mucho lo que queda por entender.
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