La Guaira vuelve a abrazar el dolor entre escombros y esperanza
El Litoral sintió de nuevo el rugido de la tierra con el doble terremoto de este miércoles
26/06/26.- La Guaira tiene una memoria de cicatrices hondas. Es un pueblo que sabe lo que significa que el paisaje te cambie en un abrir y cerrar de ojos, que conoce el sonido de la fatalidad. Todavía cargando a cuestas los fantasmas de aquel diciembre de 1999, este miércoles 24 de junio (día festivo que debía ser de tambores, playa y descanso) la tierra volvió a rugir con una furia inusitada. El doble sísmo de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió al país con apenas 39 segundos de diferencia, golpeó con saña el Litoral Central, transformando el salitre y la alegría costera en una densa y dolorosa nube de polvo gris.
Caminar por las calles de Catia La Mar, Caribe o Naiguatá es sentir un nudo opresivo en la garganta. Donde antes se escuchaba el murmullo de las olas y la salsa de esquina, hoy reina el chirrido de las palas mecánicas, los gritos desesperados de los equipos de rescate y el llanto silencioso de las familias que esperan un milagro frente a los bloques de cemento.
"Pensamos que era el fin del mundo. La tierra crujía como un monstruo", me decía con los ojos nublados Yilsmaris Blanco, una vecina de 39 años que milagrosamente logró salir a tiempo con sus hijos antes de que su techo se desplomara. No corrieron con la misma suerte Elia y José Lorenzo, qienes sentados en las aceras de Los Corales esperan por un milagro que salve a su sobrino de 15 años que quedó tapiado bajo los escombros en el edificio Solimar. "Esto es una tragedia muy horrible, no tenemos palabras", dijo llorando José.
Los Corales es una de las urbanizaciones que ha tenido más descarga de la naturaleza. Después de 27 años de la vaguada, la zona vuelve a ser marcada por la tragedia. "No hay manera, la naturaleza nos enfrenta. Queremos pensar que como nos levantamos aquella vez nos levantaremos esta, pero tenemos mucha tristeza en el corazón ", sostuvo la señora Arlenis Bravo, quien perdió su apartamento situado en el piso 5 de la residencia Luna Palace.
La fuerza destructiva del sismo no dio tregua a las viejas ni a las nuevas estructuras del estado. Las autoridades sanitarias y los organismos de Gestión de Riesgo trabajan a contrarreloj en un escenario verdaderamente desgarrador. Cuerpos de Protección Civil y Cuerpos de Bomberos de distintos estados del país no se dan abasto para atender tanntas situaciones. Mientras más de 100 equipos de maquinaria pesada remueven bloques en busca de las personas atrapadas entre los escombros, son los propios vecinos quienes, con tobos y las manos desnudas, ayudan a los rescatistas.
El funcionario de Protección Civil, Eduard Duarte, de la Región Estratégica de Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades (REDAN) Los Andes, explicó que su equipo arribó al estado La Guaira, específicamente al sector Caraballeda, casi a las 2: de la madrugada de este viernes, y desde entonces no han cesado en sus labores de búsqueda de sobreviviemtes en las residencias Los Palmares, de donde rescataron a cuatro personas en total, en las últimas horas, pero lamentablemente sólo sobrevivió una de ellas. "Sí, logramos sacar a cuatro pero en el camino se nos fueron. Ahora estamos tatando de rescatar a una mujr de 22 años, embarazada, que se encuentra allá abajo todavía", relató.
Funvisis ha reportado más de 138 réplicas en menos de 24 horas, manteniendo un estado de alerta perenne en la entidad, en Naiguatá y sus adyacencias. El Aeropuerto Internacional de Maiquetía, la puerta de entrada a nuestro país, exhibe la crudeza del sismo con sus salas nacionales e internacionales parcialmente destrozadas y sin fluido eléctrico, reflejando el aislamiento físico y emocional que vive la región. En general se siente la atmósfera pesada entre la incertidumbre y el miedo por las posibles réplicas y la llegada de más ayuda para los guaireños.
En medio del desplome físico, el espíritu comunitario no se quiebra y la solidaridad vuelve a estar presente como siempre entre los venezolanos. Las iglesias locales, posadas, centros deportivos y escuelas que quedaron en pie han abierto sus puertas como refugios improvisados. Las Hijas de la Caridad y los grupos de rescate voluntario se multiplican para repartir un poco de agua y consuelo a quienes lo perdieron todo. La Guaira vuelve a estar a prueba. La misma tierra marinera que una vez vio a la montaña devorarse al mar, hoy llora a sus muertos bajo el asfalto.
Pero si algo enseña la historia de esta costa es que sus hombres y mujeres están hechos de piedra y espuma.El pueblo oganizado y el voluntario civil activan plataformas en tiempo real para localizar familias y evaluar daños materiales. La reconstrucción será larga y dolorosa, pero el corazón de este pueblo jamás se quedará sepultado bajo los escombros.
SABINA DI MURO/FOTOGRAFÍA: AMÉRICO MORILLO/CIUDADCCS
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