Caracas 24, de Mayo de 2026
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Plaza Morelos | Ricardo Castro, discípulo de Teresa Carreño

24/05/2026.- Ricardo Castro es uno de los pianistas y compositores más grandes del siglo XIX en México. En su corta y productiva vida tuvo la dicha de ser alumno protegido de Teresa Carreño.

Nació en 1854, en la Hacienda de Santa Bárbara, municipio de Nazas, en el estado de Durango, con el nombre de Ricardo Rafael de la Santísima Trinidad Castro Herrera. Desde muy niño mostró su talento en el piano y para que pudiera desarrollarlo su familia se trasladó a la Ciudad de México, donde ingresó al Conservatorio Nacional de México a los 13 años. Allí se reveló como un verdadero virtuoso, a los 16 años empezó a dar conciertos y a los 19 compuso su primera sinfonía titulada Sagrada y su famoso vals Capricho Op.1. Fue pionero en la realización de giras por todo México y se presentó en los Estados Unidos y Europa. También dictó cursos y conferencias en los conservatorios de varias ciudades del Viejo Mundo.

Su producción musical fue amplia y versátil, compuso valses, polonesas, óperas, sinfonías, un concierto para violonchelo y orquesta y el primer concierto para piano y orquesta escrito en América Latina; su obra más célebre es la ópera Atzimba. También fue promotor de instituciones como el Instituto Musical Campa Hernández Acevedo, la Sociedad Anónima de Conciertos y la Sociedad Filarmónica Mexicana, todas ellas dedicadas a la difusión y enseñanza musical.

En 1903, el gobierno del dictador Porfirio Díaz le otorgó una beca para estudiar en París. Fue precisamente durante los tres años que vivió en la capital francesa cuando se convirtió en alumno de Teresa Carreño, la más grande pianista que ha tenido Nuestra América. En ese momento, la gran músico caraqueña ya era una artista consagrada y en su etapa de madurez se había convertido en maestra de las nuevas generaciones. Carreño no solamente lo ayudó a perfeccionar su técnica en el piano, sino que se convirtió en su mentora y le abrió las puertas del mundo cultural europeo, lo que le permitió presentarse en salas de enorme prestigio como la Sala Erard en París y otras en Bruselas y Leipzig.

Ricardo Castro regresó a México en 1906 convertido en un artista de talla internacional. Como reconocimiento a sus méritos, fue nombrado director del Conservatorio Nacional de Música, la misma escuela donde se formó cuando adolescente. Lamentablemente, al año siguiente fallece.

La huella de Teresa Carreño en Ricardo Castro es profunda en varios aspectos. De ella aprendió el llamado pianismo de gran aliento y el uso de los pedales para crear atmósferas y prolongar el sonido armónico sin ensuciar la melodía; también gracias a ella afianzó el romanticismo que ya profesaba. Como testimonio de gratitud hacia Teresa Carreño y la mayor muestra de las enseñanzas recibidas por ella, siendo su alumno, Castro le compuso y dedicó la pieza titulada Près du ruisseau (Junto al arroyo), catalogada como Opus 16.

Ricardo Castro murió a muy temprana edad, todavía tenía mucho camino por andar y, en el terreno de lo musical, pudo haber sacado gran provecho a las enseñanzas de la gran Teresa Carreño, tanto en sus propias composiciones como en la difusión en México del estilo y técnica de la caraqueña. El talento y la obra de Carreño tiene resonancia universal, y a través de su alumno nacido en Durango, está presente en la historia de la música mexicana.

Ismael Hernández