Caracas, 24 de julio 2026
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A un mes del doble terremoto Venezuela es ejemplo de ayuda y tenacidad

La buena vibra y la fe del pueblo de Bolívar, ofrece una esperanza para un mejor futuro

La ayuda mutua ha sido clave en la evolución de los campamentos transitorios. Foto: Bernardo Suárez.


23/07/26.- Aquella trágica tarde del miércoles 24 de junio del 2026, cambió la vida de muchas personas en Venezuela, especialmente en Caracas y el estado La Guaira.

Eran las 6:04 pm (18:04:33 hora local / 22:04:33 UTC) cuando un fuerte movimiento telúrico estremeció la tierra y a su vez la tranquilidad de las familias que habitaban en las localidades de siete estados del país. A partir de ahí comenzó a crecer el dolor, el miedo, la incertidumbre y el trauma.

La sensación de inseguridad se incrementó cuando muchos vieron cómo sus viviendas no pudieron resistir los dos potentes sismos que causaron los intensos choques que produjo el movimiento de las placas tectónicas, y cómo, en un abrir y cerrar de ojos, a consecuencia  de esa sacudida colapsaron varias edificaciones. De la misma forma, tan abrupta, cambió su cotidianidad.

Campamentos transitorios, un alivio entre tanta turbulencia

El pueblo afligido recibe asistencia permanente de las autoridades nacionales. Foto: Vladimir Méndez.


Los edificios se derrumbaron, y esa realidad llevó a los afectados a una situación de vulnerabilidad que los obligó a convivir con más profundidad junto a sus vecinos, en los llamados campamentos transitorios establecidos por el gobierno nacional bajo el liderazgo de la presidenta Delcy Rodríguez.

Los primeros días fueron de zozobra; entre los afectados era común palpar una sensación de que podría ocurrir algo similar a esos temblores de 7,2 y 7,5 reportados.

Pero no faltaron las muestras de solidaridad por parte de entes públicos, privados, organizaciones no gubernamentales (ONG), ni de personal voluntario independiente. Estos comenzaron a donar alimentos, ropas, colchones, carpas, etc.

Esos gestos trajeron tranquilidad en esta parte específica de la población. Tanto así, que modificaron la convivencia entre los vecinos, hasta el punto de sentirse en un espacio cómodo.

Esto ha traído una evolución en esa cotidianidad tras el doble terremoto. En distintos campamentos de Caracas, incluso en La Guaira, los afectados muestran una capacidad para adaptarse a las coyunturas difíciles y de cómo actuar en favor de sus familiares, para que no les falten las cosas esenciales que necesita todo ser humano.

Lo que resulta más llamativo es la esperanza y la buena vibra que otros han mostrado después de un mes de lo ocurrido, cuando un periodista o cualquier otra persona entra a esos campamentos. Al relatar sus testimonios, lo hacen con una carga emocional que da constancia de lo que vivieron y de la situación, que por cuestiones forzosas, tuvieron que hacer para garantizar su integridad física, propia, y de sus parientes.

La Guaira vuelve a escribir una triste historia de eventos naturales. Foto: Jesús Castillo.


Mientras que en La Guaira, si bien existen personas con esa vibra positiva a pesar de lo que experimentaron, contienen muchas historias sensibles para relatar, pero ven en cada desconocido que llega al campamento, por labor humanitaria o informativa, una oportunidad para desahogarse y recobrar esa energía que tenían hasta segundos antes del fenómeno natural.

Entre afectados, realizan reuniones donde se cuentan historias de vida; los niños juegan a los deportes más populares en Venezuela, como lo son el béisbol o el fútbol. También se ha visto cómo se ayudan entre afectados cuando alguno tiene dificultades para cocinar.

Cuestiones como estas las ha podido constatar el equipo de Ciudad CCS en los recientes recorridos efectuados por las parroquias caraqueñas, e incluso, en localidades de la entidad litoralense, como Caraballeda, Macuto y Tanaguarena.

Ante este fuerte impacto, los venezolanos han mostrado la capacidad de desenvolverse en situaciones negativas e inesperadas. Sin embargo, a algunas personas les quedó una sombra: La perspectiva psicológica de un posible nuevo temblor. “Creo que está temblando”, es la frase acostumbrada que suelen pronunciar, pero es una simple secuela psicológica de lo que vivieron; lo que ha salido a relucir es la capacidad de las personas humildes para acoplarse a cualquier situación.

FRENCK ESTEVES / CIUDAD CCS