Al derecho y al revés | ¡Terremoto el de la deuda!
Por Domingo Alberto Rangel
27/06/2026.- Con el envejecimiento de la población mundial, cada vez hay más ciudadanos que, ensimismados de verdad, piensan que el pasado fue mejor que nuestra realidad actual.
Son muchos, lo cual nos puede llevar a pensar erróneamente que, con tanta masa, se podría fundar un partido y ganar elecciones.
Pensando en la propaganda, se podría decir que por allá hubieran candidateado a Pericles; más acá, el candidato del pasado habría sido el Libertador, o, como van las cosas, quizás Abraham Lincoln, o al Barril con Patas, y así...
Por fortuna, ese batido de fresas con ponsigué es un imposible, toda vez que los amantes del pasado están divididos "a muerte": unos piensan que ese pasado mejor fue cuando gobernaba el comandante Chávez y Pdvsa vendía el barril a más de cien dólares.
Otros sueñan con alguno de los dos gobiernos de Carlos Andrés Pérez, o con los de Caldera y Betancourt. Incluso hay gente joven que sueña con lo que nunca vivió, por ejemplo, con Marcos Pérez Jiménez.
Así, nos pasamos la vida añorando lo que no volverá, pero la culpa no es del ciego, sino del que le presta el garrote: por ese camino evocarán al general Gómez, ¡y quién sabe si al Tirano Aguirre!
Lo cierto es que viví los dos grandes terremotos de los últimos tiempos, el de 1967 y este, que ocurrió con un hermano gemelo casi al mismo tiempo, y me enerva la actitud de algunos venezolanos, quienes, ciegos ante las realidades, inventan algo como que se "actuó mejor" en el primero.
Dejo de lado los que, comparando dos casos muy distintos, insisten en que "en 1967 no hubo tantos muertos", como si esa macabra cifra fuera lo único a considerar y sin tomar en cuenta la desigual potencia de ambos eventos.
Para 1967 no se había desarrollado el concepto de Protección Civil. Tampoco había alcaldes ni gobernadores electos.
En el evento del 24 de junio, enseguida se desplegaron tanto los organismos nacionales como los descentralizados y ambos trabajaron alineados.
Como adolescentes impetuosos que éramos en 1967, recuerdo que, recién terminado el terremoto, arrancamos tres amigos a un club de la playa para una fiesta a la que nos habían invitado, pero no formalmente...
A pesar del tráfico, llegamos, saltamos el muro y nos cambiamos —aún se vestía formalmente para las fiestas— en un vestuario común. Recuerdo que ahí estaba Renny Ottolina, luciendo un smoking, y con grave voz nos dijo: "Muchachos, vayan a ayudar a Charaima, donde han muerto amigas de ustedes".
Nos volvimos a cambiar y estuvimos sacando escombros como pudimos hasta que amaneció. Como nos sentimos útiles, quedamos en seguir ayudando los días siguientes, pero, en vez de volver a bajar a la playa, ayudamos en un edificio cercano a la plaza Altamira. Inventamos que éramos voluntarios de la FCU, autodotándonos con unos brazaletes improvisados con pañuelo y tinta de bolígrafo.
Al terminar ese día, recuerdo que vino un chino y nos invitó a comer en su restaurante. Eso nos dio la mala —o buena— idea de seguir comiendo gratis, pero cada día en un restaurante distinto.
Eso sí, ¡por una semana trabajamos duro ayudando a remover escombros!
Ahora es distinto: Protección Civil, que está descentralizada, funcionó. Se repartieron el trabajo con otros organismos, que en 1967 aún no existían.
La seguridad —salvo en La Guaira, donde, increíblemente, las autoridades no previeron los saqueos, que parecen ser parte del ADN de allí— la han mantenido militares y policías.
De manera que ha habido progreso en cuanto al período postsismo. Sin embargo, hay malas noticias, esta vez del presente.
Mientras el país, consternado, ayuda como puede, con participación de la solidaridad internacional —al punto de que hasta Chile y Argentina ofrecieron colaborar—, el asistente del Barril con Patas a la chita callando "reestructuró" la deuda de Venezuela.
Punto a favor del pasado, porque en la última reestructuración, con Miguel Rodríguez a la batuta, se logró que al país le condonaran 70% de la deuda presentada como tal.
En la del Barril con Patas y Marco Rubio no condonaron nada. Aceptaron cualquier reclamo y quienes han llevado la batuta no han sido los venezolanos, sino los privados yanquis, que se toman una tajada once veces superior.
Eso no habría ocurrido en 1967, ¡pero tampoco en 1991!
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