Image

Las dos orillas | La ilusión del consenso

Cómo la ingeniería de la percepción moldea la opinión pública


Por Armando Carrieri Hernández 

 

30/08/2026.- En la década de 1950, el psicólogo Solomon Asch diseñó un experimento sociológico que reveló una de las vulnerabilidades más inquietantes de la mente humana, que no es otra sino nuestra inclinación a ceder ante la presión de la mayoría.

El diseño de la prueba era sencillo a propósito. A los participantes de estudio se les mostraba una línea de referencia y se les pedía que identificaran cuál, entre tres líneas de comparación, tenía la misma longitud. La respuesta era evidente a simple vista. Sin embargo, Asch situó al participante real dentro de un grupo compuesto por actores que, de manera coordinada y premeditada, daban respuestas unánimemente incorrectas en la prueba.

Los resultados evidenciaron que aproximadamente tres cuartas partes de los participantes cedieron al menos una vez a la respuesta incorrecta dictada por el grupo. En las pruebas críticas, los individuos siguieron la opinión falsa de la mayoría en cerca de un tercio de las ocasiones.

El hallazgo fundamental de Asch no consistió en calificar el intelecto individual, sino en evidenciar que el juicio humano es constitutivamente vulnerable al entorno social. Mientras algunos participantes manifestaron haberse plegado a la mayoría por el temor al aislamiento o a destacar negativamente, otros llegaron a dudar genuinamente de la validez de su propia percepción sensorial. La conclusión teórica es precisa: para modificar la conducta o el criterio de un individuo, no siempre resulta necesario persuadirlo con argumentos sólidos; a menudo basta con convencerlo de que la totalidad de su entorno piensa de determinada manera.

La fabricación algorítmica de mayorías

En el contexto contemporáneo, marcado por la mediación digital de la conversación pública, el fenómeno descrito por Asch ha superado la escala del laboratorio para integrarse en dinámicas industrializadas. La vulnerabilidad de la percepción colectiva es explotada mediante la contratación de métricas automatizadas —"me gusta", reproducciones, comentarios y seguidores—, diseñadas para proyectar una popularidad artificial o simular una corriente de indignación generalizada.

Esta dinámica trasciende la búsqueda de victorias discursivas o la confrontación de ideas; su función radica en alterar los sistemas de recomendación y posicionamiento de las plataformas digitales. Al simular un volumen masivo de interacción, las cuentas automatizadas logran introducir temas marginales en la agenda pública, transformándolos en tendencias de discusión. Como consecuencia, la percepción individual del consenso se desplaza: el usuario promedio no enfrenta necesariamente un debate de ideas representativo, sino un entorno digital estructurado para proyectar una apariencia de unanimidad.

El caso Cerimedo

Un ejemplo documentado del funcionamiento de estas estructuras es el denominado "Caso Cerimedo". Tras intervenciones judiciales en las que se incautaron fondos en efectivo y equipamiento técnico, se puso al descubierto la operatividad de una infraestructura dedicada a la automatización masiva de perfiles. Dichos espacios contaban con dispositivos interconectados e instalados para emular la actividad de usuarios reales en plataformas digitales.

El funcionamiento interno de estas operaciones responde a una arquitectura escalonada bien articulada. En primer lugar, la base técnica descansa sobre una infraestructura física compuesta por granjas de servidores y miles de dispositivos en red que simulan comportamiento humano. Sobre esta plataforma se ejecuta la fase de simulación algorítmica, encargada de emitir de forma masiva e ininterrumpida interacciones como repetición de mensajes, "me gusta", comentarios y republicaciones automatizadas. Esta actividad coordinada logra una manipulación de la agenda pública al distorsionar los algoritmos de recomendación e imponer temas artificiales en los listados de tendencias (trending topics). Finalmente, el proceso cierra su ciclo desencadenando el efecto psicológico deseado: activar el mecanismo de conformidad social descrito por Asch, donde el usuario real asume la percepción de una corriente de masa auténtica que, en realidad, fue fabricada en un laboratorio informático.

Esta actividad coordinada genera un impacto inmediato en el ecosistema digital al distorsionar los algoritmos de recomendación e imponer temas artificiales en los listados de tendencias. Finalmente, el proceso cierra su ciclo logrando el efecto psicológico deseado: activar el mecanismo de conformidad social descrito por Asch, donde el usuario real asume como auténtica y mayoritaria una corriente de opinión fabricada en laboratorio informático.

Las declaraciones del propio Fernando Cerimedo han detallado la intervención de estas plataformas en diversos procesos electorales y campañas de posicionamiento político a escala latinoamericana. El despliegue de esta infraestructura abarca la creación de tendencias coordinadas y la amplificación de narrativas específicas en países como Argentina (Milei), Chile (Kast), Colombia (de la Espriella), Bolivia (Paz), Honduras (Asfura) y Perú (Fujimori), entre otros. En esos casos, las operaciones se articularon mediante alianzas con sectores empresariales y plataformas mediáticas tradicionales, demostrando la integración entre los canales de comunicación convencionales y las redes automatizadas de difusión.

Implicaciones para la comunicación en la era digital

El examen conjunto de la teoría de la conformidad social y la práctica de las granjas de servidores revela un cambio de paradigma en los mecanismos de influencia pública. La persuasión tradicional, basada en la argumentación lógica o la confrontación ideológica, ha sido paulatinamente complementada y, en ocasiones, reemplazada por la ingeniería de la percepción.

Desde la perspectiva gramsciana, las "granjas de bots" y la simulación algorítmica representan los nuevos aparatos hegemónicos mediante los cuales las clases dominantes organizan la dominación cultural en la sociedad civil. La coerción ya no opera únicamente a través del aparato represivo del Estado, sino mediante la fabricación técnica del "sentido común", instalando un consenso pasivo que naturaliza los intereses del capital sin necesidad de coerción explícita. Para desarticular esta ilusión tendremos que construir una contrahegemonía orgánica y consciente, capaz de disputar las trincheras del entorno digital para elevar la capacidad crítica de las masas frente a las sofisticadas herramientas de alienación de la ilustración oscura y el tecnofeudalismo.