Derreflexión | ¿Son los hombres los verdaderos enemigos de la mujer?
“Los hombres poseen enormes cualidades que deben reprimir y temer para poder responder a una imagen obsoleta de la masculinidad”. Betty Friedan
En palabras de la antropóloga y activista feminista Rita Segato, “el feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos “naturales”. El enemigo es el orden patriarcal, que a veces está encarnado por mujeres”.
El feminismo es “la lucha por la igualdad entre varones y mujeres, en tanto que seres humanos”, de acuerdo con la filósofa Celia Amorós, para quien “Las mujeres no quieren lo identitario, sino lo genéricamente humano”.
Una definición de feminismo es importante para deducir si realmente los hombres son los verdaderos enemigos de la mujer en la lucha por alcanzar una igualdad en la sociedad. Para la experta en género Sara Berbel, el feminismo “es un movimiento de cambio social que pretende que hombres y mujeres estén equiparados en los mismos derechos, oportunidades y resultados”.
Hay quienes piensan que un hombre no puede ser feminista, pues lo consideran como el enemigo, pero es destacable que cada día surgen más movimientos de hombres que son feministas, pues los cambios que impulsan algunas mujeres también impacta en las vidas de ellos.
Algunos de estos movimientos integrados por hombres que son feministas trabajan para eliminar la violencia contra las mujeres, tales como MenEngage; también hay quienes promueven una Paternina proactiva, como el caso de MenCare; HerforShe aboga para que ocurran modificaciones estructurales que lleven a la igualdad de las mujeres, entre otros.
No es necesario formar parte de una ONG para ser feminista y trabajar por cambios que favorezcan a las mujeres. Al contrario, un buen inicio es el cambio en la conciencia o forma de concebir al sistema opresivo, el cual puede ser invisible y adoptar diversas formas.
Los sistemas de opresión afectan a todos, bien sea que se trate de hombre o mujer. Por ello, una deconstrucción de la noción de la masculinidad podría ser liberador, tanto para las mujeres como para los hombres, dado que ambos pueden reproducir conductas machistas.
La aspiración se debe orientar hacia la creación de un nuevo modelo en el que los hombres también sean liberados, partiendo del hecho que forman parte del mismo sistema que infravalora y subyuga a la mujer.
Comprendiendo al patriarcado como un concepto desde el cual la organización social está bajo el poder del hombre, quien debe ser jefe de familia, seguir usos, tradiciones, costumbres, hábitos, ideas y normas que muchas veces incluso colocan a hombre y mujer ante una situación vulnerable, es menester transformar las relaciones sociales imperantes.
El patriarcado también aplasta a los hombres
Algunas feministas consideran que el patriarcado es una estructura social que posiciona al sexo masculino como acreedor de privilegios y de autoridad, es decir, que se trata de un dominio que los hombres ejercen sobre las mujeres, no obstante, el patriarcado puede ser aplastante también para muchos hombres, pues, tal como afirma Michael Kaufman, “el proyecto del patriarcado no solo ha sido un proyecto de dominación del hombre sobre la mujer, sino de dominación de unos hombres sobre otros”.
Kaufman también señala el papel de muchos hombres que trabajan para acabar con la violencia contra la mujer, transformar la paternidad, introducir cambios en la salud sexual y reproductiva, entre otros, resaltando que los hombres hacen frente a una nueva realidad, en la que, a medida que se transforman las vidas de las mujeres a su alrededor –trabajo, comunidad y hogar-, ellos también sienten que esa transformación está cambiando sus vidas.
Por ello, destaca la necesidad de trabajar desde un enfoque positivo que motive el cambio, en el que no solo se debe hacer mención de los comportamientos que no agradan a las mujeres, como “no se debe golpear” o “debes practicar sexo seguro”, sino que se hable de los valores de los hombres, dándoles la oportunidad de reflexionar sobre su construcción de género, a manera de que no continúen perpetuando comportamientos que provienen de una definición de hombría.
La violencia simbólica: la mujer no es una salvadora
La mujer no es una salvadora, es decir, el cambio debe ser en la estructura social. Por tal motivo, Élisabeth Baditen rechaza que “hablen de la mujer como una persona con más aptitud a dedicarse a los demás, más empática ante el dolor o más generosa que un hombre”, porque “quienes creen que la mujer arreglará lo que el hombre ha hecho mal y creará una especie de nirvana femenino, se equivocan. Olvidan que nuestros comportamientos son muy parecidos”.
La violencia simbólica es reproducida y normalizada tanto por hombres como por mujeres, medios de comunicación y otros actores en la sociedad. Esta violencia puede ser aceptada por el grupo dominado, las mujeres, ya que ellas se encuentran inmersas en una sociedad que ha impuesto sus valores y la forma en la que todos se deben relacionar.
En ciertas ocasiones, algunas mujeres pueden llegar a cosificar a otras mujeres, reproducir chistes sexistas, denigrar, humillar y ridiculizar a otras mujeres, condenar su sexualidad, valorizar a las otras siguiendo estereotipos de belleza, menospreciar su capacidad intelectual, luchar por ser reconocidas social y legalmente como la esposa, entre otras expresiones de esta violencia simbólica que muchas mujeres ejercen, bien sea consciente o inconscientemente.
Desde la infancia, niños y niñas, observan películas o escuchan cuentos infantiles en los que la mujer debe competir para ser la más hermosa, la que conquista al “príncipe azul”, por lo que, se impone desde la niñez competir con otras mujeres.
Así, las mujeres van reproduciendo mensajes en los que desvalorizan a otras por el aspecto físico, la decisión de no ser madres, el ejercicio de la sexualidad, la forma en la que ejercen la maternidad, o por las condiciones económicas y sociales.
De este modo reproducen la violencia de género, mediante prácticas que son violentas para el mismo grupo.
Del lado de los hombres la situación no es menos compleja. Ellos se enfrentan a inseguridad a nivel personal, relacionadas con el hecho de cumplir con el rol de hombría que socialmente se les impone. Desde jóvenes, muchos sienten temor, rabia y aislamiento.
Según Kaufman, ello se debe porque las expectativas interiorizadas de la masculinidad son imposibles de alcanzar. Del hombre, socialmente se esperan logros financieros o académicos y el que sean capaces de suprimirsus emociones, lo cual requiere de un constante trabajo de autovigilancia. Michael Kaufman lo explica al sostener que: “Los hombres hacemos muchas cosas para tener el tipo de poder que asociamos con la masculinidad: tenemos que lograr un buen desempeño y conservar el control. Tenemos que vencer, estar encima de las cosas y dar las órdenes. Tenemos que mantener una coraza dura, proveer y lograr objetivos. Mientras tanto, aprendemos a eliminar nuestros sentimientos, a esconder nuestras emociones y a suprimir nuestras necesidades”.
Kaufman asevera que las formas en las que los hombres han construido su poder, a nivel social e individual son una fuente de temor, dolor y aislamiento para ellos mismos, afirmando que: “Si el poder se construye como una capacidad para dominar y controlar, si la capacidad de actuar en formas “poderosas" requiere de la construcción de una armadura personal y de una temerosa distancia respecto de otros, si el mundo mismo del poder y los privilegios nos aparta del mundo de la crianza infantil y el sustento emocional, entonces estamos creando hombres cuya propia experiencia del poder está plagada de problemas incapacitantes”.
De modo que, el patriarcado no solo representa un problema para la mujer, este sistema invisible es en realidad el verdadero enemigo, sino que también adopta formas que no dañinas para los hombres.
Por tanto, el objetivo debe apuntar a derribar las estructuras psíquicas de la masculinidad de las que habla Kaufman, las cuales son creadas desde la temprana edad, por medio de pautas de crianza que, a su modo de entender, se tipifican con la ausencia del padre o por la distancia emocional de los hombres.
Además, se propone involucrar a los hombres para trabajar en cooperación con las mujeres, en la creación de una nueva organización de género en la sociedad. Muchos hombres son conscientes de los daños que ha causado el sistema patriarcal, por lo que se han abocado a la búsqueda de una transformación en las relaciones de poder, pero es una tarea que debe implicar a todos el transformar el trato o correspondencia en la familia, la escuela, instituciones y la comunidad.
Bibliografía:
Kaufman, M. (1999). Las siete P’s de la violencia de los hombres. International Association for Studies of Men, 6(2), 6-9.
Remy, J. (2003). Entrevista a Elisabeth Badinter:" el hombre no es un enemigo a batir". Página abierta, (140), 29-32.
Segato, R. (2018). El feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos naturales. Entrevista para el medio El Desconcierto.
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