Vielma: convenio petrolero con EEUU es necesario para ambos países
El analista afirma que ahora ven a Venezuela como un espacio comercial que estaba relegado
07/09/26.- En los últimos días en Venezuela, la opinión pública ha estado muy activa tras el convenio petrolero firmado entre el gobierno de Venezuela y empresas trasnacionales de Estados Unidos, con el cual se inicia el desarrollo de 17 campos productores de crudo, con una inversión de más de mil millones de dólares y con la proyección de elevar la producción petrolera a 1,5 millones de barriles por día en estos 17 yacimientos.
En ese contexto, se ha escuchado un discurso triunfalista y panfletario del presidente de Estados Unidos, críticas severas por parte de sectores de la ultraderecha venezolana en el extranjero, sobre una supuesta entrega de la soberanía del país, inconformidad por parte de un sector del chavismo, campañas mediáticas contra la firma por parte de medios e influencers antigobierno, entre otros elementos.
Por ello, Ciudad CCS consideró pertinente consultar la opinión de un experto en estos temas, el analista y comunicador Franco Vielma, quien ofrece una completa entrevista para aclarar dudas y explicar la verdad de los hechos.
— Ahora que hay un mayor conocimiento sobre los principales términos establecidos en el convenio petrolero entre Estados Unidos y Venezuela, a su juicio, ¿cuáles son los aspectos más positivos para el país, que representa este acuerdo?
— Considero entre los aspectos más positivos, el fin del veto de Venezuela en el sistema internacional de inversiones. Este veto que impuso el mismo Estados Unidos, que es un componente del mapa integral de sanciones económicas, ha sido un obstáculo para el clima de negocios en Venezuela. Justo ahora, muchas empresas en el sector de hidrocarburos, pero también más allá de este, ahora ven a Venezuela como un espacio comercial que estaba cautivo y relegado.
Otro aspecto, por supuesto, es el de la propia inversión petrolera y gasífera anunciada, no solo con Estados Unidos, sino con otras empresas. Creo que el mundo ha comenzado a conocer la dimensión real de Venezuela como actor energético. El lugar justo que le corresponde a nuestro país, es el de ser un gran productor, modulador del mercado, factor relevante en el contexto internacional.
El contexto internacional y energético pasan justo ahora por un momento disruptivo e inestable en Asia Occidental y en el eje ruso-ucraniano. El Occidente, ávido de seguridad energética, ha entrado en razón y hay un viraje a la política de aislamiento a Venezuela.
Creo que otro aspecto positivo de este acuerdo, pero que se aprecia en la dimensión de la política interna de Venezuela, es que Estados Unidos ahora reconoce al chavismo dirigente como una realidad política inapelable. Creo que nuestro gobierno, luego de una resistencia operativa a años de duras sanciones, ha tenido la suficiente capacidad institucional para lograr negociar satisfactoriamente, pese a la coerción asimétrica que ejerce Estados Unidos. Ese no es un factor menor, pues aquí desembocan las correlaciones y dinámicas de poder real. Este aspecto que ha sido marginado en la opinión pública, es, a mi parecer, muy importante, porque nunca es fácil negociar dignamente con Estados Unidos, menos luego del 3 de enero.
Lo anunciado hasta ahora es lo suficientemente ponderado y viable para ambas partes, y eso es sintomático de una negociación compleja que ha durado meses. Ahí se aprecia la magnitud política del acuerdo, no solo en su resultado, sino del duro ciclo que le ha precedido.
— ¿Por qué tantos sectores opositores hicieron un balance negativo sobre esta negociación, si aún no se conocía el contenido del mismo?
— En este punto creo que ninguna crítica al acuerdo petrolero, proveniente de ciertos grupos opositores, tiene su origen en el nacionalismo, la soberanía o la independencia nacional. Eso no merece análisis que nos haga malgastar una línea de esta entrevista.
Hay que mirar los verdaderos orígenes de esa reacción. Cierto sector de la oposición venezolana fue confinado, por ahora, a la irrelevancia, dentro del mapa estratégico de Estados Unidos en Venezuela. Cada vez les es más difícil disimularlo. Podría decirse incluso que hay relaciones rotas entre guacamayas y halcones, con el perdón de tan hermosos animales.
Ahora comienzan a quebrar las lanzas y a quemar las naves con sus críticas al acuerdo, con un discurso pseudonacionalista muy demagogo y poco creíble por parte de ellos, por su historial. Es entendible, porque con ello quieren desplazar la atención de su problema real, y es que no tienen cartas de poder real, no tienen incidencia fáctica en las dinámicas del poder real, a diferencia del chavismo.
Estados Unidos ha elegido el pragmatismo energético difiriendo la cacareada presión democratizadora, empujando a ciertos grupos al ostracismo y a la crítica. Están en el lugar que ellos mismos se pusieron y eso comenzó desde el día en que entregaron su conducción a Estados Unidos. Eso les despojó de facultades para convertirse en poder real. El resultado es lo que estamos viendo.
— ¿Cómo interpretar las palabras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las que en un tono "sobrado", decía que ya "Estados Unidos tenía en su poder 65 mil millones de barriles de petróleo"?
— Trump ha dicho que tiene el control total sobre Irán. Una vez casi sanciona a España por formar parte de BRICS. Ha dicho que ha salvado al mundo de ocho guerras y no sabe nombrar los países que dijo salvar. Ha publicado imágenes suyas haciéndose a sí mismo una versión de Jesucristo.
El discurso de Trump es delirante y se basa en la postverdad. Creo que quien tome sus palabras de manera literal la va a pasar bastante mal, porque el resultado será la confusión y el engaño, y ahí es donde su estrategia sí funciona. El discurso de Trump es delirante, pero eso no quiere decir que él lo sea. Es un discurso funcional para ciertos fines. Cada vez que Trump afirma que ahora Estados Unidos es dueño del petróleo venezolano, no le habla a los venezolanos, le habla a sus seguidores. Para ganar el Senado en noviembre Trump aplica “targheting” electoral, todo lo que hace y dice es para atraer a votantes republicanos, conservadores duros, quienes ven con buenos ojos lo que hace y dice. Los estados a votar por el Senado en noviembre son en mayoría republicanos y “swing states”, así que hacia ahí enfila su discurso. Porque ahí está la base recuperable de apoyo a su gestión en las elecciones de medio término.
La gasolina en Estados Unidos cuesta el doble, del momento cuando Trump inició su mandato. El inventario de reservas estratégicas de petróleo en barriles en ese país, está a niveles de los años '80. Así que al hablar así de Venezuela, como factoría petrolera y gasolinera, Trump hace una performance política para atender esas preocupaciones entre sus votantes. Preocupaciones que son resultado de su aventura en Irán.
La dimensión real del status de los 65 mil millones de barriles enterrados en Venezuela, se verá claro a la hora de hacer contratos. Estos se rigen por la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la cual establece claramente que las reservas en el subsuelo son soberanas, pertenecen a la nación. Los inversionistas sí entenderán eso, y ahí los discursos de Trump carecerán de sentido. Ahí se esfuman las frases maximalistas y la postverdad. A la hora de firmar, prevalece la norma, porque en ella yacen los términos y garantías jurídicas de cada parte.
— ¿Cuáles son los beneficios a corto, mediano y largo plazo para Venezuela?
— Creo que deben sopesarse muy bien las expectativas del acuerdo petrolero con Estados Unidos. A mi juicio, ni son excesivamente beneficiosas para Venezuela, ni son desproporcionadamente beneficiosas para Estados Unidos. Al comparar el régimen concesionario de la Ley Orgánica de Hidrocarburos que aplica a este acuerdo, de 16 % de regalías, 32 % de Impuesto Sobre La Renta y participación productiva en campos, me parece que es un acuerdo dentro del standard internacional para proyectos Upstream de crudos no convencionales.
Hablando en materia fiscal, está dentro del canon internacional. Es un acuerdo ponderado, razonable para ambas partes, ajustado a la realidad operativa de la industria petrolera del presente y a las necesidades operativas reales de los yacimientos venezolanos. Por eso creo que no hay que caer en el maximalismo. El acuerdo debe entenderse como lo que es. Sin embargo, yo aprecio varios atributos muy positivos.
En el corto plazo, inversión y divisas frescas, ayudará a atenuar la volatilidad cambiaria. En el mediano plazo, infraestructura, tecnología, capacidades operacionales, músculo en materia de servicios especializados en pozos, más taladros, más equipos para los procesos de extracción; capacidades adicionales en la gestión de crudos pesados y extrapesados, cuyo proceso operacional demanda alta inversión y rigor técnico. En esencia, más capacidades para producir barriles adicionales, a lo que hoy se produce.
En el mediano y largo plazo, miles de millones en ingresos para el Fisco. Una mejor situación financiera y operativa para toda la industria nacional de hidrocarburos en su conjunto. Esto es recuperación del terreno perdido durante más de 10 años de bloqueo. Lo más importante es que los barriles en reservas pasarán a una categoría de barriles con valor comercial, una vez extraídos. Esto significa aprovechamiento. Es maximizar e instrumentalizar la riqueza nacional que ha estado cautiva e inerte. Lo veo como una apuesta a futuro, eso sí, si avanza, si los anuncios se materializan en tiempo perentorio.
— ¿Qué decirle a un sector del chavismo tradicional el haber negociado con Estados Unidos, luego del secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, el pasado 3 de enero?
— El panorama de la Venezuela actual es coerción asimétrica estadounidense y adaptación estratégica del chavismo. Sin embargo, en medio de ese plano extenso, existe la convergencia estratégica de intereses, tanto de Estados Unidos como de Venezuela. Estados Unidos necesita petróleo y Venezuela necesita extraerlo y monetizarlo. El vector petrolero en la relación con Estados Unidos es histórico y es una realidad. Asumamos esa realidad, luego de 10 años de duro bloqueo.
La realidad no hay que pretender eludirla, hay que abordarla. De hecho, hay que entender al petróleo nacional como una importante carta de poder de negociación en favor de los objetivos nacionales. El poder debe ejercerse, incluso en desventaja asimétrica, precisamente porque la escala de poder nuestro, por pequeña que sea, al ser ejercida, mitiga las asimetrías.
Trump negocia con una clase política que tildaba de narcos y terroristas. Llega a Caracas herido por el estrecho de Ormuz. Pasaron meses debatiendo el acuerdo y pese a la posición de fuerza de Estados Unidos, Venezuela logró hoy un acuerdo que según lo anunciado por la presidenta Rodríguez, en términos fiscales es muchísimo mejor para la nación que la Apertura Petrolera de los años '90, aquella vez en que no bombardearon al país, ni secuestraron al presidente. Eso dice mucho. Pese al 3 de enero, eso dice mucho.
Era tiempo de un acuerdo. Estados Unidos lo necesita, nosotros también. Que Estados Unidos desarme la asfixia que nos montaron. Es esto o es más bloqueo naval, guerra o la reproducción de ciclos destructivos. Y aquí es donde prevalece la “realpolitik” en su dimensión más cruda.
El chavismo debe poner todo su poder de concentración en la cohesión. Dedicarle toda su energía a la cohesión, para tener la comprensión que demanda el momento. Lo contrario a eso, sería tirarse al piso, autoinfligirse una derrota estratégica.
Para entender a Delcy Rodríguez, es necesario recordar a Hans Morgenthau y sus reglas del realismo político. La obligación de un gobernante es atender la supervivencia y los intereses vitales de su Estado, lo que frecuentemente lo obliga a priorizar decisiones pragmáticas. Creo que el chavismo debe entender esto con madurez y sentido práctico, en lugar de dejarse arrastrar por quienes le quieren hundido y desmoralizado.
— Finalmente, ¿hay un riesgo de que Venezuela pierda el sentido de soberanía con la firma del acuerdo?
— Claro que hay riesgos y afrentas a nuestra soberanía. Las hay, y las hubo de la misma manera como cuando bloquearon las cuentas y vetaron a Venezuela del sistema financiero, hace años. La cuestión de soberanía es una disputa de largo aliento, es una dialéctica con avances y retrocesos.
Hablando del acuerdo petrolero, la soberanía se ejerce en el campo concesionario, donde prevalece la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Las reservas son del Estado y los inversionistas lo saben, por eso buscan garantías jurídicas, pues entienden los límites y parámetros del régimen concesionario actual.
Podría parecer curioso que el mismo Estados Unidos, que acopia nuestros ingresos en sus cuentas, coloque a sus empresas a regirse por la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la hegemonía del Estado venezolano en cada campo, como propietario de las reservas.
Se ve ilógico, pero ahí no hay contradicción. Cada factor de poder rige donde puede hacerlo. Estados Unidos lo hace en el sistema financiero, Venezuela lo hace en los campos. Ahí es donde concurre el despliegue de las correlaciones de poder real. No hay retórica ahí, hay política y poder puro y duro. Así que Venezuela está obligada a defender su soberanía donde mejor puede hacerlo.
REINALDO J. LINARES ACOSTA / CIUDAD CCS
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