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Plaza Morelos | Tablada y su obra en Caracas (II)

Por Ismael Hernández


20/09/2026.- En la entrega anterior decíamos que en Un día… José Juan Tablada asimila los aspectos formales del haikú, pero los adapta a nuestro idioma. Sin embargo, más allá de la métrica, es en el contenido donde se apropia de la esencia del género japonés. En primer lugar, toma del haikú la intención de capturar el instante. Un día… comienza con una introducción que dice:


Arte con tu áureo alfiler

las mariposas del instante

quise clavar en el papel


El arte es el instrumento para capturar el instante, frágil e inquieto como una mariposa. Y al igual que ese insecto es fijado en el papel por los coleccionistas, el instante es plasmado en el papel mediante el poema. En su brevedad, el verso puede capturar toda la grandeza fugaz del universo. El poeta continúa diciendo que en ese poemario quiso: 


En breve verso hacer lucir,

como en gota de rocío 

todas las rosas del jardín


y capturar en el libro toda la belleza de la naturaleza: 


A la planta y el árbol

guardar en estas páginas

como las flores del herbario


El haikú tiene como temática recurrente la naturaleza y el arrobamiento que se experimenta al contemplarla en un instante preciso. El tema es el instante y la belleza que se encuentra en las cosas más sencillas, como diría Aquiles Nazoa. Conmovido por la exuberante belleza natural de Suramérica, Tablada nos regala estampas hermosas de plantas y animales. 


La tortuga


Aunque jamás se muda,

a tumbos, como carro de mudanzas, 

va por la senda la tortuga


La genialidad está en captar la similitud entre el movimiento lento, pesado y torpe de la tortuga y el carro de mudanzas y, a la vez, señalar que, pese a esa semejanza, la tortuga nunca se muda porque, como dice el lugar común, vive dentro de su caparazón. 

Ahora otro ejemplo, referente a las plantas:


Hojas secas


El jardín está lleno de hojas secas; 

nunca vi tantas hojas en sus árboles

verdes, en primavera


Observación aguda la de Tablada: hay más hojas secas sobre el piso que las que vimos alguna vez verdes en las ramas de los árboles. Pero más allá del asombro de dicho descubrimiento, el poema nos transmite una gran sensación de nostalgia, pues parece que el otoño, lo que ha pasado, es más grande que el momento vivido, la primavera. 

De particular belleza tres poemas dedicados a las aves. Primero, La pajarera


Distintos cantos a la vez; 

la pajarera musical

es una torre de Babel


La jaula, la pajarera, es una caja musical y, a la vez, la torre bíblica donde se confunden los idiomas de los diferentes pájaros que la habitan. 

El poema El cisne realmente ingenioso: 


Al lago, al silencio, a la sombra, 

todo candor el cisne 

con el cuello interroga…


El cuello del cisne asemeja un signo de interrogación, pero ¿a quién pregunta?, ¿a quién interroga? Al lago donde habita, al silencio y a la sombra, estos últimos, precisamente quienes no pueden contestar. Pero en su candor, el cisne los interroga. 

Finalmente, tenemos este poema:


El ruiseñor


Bajo el celeste pavor

delira por la única estrella

el cántico del ruiseñor


En la noche oscura, con todo el pavor que provoca, lanza su hermoso canto, un delirio (¿delirio de amor?), el ruiseñor. Reparemos en la belleza de lo que Tablada nos dice: en medio de la noche oscura, el ave delira y canta a la única estrella. 

En el haikú tradicional suele haber una referencia estacional, una palabra que nos indica en qué estación del año se sitúa el poema, pues al ser la naturaleza su materia, esta cambia radicalmente con las estaciones; así la nieve es la referencia clásica para el invierno, los cerezos en flor lo son para la primavera y las cigarras lo son para el verano. El libro de Tablada no coloca sus poemas en una estación o en otra, sino que hace un recorrido a lo largo de un día, precisamente de ahí viene su título; y por ello está dividido en “mañana”, “tarde”, “crepúsculo” y “noche”. Como de una estación a otra a lo largo del año, de un momento a otro del día también se va modificando la naturaleza a nuestro alrededor, y eso lo capta con precisión cada poema de Un día..., poemas sintéticos. 

El poemario termina con este epílogo:


¡Ah del barquero!

 Sueño, en tu barquilla

llévame por el río de la noche

hasta el margen áurea de otro día…!


El día terminó y se pide al sueño, cual barquero Caronte, que nos conduzca a través de la noche hasta el día siguiente, un día áureo, lleno de maravillas, como el que acaba de describirnos.

En 2006, Monte Ávila publicó una antología de Tablada titulada Poesía experimental, con prólogo de Juan Calzadilla. En este punto, nos permitimos disentir del maestro Calzadilla, quien dice que el propósito del libro de Tablada es “mostrar el tiempo y las incidencias que se reflejan en el recorrido que, de la mañana a la noche, hace un transeúnte entre el hogar y el sitio de trabajo o recreación. Verdadero Ulises urbano metido en un traje necesariamente estrecho, pero bastante holgado para sus desplazamientos por los jardines, parques y calles de la ciudad”. Como puede verse en los poemas citados y en la lectura completa del libro, Un día… no nos presenta un paisaje urbano, sino todo lo contrario, una naturaleza donde lo humano está casi ausente; de hecho, en todo el libro solamente hay un solo poema dedicado a una cosa hecha por el hombre, el titulado “Hotel”; del resto, el tema son animales, plantas y paisajes naturales. Aún más, en todo el poemario casi no hay referencias a objetos hechos por el hombre y cuando las hay (la pajarera, el camión de mudanza, engranes, trompetas, flechas) es pára usarlas como metáforas, a fin de describir las plantas y animales. Tampoco consideramos, como el maestro Calzadilla, que Un día... nos presente el recorrido acelerado de un transeúnte citadino, por el contrario, consideramos que transmite la quietud de quien contempla sin necesidad de moverse; en los poemas de Tablada no encontramos la contemplación de quien va pasando a toda prisa, sino la mirada sosegada de quien mira el árbol o la montaña que siempre han estado a la vista desde su ventana. En suma, consideramos que el maestro Juan Calzadilla proyecta en Tablada el tema y motivo de su propia poesía: la ciudad y lo urbano.  

Insistimos, tema del Tablada, como suele ser en el haikú, es la naturaleza y su contemplación. En muchas ocasiones, de lo diminuto y su paradójica grandeza (“Parvo caracol del mar,/invisible en la plaza/sonoro de inmensidad!”, dice en el prólogo). Sin embargo, en otros poemas canta a la naturaleza ya no en lo diminuto, sino en lo majestuoso: 


La luna


Es mar la noche negra; 

la nube es una concha; 

la luna es una perla. 


Y en este otro: 


Las nubes


  de los Andes van veloces

Las nubes de montaña en montaña

  en alas de los cóndores.


En este último vemos que la composición espacial del poema rompe con lo tradicional, convirtiendo a la imagen tipográfica en parte del poema. Aquí vemos un anticipo de la verdadera innovación que representará el siguiente libro de Tablada, Li.po y otros poemas