Rongny Sotillo: "El arte salva y devuelve la esperanza"
El autor de Calavera reflexiona sobre la empatía y la resiliencia en la narrativa gráfica
20/08/26.- “La humanidad empezó a dibujar mucho antes que a escribir”, el historietista e integrante del Programa Amigos del Noveno Arte (PANA), Rongny Sotillo, compartió con Ciudad CCS su experiencia al frente del Plan de Lectura Bicentenario 2026 y del poder transformador que posee la narrativa gráfica en tiempos de crisis.
Su cuento: Calavera, ilustrado por Miguel A. Guerra, forma parte del primer kit de esta iniciativa cultural y educativa, la obra transcurre en el contexto de la victoria de la Batalla Naval de los Frailes (1816), y evoca un momento de vulnerabilidad: la atención y curación de un soldado herido, quien sostiene un diálogo cercano y humano con el Libertador Simón Bolívar.
El maestro Sotillo es un sobreviviente de la Tragedia de Vargas (1999), por lo que conoce de cerca el peso de la pérdida y la solidaridad venezolana, es por esto que su obra desmonta el mito inalcanzable de los próceres para mostrar un Bolívar solidario, empático, que apoya a su tropa y que cuida en momentos adversos.
El Bolívar humano y la historia cercana
Al preguntarle al maestro gráfico sobre la idea de retratar a un Bolívar médico más allá del estratega militar que se conoce, Sotillo explicó que desde sus inicios en la ficción histórica su enfoque estuvo centrado en mostrar que los próceres son humanos, lo que quiere decir que, a lo largo de sus vidas, mostraron distintas facetas, virtudes y defectos como cualquier otra persona.
“Hay un evento en el que el Libertador observa a los soldados en el llano saltar sobre sus caballos y como su espíritu competitivo siempre estuvo presente, Bolívar decidió saltar como los llaneros y por ser de baja estatura, cuando saltó en las dos primeras ocasiones, se dio de "trompazos" con el cuello del caballo, y al tercer intento, logró rebasar la cabeza del caballo y hacer el salto completo, la celebración de sus soldados hizo que olvidara las magulladuras de haberse golpeado”, cuenta Sotillo.
Para el historietista este tipo de anécdotas son las que lo hicieron acercarse desde niño a la figura del Libertador, “Uno capaz de ser el mejor estratega de su tiempo, pero a la vez un ser humano que nunca dejó de lado la pasión por la vida”, dijo.
Debido a esta pasión por presentar héroes cercanos, el comunicador visual cuenta cómo es un privilegio ver la forma como su libro trasciende la página para convertirse en un espacio de expresión y contención para toda la familia.
Puesto que para Sotillo,la vulnerabilidad no aleja a nadie de su identidad, por lo contrario, afianza esa necesidad humana de pertenecer a algo, considera que llevar este tipo de historias a las familias resguardadas en los campamentos representa “un acto de humildad muy grande”, capaz de ofrecer un refugio de calma, pertenencia y esperanza a través de la lectura.
El dibujo como lenguaje universal y de sanación
En una de las actividades realizadas al culminar las jornadas de lectura de Calavera, los niños y niñas toman crayones y hojas para ilustrar su mejor versión de un maletín médico de la época, llena de diversos implementos, medicinas y plantas, esto con el fin de reforzar su comprensión lectora y transforma la lectura en un espacio de desahogo motriz y psicológico.
Cuando se le preguntó al líder de PANA sobre qué tiene la historieta y el cuento ilustrado para alcanzar aquellos espacios donde en ocasiones la asistencia material o psicológica les cuesta llegar, resumió todo en una simple pero contundente frase: “¡Tiene dibujitos!".
En este sentido, explicó que la humanidad dibujó mucho antes de aprender a escribir, lo que convierte la narrativa gráfica en algo “inherentemente humano” capaz de romper cualquier barrera del idioma para transformarse en un lenguaje universal igual que la música.
“Somos una sociedad cada vez más iconográfica, (…) el cómic como expresión narrativa es un género válido con una cantidad de reglas de producción muy complejas, justamente para que pueda ser decodificado por cualquier lector esté o no alfabetizado, (…) en el dibujo o el simple garabato está presente la manifestación de nuestra mente profunda, y eso hace que, sin notarlo, logremos llegar sin tantas barreras a la interioridad de las personas”, profundiza
El arte como salvación
El haber sido testigo y sobreviviente de la Tragedia de Vargas en 1999, ya lo sensibiliza en cualquier entorno trágico. Sin embargo, Sotillo precisa que no porque haya sido víctima, sino por haber vivido en carne propia el amor y solidaridad del pueblo venezolano.
“Si logré levantarme fue por mi familia cercana y mi familia venezolana, esa familia de extraños anónimos que estuvieron ayudando para que pudiéramos salir de esa singularidad”, declaró, agregando que hoy en día reafirma esa lección en cada campamento transitorio a través del arte.
Por ello, ver a la gente sonreír al escuchar la historia y la dedicación que le ponen al colorear las páginas ilustradas por Miguel Guerra, es una experiencia que marca el alma: “Me ha enseñado que realmente el arte salva y eso te compromete a la hora de establecer la premisa de tu discurso, porque no tienes idea del poder que pueden tener tus palabras cuando le llegan a tantas personas en una situación tan particular”.
Preguntas desde la inocencia
Entre las múltiples vivencias atesoradas durante estas jornadas de mediación lectora en los campamentos, el escritor escogió con especial afecto un episodio vivido en la comunidad de Guaracarumbo, en Catia la Mar, donde la inocencia de uno de los niños lo tomó por sorpresa.
Sotillo cuenta que uno de los compañeros del equipo de prensa invitó a una niña a realizarle una entrevista como autor, y esperando una pregunta sencilla, le mostró el libro con confianza. La pequeña revisó las páginas con esmero y le preguntó: ¿Qué te motivó a escribir una historia de Bolívar rodeado de piratas? ¿Qué viste de especial en esa historia?
“Por supuesto que me quedé desarmado y tuve que responder desde mi niño interior. Antes de terminar de responder, había ya formada una fila de cuatro niñas más esperando para ejercer su rol de periodista y seguir cuestionando mis intereses como escritor”, rememora el autor.
Para el historietista, estos encuentros en el terreno revalidan el propósito de la narrativa gráfica como refugio y puente hacia la resiliencia en tiempos difíciles. “Si de algo me siento cada vez más orgulloso y esperanzado es de la inteligencia que demuestran nuestros niños y de su enorme capacidad de adaptación ante cualquier adversidad”, concluyó.
HÉCTOR RODRÍGUEZ / FOTOS: CORTESÍA / CIUDAD CCS
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