Historia viva | Manuel Espinoza: viaje al paisaje celestial
Por Aldemaro Barrios Romero
02/09/2026.- Para hacer memoria del maestro Manuel Espinoza —guía, promotor político-cultural, militante tanto del socialismo como de la pintura, el dibujo y las artes humanas del ser—, tenemos que viajar hasta él y recorrer su paisaje interior y exterior. Todo lo que tocaba Manuel lo hacía con la entrega del labrador; como solía decirnos: "Cultura es inclinarse para sembrar, cultivar y levantarse para cosechar".
De Virginia Espinoza Guaz, su mamá, heredó esa combinación de candidez y suspicacia montañera-llanera. Ella tenía las manos lícitas de tanto trabajar, y Manuel las tenía igual: con frecuencia se frotaba los dedos como si estuviese afinando un lápiz para dibujar. Cuando miraba, lo hacía con una aguda franqueza, similar a la de un gavilán que busca la precisión y la verdad. Luego, su racionalidad era embestida por la pasión, rasgo muy propio del linaje de los Espinoza y quizás aprendido de su primo Salom Meza Espinoza, quien fue su maestro en ética, política y humanismo.
Tras regresar de Europa en los años sesenta, luego de realizar estudios superiores de artes visuales, dibujo, pintura, artes gráficas, diseño gráfico e industrial en Roma, París y Berlín, él mismo diseñó su proyecto de vida, siempre enfocado en formar equipos de trabajo. Desde la década de 1950 comenzó a habitar espacios de transformación social desde la cultura. Como militante del Partido Comunista de Venezuela, rediseñó el logo del gallo rojo. Tuvo como maestros y consejeros a Miguel Otero Silva y Guillermo García Ponce, quienes lo acompañaron en grandes empresas, tales como la transformación del Inciba para convertirlo en el Consejo Nacional de la Cultura (Conac) a principios de los años setenta, o entregando la piel junto a los hermanos García Ponce para fundar el Diario Vea en la aurora de la Revolución Bolivariana.
Coordinó la fundación de la Galería de Arte Nacional en 1974 junto a Miguel Otero Silva y Alejandro Otero, conformando más adelante el equipo con Juan Calzadilla, Graciela Pantin, María Elena Ramos, Gipsy Venegas y Humberto Mata, entre otros profesionales que le dieron vida a la institución a partir de 1976. Posterior a esto, en los años noventa, impulsó la creación del Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón, antecedente fundamental de la actual Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte). Siempre estuvo rodeado por las figuras más comprometidas de las artes plásticas venezolanas.
Su trayectoria docente lo llevó desde la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas hasta la Escuela de Comunicación Social de la UCV y la Universidad de Los Andes. Impulsó la creación del Centro de Enseñanza Gráfica (Cegra) y del Taller de Artistas Gráficos Asociados (TAGA), junto a Luisa Palacios, y fue cofundador del Museo de Bellas Artes de Maracaibo, antes de regresar a Caracas y orientar la brújula de su paisaje hacia la cuenca del Unare.
El propósito era aproximarse a su lugar de origen, su centro de gravedad vital: San José de Guaribe, en el estado Guárico, donde nació en 1937. Su madre tuvo que dar a luz apurada por los dolores de parto tras recorrer veinte kilómetros desde el caserío Guarebe hasta el pueblo. En la casa de su sobrina Ricarda, Virginia dio a luz y como no había cuna ni catre para acostar al recién nacido, las parteras tomaron una concha de chaguaramo para acomodarlo en aquella cuna improvisada. Virginia lo nombró Manuel Jesús, en honor a su hermano mayor y padre de Ricarda.
Caracas, Altagracia de Orituco, Valencia y nuevamente Caracas fueron destinos de búsqueda para moldear su ser. Su padre, Rafael Characo, lo buscó en la temprana adolescencia para llevarlo al espacio rústico del trabajo llanero, pero Manuel decidió permanecer junto a su madre y migrar a la ciudad. Sin embargo, Guaribe fue siempre su devoción. Por ello se estableció en Clarines, para reencontrarse con sus raíces, retratar en lienzos el amplio espectro de las vegas y los paisajes quebrados de sus cuencas, cerros, sabanas y cielos, y, sobre todo, para fomentar el desarrollo social y cultural de su pueblo. Allí sembró un espacio cultural comunitario, una emisora comunitaria y profundos anhelos de transformación social.
A la par que restauraba una casona en Clarines para llenarla de arte, proyectaba espacios culturales comunitarios en todo el país. Durante su desempeño como presidente del Conac y viceministro de Cultura, articuló —con propuestas arquitectónicas de Juan Pedro Posani— planes de desarrollo cultural regional y el fomento de las artes visuales, cine, fotografía, video, teatro, música y literatura, movilizando toda la red institucional del sector. Espinoza poseía la virtud de sumar voluntades para grandes ideas y proyectos.
Manuel Espinoza nunca perdió la lucidez. Incluso abrumado por los dolores de una fractura de fémur, continuó ofreciendo recomendaciones al Museo Histórico de Clarines, junto a Cecilia Rodríguez, Salomé Rojas, la familia Armas y Fernando Millán, quien impulsó el taller de lutería para reivindicar la bandola guaribera y hacer trascender el legado de los maestros Alejandro Arzola "Parariá" y Juan Esteban García.
De la misma forma en que redactaba apuntes poéticos sobre el sintoísmo y el budismo zen, lograba plasmar, mediante la síntesis armónica de una paleta de tierras y pigmentos multicolores, notables creaciones pictóricas.
Manuel fue sembrado en Caracas el sábado 29 de agosto de 2026, a la sombra de un joven jabillo que lo cobijará del sol. Sus raíces convertirán en savia la sabiduría de quien entregó su vida por la felicidad, la seguridad social y la estabilidad política del pueblo venezolano. Quedan sus hijos, discípulos y camaradas para continuar su labor.
Etiquetas
Compartir











