Damas del acero naval | La Armada venezolana abrió sus escotillas...
a las oficiales de comando
Por Betty Judith Ramírez Chaparro
Capitán de corbeta
03/07/2026.- En la historia de las instituciones existen momentos en los que el viento cambia de dirección y obliga a ajustar el velamen para navegar hacia nuevos horizontes. Para la Armada venezolana, ese cambio de rumbo no fue una simple coincidencia meteorológica, sino el resultado de una visión audaz: la integración de nosotras como cadetes, que cuatro años después ocupamos filas como oficiales de comando.
Hablar de las pioneras navales no es solo relatar un proceso de admisión; es honrar a un grupo de mujeres valientes que, con el equipaje al hombro y la mirada fija en el horizonte caribeño, decidimos que el mar también era nuestro destino. Nosotras no solo buscábamos un título, sino que queríamos convertirnos en la quilla sobre la cual se construiría la equidad en nuestras unidades flotantes. Por ello, en este siglo XXI es momento de seguir abriendo la bitácora para recordar cómo se forjó aquella primera tripulación femenina, un hito que transformó para siempre el cuerpo de las oficiales navales y marcó la derrota a seguir para las generaciones futuras en Venezuela y toda Sudamérica, de manera que nuestro legado permanezca en el tiempo.
A manera de historia, resulta imprescindible que el mundo reconozca la estela de quienes somos las grandes pioneras navales venezolanas; por ello, en este espacio Voces narraré la travesía desde el proceso de admisión hasta completar las 30 singladuras de servicio de quienes así lo vivieron en el seno de la Armada. Para ello, recopilaré del libro Damas de Acero Naval, de mi autoría, algunas narraciones de la fascinante singladura de las primeras 54 cadetes de la otrora Escuela Naval de Venezuela, que ingresamos un 19 de agosto de 1979, así como de las doce primeras oficiales de la Armada que egresamos de la misma institución el 5 de julio de 1983, en un magno y castrense acto realizado en el patio de la Academia Militar de Venezuela.
A través de relatos, se exploran los desafíos y triunfos que enfrentamos desde el ingreso y estadía en nuestra alma mater, destacando la rigurosidad de la formación naval-militar y de estudios académicos. Allí se destacan actividades como las navegaciones, que no solo fueron pruebas de destreza marinera, sino también oportunidades para forjar lazos de camaradería y liderazgo con nuestros compañeros, detallando también las prácticas de infantería de marina, donde enfrentamos situaciones que pusieron a prueba su valor y determinación. Esta obra literaria no solo celebra la valentía manifiesta, sino que también rinde homenaje a la evolución de las primeras oficiales de comando de la Armada venezolana y suramericana, marcando un hito en la historia naval del país.
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