Nuevo rumbo en Colombia: De la Espriella confronta el modelo de Petro
El nuevo mandatario promete mano dura contra el narcotráfico y grupos armados
08/08/26.- Ya tomó posesión el nuevo mandatario colombiano y uno de sus principales mensajes fue el cierre de la vía del diálogo y las negociaciones de paz. De la Espriella afirmó que “la opción del diálogo está agotada” y anunció que su gobierno identificará a organizaciones que serán consideradas “grupos narcoterroristas” para enfrentarlas mediante la fuerza pública.
El jefe de Estado planteó una estrategia que incluye el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, la erradicación de cultivos ilícitos mediante fumigación, la construcción de megacárceles y una mayor presencia estatal en los territorios.
El planteamiento supone un cambio frente a la política de “paz total” impulsada por el expresidente Gustavo Petro, que buscó negociaciones con distintos grupos armados. De la Espriella llega al poder con la promesa de desmontar ese enfoque y recuperar el control territorial mediante una estrategia de seguridad más dura.
El segundo componente de su discurso fue económico, anunció el congelamiento del gasto público y adelantó una reforma tributaria orientada, entre otras medidas, a eliminar el impuesto al patrimonio.
Su argumento es que la reducción del gasto estatal, el combate a la evasión y mejores condiciones para la inversión permitirán estimular la producción y el empleo.
El mensaje representa un giro hacia una política económica con mayor énfasis en el sector privado y en la reducción del tamaño del gasto público. El mandatario también prometió revisar la situación fiscal heredada y mantener programas sociales, pero bajo un esquema de mayor austeridad.
Petróleo y energía: regreso de los hidrocarburos al centro
De la Espriella también anunció una modificación en la política energética colombiana. Su Gobierno pretende recuperar el papel de Ecopetrol, impulsar la exploración y producción de hidrocarburos y desarrollar un “fracking responsable y sostenible”.
A esto agregará medidas para fortalecer la generación térmica, proteger los embalses y ampliar la matriz energética ante eventuales efectos del fenómeno El Niño.
Los hidrocarburos volverán a ocupar un lugar estratégico dentro de la política económica y energética colombiana, en contraste con el énfasis que tuvo el Gobierno de Petro en la transición energética y la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles.
Aunque su discurso estuvo marcado por la seguridad y la autoridad, De la Espriella también buscó enviar un mensaje institucional.
Prometió respetar la independencia de los poderes públicos, mantener una relación institucional con el Congreso y descartó promover una Asamblea Constituyente o buscar mecanismos para extender su permanencia en el poder.
Afirmó que cuatro años serán suficientes para desarrollar su programa y que entregará la Presidencia al finalizar el período constitucional.
Este punto adquiere relevancia porque su llegada al poder se produce después de una campaña fuertemente polarizada en un país dividido entre dos proyectos políticos antagónicos. Su desafío será convertir la promesa de autoridad en una política de Estado sin profundizar la confrontación institucional.
Otro de los anuncios estuvo relacionado con el combate a la corrupción. El nuevo Gobierno plantea utilizar inteligencia artificial, análisis de datos, trazabilidad digital y blockchain para detectar irregularidades en el manejo de los recursos públicos.
La propuesta apunta a trasladar parte de la lucha anticorrupción hacia mecanismos tecnológicos de vigilancia y seguimiento del gasto estatal.
¿Qué representa para Colombia?
El discurso de posesión deja ver un cambio importante de orientación política. Colombia pasa de un gobierno de izquierda, que colocó la negociación y el diálogo, la transición energética y la agenda social en el centro de su proyecto, a una administración de derecha que prioriza la seguridad, autoridad, inversión privada, austeridad fiscal y explotación de recursos energéticos.
El nuevo gobierno colombiano tendrá que demostrar que su estrategia militarizada consigue reducir la violencia y recuperar territorios donde operan grupos armados y organizaciones dedicadas al narcotráfico.
También deberá enfrentar a un Congreso en el que necesitará construir mayorías para convertir sus anuncios en leyes y reformas.
El cambio colombiano tiene una dimensión regional. Colombia es uno de los países políticamente más influyentes de América Latina y su giro hacia la derecha se produce en un momento en que otros gobiernos conservadores han ganado espacio en la región. La tendencia ha sido interpretada como un desplazamiento regional hacia propuestas centradas en seguridad, reducción del gasto público y una mayor cercanía con Estados Unidos.
El resultado de este giro dependerá ahora de la capacidad del nuevo Gobierno para transformar sus promesas de “orden, autoridad y libertad” en resultados concretos, sin que la búsqueda de seguridad termine profundizando la polarización política o generando nuevos conflictos institucionales.
ARIANNA HERNÁNDEZ/ CIUDAD CCS
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