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Aquí les cuento | La cárcel del pueblo. (2)

Por Aquiles Silva.

La libertad de ser, hacer,

 caminar y volar sin cadenas.

Que la razón y la paz triunfen.


El primer día de llegar a la cárcel, Nery quien nunca había estado encerrado, salvo en una cueva donde cazara cuarenta lapas (Ese es otro cuento) fue toda una novedad. Los cinco mil internos se juntaron, en el patio central, a darle la bienvenida. Era el primer condenado a cadena perpetua que ingresaba al recinto penitenciario.

Al enterarse de la dieta existente en la cárcel (Caca-cola y Frutilupis) pensó en que tendría que procurarse una alimentación acorde a su cultura campesina, porque, seguro estaba que ese veneno que les daban como sustento, lo llevaría directo a la fosa de los caimanes, y otras fieras, espacio a que los carceleros le habían colocado el eufemístico nombre Freedom River.

La primera noche fue terrible para Nery. Miren que dormir en una plancha lisa de concreto, era una tortura a que se negaba a soportar. El chinchorro que usaba era de un tejido ergonómico heredado de su cultura aborigen. Donde soñaba cada noche los cuentos que contaba a todos, las fábulas verdaderas que le hicieron famoso, más allá de los límites territoriales del país donde había nacido. 

La rígida pesadilla que le asignaron por cama, tendría que ser cambiada a corto plazo. Mientras tanto procuraría escarbar en el suelo un cálido refugio para descansar. Soñando despierto en recuperar su chinchorro tricolor, que le había acompañado a dar la vuelta al mundo en aquel inolvidable viaje que ya todos conocen.

Al día siguiente ya estaba listo para iniciar la actividad agrícola, a que estaba acostumbrado. Lideró desde ese momento una transformación en los hábitos de los reclusos. 

¡Vamos a trabajar! -Les dijo-

Con su sinceridad, y poder de convencimiento, logró que el Alcaide permitiera entrar a la cárcel, semillas de maíz, frijoles, chicharos, guaracaras, garbanzos, berenjenas, tomate, ají, cebollín, auyamas, plátanos, mapuey, ocumo y ñame; entre otros rubros necesarios. Además, encargaron plantas de yuca para un proyecto más ambicioso. Que sería la producción de casabe.

Durante los cuatro primeros meses, de permanencia en el reclusorio, Nery se mantuvo con harina de maíz tostado y miel. Que había recibido de su casa, traída por su hermano Pablo “El imposible”.

La miel la había cosechado meses atrás, de una vaca, famosa por demás, que, en lugar de dar leche, producía miel. (Pero ese es otro cuento)

- ¡No mi amigo, yo soy un hombre completo, trabajador y campesino! ¡Acostumbrado a comer comida! ¡No a embasurarme con esos productos, que venden en las bodegas y, lo que hacen es enfermar a la gente!

De los cinco mil presos, existentes en el reclusorio, quinientos setenta y cinco, fueron los que emprendieron el trabajo productivo, en el campo. Nery, con su gran capacidad y carisma, logró que, el cuarto mes, ya empezó la producción de las hortalizas y granos que, cambiaron la dieta de, al menos, los prisioneros que participaban en el trabajo.

 El cambio de la alimentación fue fundamental para que los reclusos no se enfermaran, y desde luego, no asistieran al hospital, de donde ningún paciente lograba salir. Ya que la cárcel no realizaba servicios funerarios y el destino de los enfermos era de todos conocido.

Progresivamente, todos los presos, quienes tenían razones para vivir, familiares, hijos, amores que corresponder; se sumaron al trabajo productivo. Llegando a contar con dos mil quinientos sesenta y nueve trabajadores. Estos permanecían sanos y bien nutridos. Aunque la producción alcanzaba para alimentar todo el penal. Quienes lo deseaban, tenían que pagar los alimentos para dejar la dieta impuesta por el sistema penitenciario.

Las autoridades de la cárcel instalaron un mercado, los sábados, que coincidía con el día de visita. Y los vecinos, aunque no tuviesen familiares ni amigos prisioneros, acudían a comprar sus alimentos, frescos y económicos, ofrecidos por los presos. Del beneficio obtenido por la venta, los reclusos obtenían un mínimo porcentaje; ya que las autoridades disponían del grueso del capital, por aquello de cubrir los gastos que demandaba el mantenimiento del penal. Nery se mandó a hacer un buen chinchorro, con el mismo amigo Tila Osorio, quien le había hecho, años atrás el famoso tricolor con que diera la vuelta al mundo.

El ingenio de los reclusos y el trabajo realizado en el campo, les deparó un nivel de vida aceptable, dentro de aquel espacio. Pero claro, nada comparable con el disfrute de la libertad, más allá de los muros y del régimen carcelario que a nadie, a ningún humano sano y libre, que se precie de serlo; le agrada tal situación. 

Nery, desde un principio tuvo en su mente la elaboración del plan que le pusiera de nuevo en la calle, donde, además de dedicarse al trabajo, tenia el auditorio de toda la gente, niños, adultos y ancianos que disfrutaban de sus relatos verdaderos, porque: -¡Ay mi amigo, todo lo que yo les cuento es verdad, verdaita! 

A las calles del pueblo y la plaza, les había quedado un vacío enorme, durante esos tres años que Nery empezaba a purgar la pena a perpetuidad.


Valle Guanape 15 de septiembre de 2026