Crónicas y delirios | Humores de Semana Santa

29/03/2024.- Es difícil encontrar un clásico del humorismo venezolano que no haya tocado con ingenio el tema de la Semana Santa, pues su doble carácter de ocasión religiosa y ánimo vacacional se presta —a las cien maravillas joviales— para buscarle la arista socarrona.

Como homenaje a nuestros inmortales Francisco Pimentel (Job Pim), Aquiles Nazoa y Miguel Otero Silva, recordemos en este viernes santurrón algunas de sus hilarantes creaciones.

El calvario de las mujeres

En efecto hay que ver
los mil y un tormentos
que sufrirán los pies de una mujer
que sale a visitar los monumentos,
aunque lleve un andar de morrocoy
con los tacones que se estilan hoy.
 
Yo las vi por las calles
con la cara amarrada,
dejando ver en mínimos detalles
su pena a duras penas soportada.
 
Si las santas mujeres
que, aunque débiles seres,
mostraron un valor nada ordinario
subiendo con Jesús hasta el Calvario,
hubiesen el viacrucis caminado
con el mismo calzado
que hoy gasta el elemento femenino,
hubiéranse quedado todas en el camino.
 
Por eso, si yo fuera sacerdote,
en vez de arremeter contra el escote
y los trajes sin mangas, lanzaría
tremendas maldiciones
contra los kilométricos tacones
que llevan las mujeres hoy en día,
pues si la moda un punto los levanta,
van a acabar con la Semana Santa.

Job Pim

 

Recuerdos de Semana Santa

Don Mamerto Quiñones
fue a tomarse en Macuto una cerveza,
y al saber que costaba seis simones,
agarró al mesonero a pescozones
y este le puso un plato en la cabeza.
Entre tanto a su esposa, Doña Meche,
y a su hermana Lucía
les quitaron un fuerte en Maiquetía
por un café con leche.
Y del caso, lector, lo más nefando
fue que al pobre Quiñones, al regreso,
lo estaban esperando
para ponerlo preso.
Con razón, tras de tanta desventura,
la señora Quiñones asegura:
—Para las venideras vacaciones,
¡yo me quedo en Caracas con Quiñones!

Aquiles Nazoa

 

Jueves Santo

Una Margot, morena esplendorosa,
usa un traje de baño fulminante,
y una Beatriz mejor que la de Dante
se sumerge en el mar como una diosa.
 
Una Leonor terriblemente hermosa
lleva un pijama azul descacharrante,
y una Carmen nos pasa por delante
goteando agua como fresca rosa.
 
Muchachas en sazón, primaverales,
iluminan los puntos cardinales
y nos colman de sol los pensamientos.
 
—¡Oh, corazón, no te fatigues tanto!,
no olvides que esta tarde es Jueves Santo
y has venido a mirar los monumentos.

Miguel Otero Silva

Por último, amigos lectores, evoquemos tres conocidos ejemplos de la chistografía popular, con perdón del padre Arturo Sosa y de los padres de familia, además de la adusta feligresía:

1. Jesús y los dos ladrones se hallan claveteados en sus respectivas cruces. Sufrimiento, sangre, calor. Dimas voltea y le expresa con mucha congoja al hijo del Señor:
—Oye, Jesús, ¡tronco de Semana Santa la que estamos pasando!
 
2. —¿Qué le dijo Jesucristo a Judas?
—No judas más.
 
3. Diálogo telefónico en fecha sacra:
—Aló, ¿se encuentra don Manuel?
—No, salió de viaje.
—¿De placer?
—No, con la señora, la suegra, el perro y los chamos.

 

Igor Delgado Senior


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