Comentarios noticiables | Que no se repita Hiroshima y Nagasaki
La consigna es preservar la paz
Por J. J. Álvarez
15/08/2026.- El fabuloso negocio de las corporaciones del complejo militar industrial (CMI) de Estados Unidos (EE. UU.), dedicado a la venta de armas y pertrechos bélicos, quedó en evidencia tras el cuestionamiento radical a la guerra nuclear expresado por el comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz. El 15 de octubre de 2010 afirmó:
El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se pueden resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes; pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia.
El presidente de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Mijaíl Gorbachov, una vez producidos los cambios en Europa del Este —el derrumbe del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989; la reunificación de la República Democrática Alemana con la República Federal de Alemania, el 3 de octubre de 1990; la disolución oficial de la URSS y el fin de la Guerra Fría—, advirtió: "Siempre que existan las armas de destrucción masiva, especialmente las nucleares, el mundo estará ante un peligro colosal", según declaró en una entrevista con el periodista de la BBC Steve Rosenberg, en Moscú. Hoy en día, el sistema financiero mundial actúa también como un arma de destrucción masiva. Irresponsable ante todo —salvo ante sus enormes ganancias—, resulta tan letal para la vida en el planeta como el calentamiento global o la destrucción de la capa de ozono, ya que su dinámica provoca muertes por hambre, pobreza y enfermedades curables.
Este sistema financiero mundial, en su rol de arma de destrucción masiva, comparte responsabilidad en la muerte anual de más de 12 millones de niños por enfermedades prevenibles o curables, en la existencia de más de 826 millones de personas con hambre y más de 854 millones de analfabetos, todo ello dentro de una población global superior a los 8 mil millones de habitantes; un escenario ante el cual las inspecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han chocado con todo tipo de trabas para exigir el desarme.
En Washington, el 8 de diciembre de 1987, se firmó el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (Tratado INF) entre el líder de la URSS, Mijaíl Gorbachov, y el entonces presidente estadounidense, Ronald Reagan, quienes acordaron la reducción de sus respectivos arsenales. Este acuerdo fue histórico porque fijó la eliminación de todos los misiles balísticos y de crucero con base en tierra que tuvieran un alcance de entre 500 y 5 mil 500 kilómetros, resultado que se materializó con la destrucción total de 2 mil 692 misiles antes de la fecha límite de mayo de 1991, tras rigurosas inspecciones mutuas.
Estados Unidos fue el responsable de crear el arma más funesta en la historia de la humanidad: la bomba atómica. No solo la desarrollaron, sino que la emplearon sin una verdadera necesidad militar —cuando Japón ya estaba prácticamente derrotado—, ocasionando más de 273 mil muertes y la irradiación mortal de más de 195 mil personas en las ciudades japonesas de Hiroshima (con la bomba Little Boy o "el Niñito", que la quemó) y Nagasaki (con la bomba Fat Man o "el Gordo", que produjo el exterminio).
La razón principal de EE. UU. para perpetrar ese acto atroz fue posicionar a Japón como un instrumento estratégico en el Pacífico al que pudiera endosarle la responsabilidad de sostener en la región a regímenes alineados con su política exterior, como los de Corea del Sur y Taiwán, entre otros.
Con la firma del Tratado INF se buscaba poner fin a la carrera armamentista nuclear entre la URSS y EE. UU. No obstante, el 2 de agosto de 2019, el país norteamericano rompió unilateralmente el acuerdo bajo denuncias sin pruebas formuladas por la Administración del presidente Donald Trump contra Rusia. Washington apostó de forma abierta por la superioridad militar y la hegemonía mundial mediante el uso de la fuerza como eje de su política exterior, lo que provocó un brusco aumento de la tensión y la amenaza militar internacional. Rusia respondió retirándose también del tratado.
Rusia ha decidido responder con un llamado a poner fin a la carrera armamentista, reanudar relaciones basadas en el respeto mutuo, sin ventajas ni engaños, y retornar a la política de distensión y coexistencia pacífica entre las potencias. No hay otra vía. Las políticas basadas en la mentira, la incitación y el chantaje carecen de futuro y representan riesgos enormes para toda la humanidad.
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