Letra fría | Como si fuera película
Por Humberto Márquez
04/09/2026.- El segundo capítulo de "La patria bohemia que nació derrotada. Semblanza de grupo de la República del Este", tesis de grado presentada por Lissy de Abreu Gallego y Aline Dos Reis Albuja en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), se titula "Amanecí de bala. Frustración Ludovico Silva".
Titularlo con el nombre del libro del poeta Valera Mora es obviamente referencial —o, mejor dicho, refiere a la épica poética del Chino— para describir la época agitada en que ocurrieron los hechos. Porque, a decir verdad, ¡ese libro es comecandela!
Como si fuera una película, el capítulo abre en una noche de 1969 en la UCV, en los predios del Instituto de Medicina Tropical: es Adriano en su carro, buscando a un amigo a quien hay que enconchar a la brevedad posible. El personaje termina siendo nuestro amigo común, el mismísimo Oswaldo Barreto —hermano de Adriano desde los tiempos de Valera y los pueblos aledaños de su infancia—, quien, con su grupo de salvación nacional, dirigido por el otro pana Baltazar Ojeda Negretti (alias Comandante Elías), había atracado el Royal Bank de Puerto La Cruz. La poeta Esdras Parra es quien suministra la concha.
Ese era el ambiente de la época: Douglas fajado en las montañas de occidente y otros grupos en oriente, la Renovación Universitaria a millón y estos payasos inventando una república imaginaria de curda permanente. Vaya esto con el perdón de mi hermano Caupolicán Ovalles, aunque él era tan lúcido que quién quita si aquello fue una jugada de distracción al enemigo y la excusa perfecta para caernos a palos (porque yo también bebí de esos caldos) e irnos ilesos en aquel acuartelamiento botiquinero, que ni tan seguro era, pues, como cuentan Lissy y Aline, al Tic-Tac y a El Gato Pescador los allanaron varias veces. Pero no metamos más la cuchareta y dejemos que las muchachas sigan con su historia, la cual han armado muy bien dentro de ese contexto histórico.
No estábamos tan lejos, porque más adelante en la tesis el propio Barreto concluye que, si bien la República no estuvo metida en la guerrilla, sí colaboraba con aventones, correos y cualquier otra ayuda. Con quien no fueron buenas las relaciones fue con el cineasta Enver Cordido, un detractor de la República. Él era raro: se metía en los grupos y después denigraba de ellos. Así ocurrió con su película Compañero Augusto (1976). Pero prefiero seguir con estas talentosas muchachas y su contextualización tras la caída de Pérez Jiménez: la exclusión de los comunistas, la lucha armada, la derrota de la izquierda (que explica el segundo ítem del titular: "Frustración") y el repliegue etílico en Sabana Grande, aunque tenían en su haber la victoria de Fidel Castro, que bastante peso tuvo en aquella correlación de fuerzas.
Estas talentosas muchachas echan mano de un libro de Alfredo Chacón, La izquierda cultural venezolana (1958-1968): ensayo y antología, que va develando los acontecimientos desde la perspectiva de los jóvenes que se fueron a la lucha armada y los intelectuales rebeldes que se lanzaron por la calle del medio. A todas estas, Acción Democrática no saldría lisa: los jóvenes Simón Sáez Mérida, Domingo Alberto Rangel, Américo Martín y Rómulo Henríquez se rebelan también y crean el MIR, que habría de hacer comparsa con el PCV en la guerrilla.
Las carajitas tesistas destacan la vinculación con el movimiento literario Sardio, así como con la revista Sol Cuello Cortado y El Techo de la Ballena. ¡Ah, y también con Tabla Redonda!, integrado por Jesús Sanoja Hernández, Arnaldo Acosta Bello, Rafael Cadenas, Manuel Caballero y Jesús Enrique Guédez.
Aun así, el fenómeno de la temporada fue El Techo de la Ballena, su primera exposición y todas sus locuras, donde estuvo siempre incluido mi hermano Daniel González y, bueno, mi pana Caupo, Adriano y todos ellos, amigos de siempre. Hasta que llegó el poema ¿Duerme usted, señor presidente?, que le costó la cárcel a Adriano por el prólogo y provocó la huida de su autor, Caupolicán, a Bogotá.
Sin embargo, hay un pelón de las muchachas cuando reseñan el tema de la guerrilla: en vez de Douglas Bravo, se les va "Douglas Bolívar". Pero bueno, eso se perdona: en sus últimos días, Douglas pareció más cercano a la sobrina de uno de sus soldados que a la revolución misma.
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