Tres meses después del terremoto: El desafío de reconstruir la vida
Afectados relatan el proceso que ha sido adaptarse a nueva rutina después de la emergencia
23/09/26.- "Te adaptas al nuevo espacio y el cerebro entra en modo supervivencia". Tres meses después de los terremotos del 24 de junio, Jorge Muñoz todavía encuentra en esa frase la mejor manera de describir lo que ha significado este período para miles de venezolanos que resultaron afectados por la emergencia.
La búsqueda de una nueva rutina, los gastos asociados a la recuperación, la espera por regresar a casa y la incertidumbre que aún generan las réplicas forman parte de una realidad que continúa presente mientras el país avanza en la reconstrucción de viviendas, escuelas, servicios e infraestructuras.
Durante los primeros días posteriores a los sismos, la prioridad estuvo centrada en las labores de búsqueda y rescate, la atención de heridos y la evaluación de daños. Tres meses después, el escenario es diferente. Las escuelas iniciaron el nuevo año escolar, miles de trabajadores retomaron sus actividades y buena parte de las comunidades afectadas intenta recuperar la normalidad. Sin embargo, la emergencia aún no ha terminado para todos.
Ayari Moreno forma parte de quienes todavía permanecen fuera de sus hogares. Actualmente vive en una vivienda prestada mientras espera poder regresar a su apartamento.
"Todos quieren volver a casa".
Aunque gran parte de sus pertenencias pudo ser resguardada, reconoce que el proceso de adaptación ha sido complejo. Las réplicas que continúan registrándose y el recuerdo de aquella tarde en la que observó caer paredes y escombros dentro de su vivienda siguen presentes.
Carmen Blanco, de 49 años, también asegura que los efectos del terremoto continúan sintiéndose en la vida cotidiana. En su caso, las afectaciones sufridas por su vivienda obligaron a asumir gastos extraordinarios para realizar reparaciones.
"Los gastos han sido muy elevados".
Las experiencias de los tres coinciden en un aspecto: la recuperación no terminó cuando dejaron de trabajar los equipos de rescate o cuando disminuyeron las réplicas más fuertes. A partir de ese momento comenzó otra etapa, marcada por la adaptación.
Mientras tanto, el último balance nacional publicado el 24 de agosto refleja la magnitud del impacto y los avances en las labores de atención e infraestructura. En el ámbito humano, la tragedia registra un saldo de 6.509 fallecidos, mientras que los equipos de respuesta lograron rescatar a 6.462 personas y los centros de salud han brindado atención médica a un total de 226.696 ciudadanos.
Según cifras oficiales, más de 63.000 edificaciones han sido inspeccionadas en los estados afectados. De ellas, 36.698 fueron clasificadas como habitables, mientras que 14.900 recibieron etiqueta amarilla y 11.561 etiqueta roja, lo que implica evaluaciones estructurales más profundas.
En paralelo, el Plan Venezuela Renace ha permitido avanzar en la rehabilitación y entrega de 1.815 viviendas recuperadas y más de 72.000 personas atendidas con proyectos de reparación, al tiempo que continúan las labores de recuperación urbana y remoción de escombros en las zonas más impactadas. Donde se han procesado más de 792.000 toneladas de escombros en La Guaira equivalente al 37% del total estimado de 2,1 millones de toneladas generadas por el sismo.
La experiencia internacional también se ha sumado en este despliegue con el inicio de actividades a carago de la empresa internacional Miyanamoto, atención brindada por organismo multilaterales como la ONU y los diversos países que han extendido su mano amiga a nuestra nación.
Las autoridades también reportan el retorno progresivo de servicios, la recuperación de espacios educativos y la continuidad de programas de atención dirigidos a las familias que permanecen en condiciones temporales de alojamiento.
Pero más allá de los indicadores, los testimonios reflejan una realidad común: reconstruir una vivienda es apenas una parte del proceso.
Jorge reconoce que aún siente ansiedad cuando escucha determinadas alarmas en su teléfono. Ayari continúa esperando el momento de volver a casa. Carmen sigue enfrentando los gastos derivados de la recuperación de su vivienda.
Son experiencias distintas que reflejan una misma realidad y aunque la fase de emergencia quedó atrás, para muchos sobrevivientes el terremoto sigue presente de formas menos visibles.
Jorge reconoce que aún experimenta ansiedad cada vez que escucha ciertas alarmas en el teléfono.
"Tengo ansiedad a la alarma porque puede sentirse esa alerta anunciando que viene un terremoto".
Ayari también admite que las réplicas han dificultado recuperar completamente la tranquilidad.
En su comunidad han contado con el acompañamiento de una fundación que ofrece orientación y apoyo emocional.
"Nos da charlas y tiene todo tipo de apoyo".
Las secuelas psicológicas aparecen entre los desafíos más complejos de la recuperación. A diferencia de los daños materiales, no siempre son visibles, pero continúan acompañando a quienes vivieron la experiencia.
¿Estamos preparados?
La pregunta surge de manera inevitable después de una experiencia de esta magnitud. ¿Está la población mejor preparada para responder a un nuevo evento sísmico? las respuestas muestran una mezcla de aprendizaje y prudencia.
Ayari considera que todavía queda mucho camino por recorrer.
"Pienso que aún no estamos preparados. Esto solo nos está enseñando a sobrevivir y llevar las cosas con calma".
Jorge, por su parte, cree que la experiencia obligó a muchas personas a aprender sobre prevención, protocolos de emergencia y organización vecinal.
A escala institucional, las autoridades también trabajan en fortalecer la preparación ante futuros eventos sísmicos. Entre las acciones en desarrollo se encuentra la elaboración de nuevos protocolos de actuación y respuesta para emergencias, así como la actualización de mecanismos de coordinación entre organismos de protección, comunidades y centros educativos, con el objetivo de reducir riesgos y mejorar la capacidad de reacción de la población.
En el ámbito educativo, la prevención ocupa un lugar central. Las escuelas tienen previsto reforzar planes de evacuación, simulacros y actividades formativas orientadas a que niños, jóvenes y docentes conozcan cómo actuar antes, durante y después de un sismo. La meta es consolidar una cultura sísmica que trascienda la emergencia reciente y convierta la preparación ciudadana en una práctica cotidiana, basada en la prevención, la organización comunitaria y el conocimiento de los riesgos.
La lección que dejó la emergencia
Si algo reveló la tragedia fue una característica que muchos identifican como parte de la idiosincrasia venezolana, aquella capacidad de sobreponerse a la adversidad. Entre pérdidas, incertidumbre y meses de reconstrucción, miles de familias han encontrado la manera de seguir adelante, adaptarse a una nueva realidad y reconstruir poco a poco sus proyectos de vida. La resiliencia, la solidaridad entre vecinos y la disposición de ayudar al otro se convirtieron en escenas cotidianas en las comunidades afectadas.
Los testimonios recogidos coinciden en que el terremoto dejó aprendizajes que van más allá de los daños materiales. Jorge habla de resiliencia, Carmen agradece haber podido reencontrarse con su familia aquella tarde y Ayari encuentra una enseñanza más profunda.
"Hay que valorar la vida y seguir adelante pasando cualquier adversidad. Dios nos dio otra oportunidad de vida".
Tres meses después, esas enseñanzas continúan presentes. Aunque muchas heridas permanecen abiertas y la recuperación sigue en marcha, quienes vivieron la experiencia aseguran que su manera de ver la vida cambió. El terremoto no solo transformó viviendas, calles y edificios; también modificó prioridades, fortaleció vínculos y recordó el valor de lo esencial. En cada historia persiste una misma convicción de seguir adelante, reconstruir y encontrar esperanza incluso en los momentos más difíciles.
Porque si algo ha demostrado Venezuela a lo largo de su historia es que, aun frente a las pruebas más duras, siempre encuentra la manera de levantarse. Y en esta etapa de recuperación, esa capacidad de reinventarse y avanzar continúa siendo uno de los pilares sobre los que se construye el renacer de las comunidades afectadas.
ARIANNA HERNÁNDEZ / CIUDAD CCS
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